Cuando la Navidad llega con las llaves de una casa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-20 05:00:00

Cuando la Navidad llega con las llaves de una casa

Jorge Castillo, un hombre de 63 a√Īos que vive de recoger chatarra por toda Bucaramanga, se desplaza diariamente en una vieja camioneta donde encarama lo que muchos le regalan y aveces tambi√©n lo que compra, para luego negociarlo.
Cuando la Navidad llega con las llaves de una casa

Con lo que gana intenta que su esposa y sus cuatro hijos coman dignamente, as√≠ vivan en un ¬Ďcambuche¬í que √©l mismo levant√≥ hace casi cinco a√Īos a punta de chatarra.

√Čl dice que su oficio es una mezcla de reciclador y chatarrero. Por eso, tal vez en su casa improvisada en el asentamiento Altos de Andinas, en Gir√≥n,¬† se unen en el reducido comedor, una mesa de madera con tres sillas, una nevera, un televisor que no se usa pero que hace parte de la decoraci√≥n, un √°rbol de Navidad, afiches de colores y un pesebre empotrado en una mesita de noche.

Por fuera, sobre el fuerte amarillo con que hace poco Jorge pint√≥ la entrada de su ¬Ďcambuche¬í luego de que la enorme rama de un √°rbol lo partiera en dos, hay un mo√Īo a√Īejo y arrugado que -se podr√≠a pensar- anuncia que la familia Castillo est√° de fiesta.

Pero es una fiesta a medias. ¬ďNavidad es Navidad as√≠ se viva con pobreza, pero a uno le toca hacer mucho esfuerzo para vivirla con alegr√≠a¬Ē, dice Jorge acomod√°ndose las gafas, mientras intenta seguir el villancico que cantan sus hijos.

Esta Navidad será la quinta en que Jorge y su familia tengan que acomodarse a lo que los buenos corazones les regalan durante las fiestas, después de que el invierno les pasara la cuenta de cobro la madrugada del 12 de febrero de 2005.

Jorge viv√≠a en la casa #37 de Altos de Andinas, frente al r√≠o de Oro, donde pagaba un arriendo de $60 mil. El d√≠a de la tragedia, el agua da√Ī√≥ por completo cada una de las cosas que all√≠ ten√≠a y que eran su √ļnica fortuna, y s√≥lo logr√≥ salvar una sanduchera.

Así que desde ese día, además de reciclador se convirtió en damnificado, y como la mayoría de las 2 mil familias que el río dejó sin nada, como pudo empezó a adecuar un lugar para vivir en el terreno que les cedió el municipio. Desde entonces, tener una casa se ha convertido en su principal deseo, que por estos días hace que se le revuelque el estómago.

Es que luego de cuatro largos a√Īos, esta semana a Jorge por fin le entregaron las llaves de su casa en la Ciudadela Nueva Gir√≥n. Y lo agradece aunque su ce√Īo luce fruncido. ¬ďResulta que el lugar es m√°s peque√Īo que el ¬Ďcambuche¬í donde vivo y la construcci√≥n presenta fallas. Ahora tenemos que desocupar¬Ē, dice.


Sin muebles y con pepitoria

El mismo d√≠a de la tragedia, Jorge empez√≥ a organizar lo que poco a poco se fue convirtiendo en un ¬Ďcambuche¬í. Con la carpa de su camioneta cubri√≥ a sus hijos y as√≠ permanecieron por varios meses mientras que palo a palo, teja a teja, fue d√°ndole forma a su vivienda.

Cuando llegó la Navidad de 2005 logró tener el cascarón, pero adentro, ese 24 de diciembre, sus hijos se acomodaron sobre troncos y junto a un árbol de Navidad que resplandecía en medio de tanto vacío, la familia rezó la Novena y comió pepitoria.

¬ďFue una Navidad triste porque ten√≠amos el ¬Ďcambuche¬í pero ning√ļn mueble para sentarnos. Acomodamos unos palitos y as√≠ cantamos la Novena. El arbolito, los arreglos y el pesebre los trajo un se√Īor entre una caja y desde entonces es lo primero que ponemos cuando llegan las fiestas¬Ē.

Esa primera Navidad despu√©s de la tragedia, como nunca hab√≠a sucedido en la familia Castillo, ninguno pudo estrenar la muda de ropa que por tradici√≥n todos se pon√≠an en Nochebuena para repetir ocho d√≠as despu√©s en el fin de a√Īo. ¬ďLas otras dos (navidades de 2006 y 2007)) no pudimos cambiar de zapatos¬Ē.

