A cinco horas de un médico | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-24 05:00:00

A cinco horas de un médico

Ya le hab√≠an mutilado algunos dedos de su pie y quebrado su hueso peron√©, que le colgaba maltrecho como un pedazo de carne oscura. Ya le hab√≠an dejado el muslo rojo al aire con quemaduras de tercer grado. Ya la hab√≠an jodido a los ocho a√Īos de edad, y hasta declarada difunta en lo alto de una pe√Īa del Sur de Bol√≠var, a cinco horas del m√©dico m√°s cercano.
A cinco horas de un médico

Pero ella, en lugar de morirse, se qued√≥ abrazada a todos sus huesitos, aferrada a las palabras de su t√≠o, de ¬ďTito¬Ē como de cari√Īo lo llama, quien le repet√≠a que a√ļn no se ir√≠a para el cielo lindo a ver a Dios.

Ella le creyó y soportó el dolor. Los médicos de San Pablo (Bolívar) le prestaron los primeros auxilios. Le lavaron las heridas y se las cubrieron en gasas, que al rato supuraron.

Cirujanos de Bucaramanga la metieron cuatro veces a un quirófano, le amputaron parte de su pierna derecha y le injertaron piel en las lesiones abiertas.  
 
Hasta que un d√≠a, el pasado jueves en la tarde para ser precisos, abri√≥ sus ojos de un espeso color caf√©, flotando en dos yemas tan blancas como su inocencia. Ten√≠a ojeras, propias de quien libr√≥ una batalla con la muerte. Sonri√≥ rozagante. Su cabello encrespado, ahora, amordazado por una balaca azul, la iluminaba sentada en una gris silla de ruedas en el s√©ptimo piso del Hospital Universitario de Santander. HUS, donde funciona el llamado ¬ďpabell√≥n de quemados¬Ē

Desvelado por la vida de su hija, Ra√ļl Alberto Trespalacios, un agricultor de 39 a√Īos, le acarici√≥ el rostro, la bes√≥ con una ternura que pareci√≥ un bonito exorcismo contra las magulladuras de la mina antipersonal, que conten√≠a metralla. Su objetivo no era matar, sino mutilar.

Ra√ļl pregunt√≥ por el m√©dico. El mi√©rcoles le dijeron que la herida de la pierna presentaba una infecci√≥n.

En este pabell√≥n perdura el blanco, que se observa en el uniforme de las enfermeras, los tendidos, el techo, el ba√Īo y las paredes. Todo parece tener ese tono lechoso amargo.

La ni√Īa lleva dos semanas en este, el √ļnico pabell√≥n de quemados del nororiente del pa√≠s, que en la actualidad alberga a seis ni√Īos m√°s con quemaduras producto de accidentes con l√≠quidos calientes o gasolina.

Ella es la √ļnica menor de edad afectada por una mina antipersonal en el HUS. Desde 1990, en el pa√≠s 6.727 personas han sido v√≠ctimas de estos artefactos explosivos.

No tengo la pierna

La hora de visita comienza a las 3:00 p.m. en el HUS. Ra√ļl Alberto le trae noticias de sus dos primos lesionados, que tambi√©n fueron v√≠ctimas de la mina antipersonal, pero que ya fueron dados de alta.
- ¬ŅC√≥mo va hija?
- Bien.
La ni√Īa se prende en un abrazo a su padre, su √ļnico familiar luego de que su mam√° hace dos a√Īos se fuera de la casa. La pregunta no es obvia. Ella experiment√≥ el s√≠ndrome del miembro fantasma, que es la percepci√≥n de sensaciones, por lo general incluyendo dolor en un miembro que ha sido amputado. Los pacientes con esta condici√≥n experimentan el miembro como si a√ļn estuviera unido a su cuerpo ya que el cerebro contin√ļa recibiendo mensajes de los nervios que originalmente llevaban los impulsos desde el √≥rgano perdido.
- Papi, yo no tengo pie, pero yo siento el pie. Siento que me hace como pumm.

