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Navidad y familia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-24 05:00:00

Navidad y familia

“Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor” (Hamilton Wright). Reunirnos en la Navidad es recordar el amor como motor de nuestra vida. La llegada de Jesús es esperanza nueva para el mundo y para el ser humano certeza de una realidad más allá de las estrellas, desde donde el Padre nos ama y nos permite amar a través de nuestras vidas. “En éstas fechas la Navidad es la ternura del pasado, el valor del presente y la esperanza del futuro. Es el deseo más sincero de que cada taza se rebose con bendiciones ricas y eternas y de que cada camino nos lleve a la paz.”
Navidad y familia

Con C. Dickens: “honremos la Navidad en nuestro corazón y procuremos conservarla durante todo el año”, para así transformar una realidad que cada vez es más difícil y en la que el amor y el valor de la vida se ve diluir entre la violencia y la pérdida de valores. No podemos quedarnos en lamentos porque, como dice S. Exupery: “Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía.”

Esa estrella es el amor que vino a revelarnos el Niño de Belén, que nos permite hacer del mundo una realidad más humana y feliz. Y será el amor constructor de paz, cuando sintamos las necesidades de los demás como propias y compartamos con ellos lo que podemos alcanzar, empezando por los valores del espíritu. “Cuando el poder de nuestro amor sea más grande que nuestro amor al poder, el mundo tendrá la paz. “ (Anónimo).

La Navidad es feliz cuando nos hace recordar nuestra infancia, con sus muñecas de trapo y carros de madera; a los abuelos con sus mimos y esperanzas; a nuestras alegrías de la juventud y la valoración de la vida de nosotros y nuestros hijos, en ese hogar que luchamos por construir. “Sea rey o aldeano, quien encuentra la paz en su hogar es, de todos los hombres, el más feliz“, Goethe.

“No puede haber auténtica paz sin respeto de la vida, especialmente si es inocente e indefensa, como es la de los niños que todavía no han nacido“, Juan Pablo II. Y tampoco cuando la vida se destruye en nuestras ciudades, caminos y veredas, sin ningún respeto. “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”, (El Principito), del valor por la vida, de la libertad que nos permita ser personas, ”debemos hacer surgir, hasta con vehemencia un modo de convivir y de pensar que respete hasta las más hondas diferencias... la democracia es la sociedad en la cual no sólo es posible sino exigido ser persona”, dice Sábato. Y para ser persona es preciso el desarrollo y respeto de esa singularidad especial con la que el Creador nos hizo para cumplir nuestro destino en la tierra. ”Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que Dios ama“ (Lucas; 2).

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