La Navidad, antes de la ola invernal de 2005, cuenta Jorge, la celebraban con pollo, gallina y a veces con un pedazo de cabro, pero esa primera Navidad despu√©s de la tragedia se comieron entre todos cinco kilos de pepitoria que alguien les regal√≥. ¬ďMi esposa prepar√≥ arroz y compartimos una botella de vino que me dieron donde peso la chatarra. Tambi√©n un paquete de galletas¬Ē.

Eso fue todo. Afuera, los dem√°s damnificados en sus ¬Ďcambuches¬í intentaban celebrar a su modo. Y lo siguen haciendo. Hoy en las calles de tierra que separan estas viviendas, son pocos los adornos navide√Īos. Lo que no falta son las tiras pl√°sticas de colores que con la luz del sol ofrecen un espect√°culo de fiesta que en Altos de Andinas disfrutan como pueden.

En 2006, la Navidad mejor√≥ s√≥lo un poco. ¬ďCon lo de la chatarra compramos el ¬Ďestreno¬í y alcanz√≥ para hacer una tortilla. Cada nueva Navidad nos hemos ido acomodando y al final, la gente se acuerda de los damnificados y por lo menos los ni√Īos prenden sus chispitas¬Ē, dice.

Adem√°s, cada nuevo a√Īo, aunque su deseo de tener una casa propia no se cumpl√≠a del todo, hac√≠an un balance de las luchas y victorias y encontraban, sentados en medio de la escasez, que la esperanza segu√≠a en pie.


La casa a medias

Para los Castillo, el deseo de tener una casa propia se hizo realidad cuando se enteraron que estaban dentro del grupo de beneficiados del proyecto de casa de interés social Ciudadela Nueva Girón.

Este a√Īo esperaban poder pasar la primera Navidad despu√©s de la tragedia en un techo propio y digno, pero las cosas se han complicado.

Esta semana, despu√©s de tanta espera, Jorge recibi√≥ las llaves de su casa que tiene 44m2. Para muchos puede ser el mejor regalo de Navidad porque no tuvo que pagar ni un solo peso, aunque conseguirla le cost√≥ casi cinco a√Īos de conflictos, amenazas de quienes dicen ser damnificados pero no lo son, ba√Īos comunales, duchas compartidas, hambre y mucha paciencia. Al verlo, a sus 63 a√Īos hay que sumarle canas y mucho cansancio.

¬ďAhora yo estoy peleando porque la casa est√° rota, la palanque√≥ el agua¬Ē, dice Jorge.

√Čl se siente agradecido porque casa es casa, pero dice estar en su derecho de reclamar que se la entreguen en buen estado. Muchos afirman que no puede quejarse porque al fin y al cabo era un arrendatario cuando sucedi√≥ la tragedia. Pero su esposa tiene una buena respuesta: ¬ďEs cierto, nosotros no ten√≠amos nada, pero esta casa nos la regal√≥ el Gobierno por ser damnificados¬Ē.

Por ahora, los Castillo pasar√°n la quinta Navidad en su ¬Ďcambuche¬í y esta vez tampoco habr√° ¬Ďestrene¬í porque no saben qu√© tengan que pagar para poder habitar dignamente su casa nueva.

Y es que los rumores no se han hecho esperar. Los m√°s vivos quieren sacar provecho de unos cuantos metros cuadrados.

En esta Navidad, a pesar de tener las llaves en el bolsillo, los Castillo dicen sentirse entre la espada y la pared porque deben desalojar el ¬Ďcambuche¬í para que el traslado a su casa se haga efectivo.

¬ďNos dicen que est√°n cobrando $500 mil por el contador del agua y lo mismo por el contador de gas. Y adem√°s, $300¬† mil por la boleta fiscal para la escritura de la casa¬Ē, dice.

Las cifras reales var√≠an un poco pero preocupan a cualquier damnificado beneficiario de este proyecto de vivienda, ya que deben pagar por las conexiones de todos los servicios p√ļblicos.

¬ďCada beneficiario deber√° pagar a la Electrificadora de Santander $220 mil; a Ruitoque ESP por costos del contador y accesorios para el servicio del agua, $440 mil; a la empresa de gas, $650 mil¬Ē, explic√≥ Pompilio Rodr√≠guez, asesor de vivienda de Gir√≥n, y agreg√≥ que las empresas est√°n dando financiaci√≥n hasta de 60 meses.

Con relaci√≥n a las escrituras, el funcionario afirm√≥ que ¬ďse les exonerar√° de pagar boleta fiscal y s√≥lo deber√°n cancelar a Instrumentos P√ļblicos $80 mil¬Ē.

Jorge se rasca la cabeza y parado al frente de una hilera de ¬Ďcambuches¬í vuelve y mide y confirma que el suyo es m√°s grande que su nueva casa.

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