Desde el filo de la monta√Īa

A las 2:00 de la tarde del pasado 19 de julio, Diocinel Quintero, ¬ďTito¬Ē, de 37 a√Īos y agricultor del corregimiento El Diamante, ubicado a seis horas de camino del casco urbano de Simit√≠, Sur de Bol√≠var, emprendi√≥ camino hasta la finca de su hermana Nelly.

Ella vive en la vereda La Pava, distante a tres horas de camino por un sendero de herradura. Lo acompa√Īaba su esposa y sus cuatro hijos menores de 15 a√Īos. Tambi√©n iban algunos vecinos y su sobrina de ocho a√Īos, hija de Ra√ļl Alberto. En total 15 personas emprendieron el viaje.

Esa noche en casa de Nelly, se realizar√≠a una ceremonia de la Iglesia Cristiana Casa de Dios. All√≠ pasar√≠an la noche. En la ma√Īana del domingo estaba programado otro culto. Luego vendr√≠a el almuerzo para emprender el regreso pasadas las 2:00 de la tarde. ¬†

Ese s√°bado en la tarde, unas cintas de color blanco en la vereda La Pava, inquietaron a Diocinel.

¬ďHab√≠a un letrero que dec√≠a campo minado. La zona estaba marcada con unas cintas blancas. Eso era nuevo para nosotros, porque en el corregimiento hay minas, pero uno no sabe d√≥nde est√°n¬Ē.

Seg√ļn el Observatorio de Minas Antipersonal, el 68 por ciento de los municipios del pa√≠s est√°n afectados por la presencia de minas y municiones sin estallar.

Ese domingo 20 de julio se inició con oraciones y una gran olla en el fogón. Después del almuerzo llegó el retorno a pie por el mismo camino transitado.
A dos horas y media, las 15 personas hicieron una pausa al llegar a una pe√Īa.

Delante de Diocinel caminaban dos adultos metidos en una conversaci√≥n. El agricultor estaba acompa√Īado de dos de sus hijos de 10 y 12 a√Īos. Su hija y el otro varoncito iban metros atr√°s, en compa√Ī√≠a de su sobrina. Al fondo caminaba el pastor de la iglesia, la mam√°, y unos vecinos.

Diocinel se detuvo para tomar un segundo aire. De pronto escuchó un estruendo. Piedras y polvo volaron. La mina antipersonal había estallado.

¬ďEl hijo varoncito me cay√≥ al lado. Estaba privado. Lo sacud√≠a y sacud√≠a. No respond√≠a. Le dec√≠a: h√°bleme hijo. Todo menguadito me habl√≥. Le dol√≠a el brazo. Su espalda estaba quemada¬Ē.

El agricultor abri√≥ los ojos con horror. Una mina antipersonal transform√≥ el paisaje del Sur de Bol√≠var en un campo de guerra. Ni√Īos tirados en el suelo quej√°ndose de sus heridas.

¬ďFui a buscar a mi hija de 15 a√Īos. Ten√≠a las piernas con esquirlas. La cara estaba quemada. Toda negra. No se le conoc√≠a el rostro y brotaba sangre. La acost√©, pero del dolor ella sali√≥ brincando desesperada. Le ped√≠ a un vecino que me la tuviera. Y me fui por mi sobrina¬Ē.

La peque√Īa fue expulsada unos 15 metros al abismo. Su cuerpo qued√≥ aprisionado en un ¬ďvoladero¬Ē (saliente de la monta√Īa) desde donde ped√≠a auxilio. Su ropa estaba quemada, apenas vest√≠a un calz√≥n.

Nadie se lanzaba a rescatarla. Sacudiéndose el espanto, Diocinel la rescató.

A√ļn aturdidos por la paliza que acababa de soportar, el hombre carg√≥ a su sobrina de 8 a√Īos y su hijo de 10 en sus brazos. Un vecino se hizo cargo de su hija de 15 a√Īos, que estaba ciega.

El rancho de sus suegros se levanta a unos 500 metros.

¬ďCuando llegu√© no era capaz de cargarlos. Baj√© lo m√°s r√°pido que pude. Ellos se quejaban y lloraban¬Ē.

Ya en la finca buscaron tres hamacas. Armaron unas improvisadas camillas de palos y sin tocar a los tres menores caminaron hasta la vereda Vallecito de San Pablo, Sur de Bolívar, donde había transporte.

Pasadas las 5:00 de la tarde salieron de la finca. La trocha que lleva hasta Vallecito se cubre en dos horas y media. Los ni√Īos, ba√Īados en sangre, segu√≠an quej√°ndose.

Diocinel les aseguraba que ya hab√≠a pasado lo dif√≠cil. Ellos le cre√≠an, pero era una verdad a medias. Si la mina antipersonal fue el infierno, la b√ļsqueda de un m√©dico no fue ning√ļn purgatorio.

¬ďMi sobrina me dijo: ¬ĎTito, d√≠game una cosa, ¬Ņyo me muero? Uno se siente muy mal. Yo le repet√≠a que no le pasar√≠a nada¬Ē.
A las 7:30 de la noche arribaron a Vallecito. No hab√≠a m√©dico. Fueron prestadas dos colchonetas. A las ni√Īas las acomodaron atr√°s de una camioneta y al ni√Īo en la cabina.

¬ďMe cobraron $250.000 por el viaje que a√ļn debo. Dos horas nos gastamos en carretera hasta llegar al Hospital de San Pablo¬Ē.
En este centro clínico pasaron la noche del lunes. Al día siguiente fueron remitidos a Bucaramanga, donde arribaron pasadas las 8:00 de la noche.
Firme ac√°

Ra√ļl Alberto, padre de la ni√Īa de ocho a√Īos con la herida en la pierna, y quien cuidaba una finca alejada del lugar de la explosi√≥n, lleg√≥ a Bucaramanga el 22 de julio a la Fundaci√≥n Cardiovascular de Colombia, donde la atendieron inicialmente. ¬†

¬ďEntr√© al hospital a la 1:00 de la tarde y el doctor me dijo que la pierna derecha de la ni√Īa no ten√≠a vida¬Ē.
El registro m√©dico advert√≠a necrosis de los tejidos, es decir, muerte total de la extremidad. Luego de firmar la autorizaci√≥n de la cirug√≠a de amputaci√≥n, Ra√ļl Alberto tuvo licencia para ver a su peque√Īa.

¬ďCasi me desmayo. No aguant√© verla¬Ē.
Tras la intervenci√≥n quir√ļrgica la menor fue trasladada al HUS para realizarle injertos de piel. Los otros dos ni√Īos ya fueron dados de alta, pero deben seguir en controles, especialmente la ni√Īa de 15 a√Īos, pues se le detect√≥ una esquirla en un ojo. ¬†
El m√©dico y cirujano pl√°stico Carlos Ram√≠rez, jefe de la Unidad de Quemados del HUS, asegur√≥ que la peque√Īa ¬ďevoluciona bien¬Ē y que la pr√≥xima semana ser√° intervenida nuevamente para injertar piel. ¬†¬† ¬†¬†¬† ¬†Los agricultores Ra√ļl Alberto y Diocinel, con nada m√°s que algo de ropa y mucho miedo, aseguran que no regresar√°n a sus ranchos.

Por ahora, todos los d√≠as en el s√©ptimo piso del HUS, la ni√Īa aprende de nuevo la geograf√≠a de su cuerpo. Su padre, Ra√ļl Alberto, con su paciencia estirada responde algunas preguntas.
¬ďYo estoy bien pap√°.¬† ¬ŅMe van a poner una piernecita para poder caminar?

El hombre le dice que s√≠. Ella sonr√≠e y lo calma. La peque√Īa, quien naufrag√≥ por segundos en la violencia del pa√≠s, se impulsa todos los d√≠as en su bonito tabl√≥n de cielos en el que se convirti√≥ su silla de ruedas. Ve caricaturas en televisi√≥n y se acuesta a dormir.
- Hija, y ¬Ņqu√© fue lo que pas√≥?

La ni√Īa le contest√≥ que en el filo, por intentar pasar a su prima, se sali√≥ del camino unos cuantos cent√≠metros, nada m√°s.
- Había una lata de sardinas a un lado y la pisé sin querer, papá.

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