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Un viaje con la Urbanidad de Carre√Īo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-27 05:00:00

Un viaje con la Urbanidad de Carre√Īo

Que el mundo es una porquería dice  el tango. Esa apreciación  la tienen los viejos sobre el mundo de los jóvenes.  Los viejos se quejan de la mala educación, es la causa de que el mundo marche mal. Puede ser cierto.
Un viaje con la Urbanidad de Carre√Īo

A mi generaci√≥n, como a las anteriores, y quiz√°s¬† desde el esplendor de los griegos, a los j√≥venes se les educ√≥ bajo estrictas reglas de conducta. C√≥mo comportarse con los dem√°s en privado y en p√ļblico, fue la preocupaci√≥n de la humanidad por siglos. El mundo de hoy es un inmenso conglomerado de chapuceros y patanes, lo dice mi generaci√≥n.¬† De la manera de comportarse¬† recuerdo un viaje. Una semana antes de emprenderlo¬† con mi pap√°, mi madre que era una persona formada en los rigores de la conducta social, me exigi√≥ repasar la urbanidad de Carre√Īo. El viaje era en compa√Ī√≠a de Don Cayetano Matat√≠as,¬† negociante de carb√≥n¬† que le vend√≠a una mina a mi pap√° en Duitama. Al subir al bus le dimos paso a don Cayetano como mandaba el Cap√≠tulo IV art√≠culo V de la Urbanidad de Carre√Īo. El se subi√≥ al bus nosotros despu√©s¬† y yo qued√© apretujado entre los dos. Llevaba √©l, un abrigo de pa√Īo¬† que no se quit√≥ ni en el abrasador calor de Pescadero.

Cre√≠ morir asfixiado, sin lugar a protestar ya que la urbanidad de Carre√Īo mandaba sacrificar la propia comodidad, mostr√°ndose afable, cort√©s y condescendiente con los dem√°s. De pronto el bus fren√≥ para recoger un hombre con un cabro. El animal,¬† negro, barbado, cach√≥n e inmensamente testiculado, el prototipo perfecto del demonio. Era¬† muy posible que viniera de las profundidades infernales. El olor a azufre invadi√≥ todo el espacio desplazando el perfume de las se√Īoras que viajaban. Hubo protestas contra los olorosos pasajeros. El cabrero ol√≠a tan mal como compa√Īero de aprisco, la falta de ba√Īo, sus alpargatas, y las curvas, contribuyeron a que m√°s adelante¬† hubiese un s√ļbito mareo colectivo, en donde devolvimos el desayuno.¬†¬† Las protestas fueron in√ļtiles, cada vez que las voces sub√≠an de tono el chofer tomaba amenazante¬† en su mano la manivela,¬† seguimos as√≠ hasta¬† Barbosa entre amagos de pelea, con cortas paradas para hacer pip√≠, esperando a que Don Cayetano Matat√≠as¬† orinara primero. Capitulo II Art V.¬† En Barbosa termin√≥ el¬† fatigante viaje.¬† All√≠ se tomaba el tren rumbo a las tierras fr√≠as de Boyac√°. Como don Cayetano no quiso¬† ni siquiera probar unas habas¬† nosotros tampoco comimos por educaci√≥n.

As√≠ llegamos a Duitama a punto de morir de inanici√≥n. Todo ol√≠a diferente. El aire fri√≥ tra√≠a un h√°lito a minerales lejanos.¬† En el Hotel fue el sumun de la cortes√≠a. En la habitaci√≥n, cada uno ofrec√≠a al otro la posibilidad de acostarse primero. Al fin Don Cayetano tom√≥ la iniciativa y comenz√≥ a desnudarse luego de apagar la luz. Pens√© se acostar√≠a con el abrigo de pa√Īo pero se desnud√≥ de espaldas dejando ver unas nalgas¬† flacas¬† y fosforescentes y el escroto¬† que le colgaba hasta las rodillas. Ya entre las s√°banas saco un rosario, dio comienzo a un trisagio que mi pap√°, acompa√Ī√≥ con respeto por temor a que se da√Īara el negocio. Despu√©s de dos horas de invocaciones a Santos y Arc√°ngeles, muerto de sue√Īo¬† interrump√≠ a Don Matatias y le ped√≠ la bendici√≥n como manda Carre√Īo en el Cap√≠tulo III. No respondi√≥ sino que dej√≥ escapar un eructo f√©tido como si hubiese trasmutado en el cabro del viaje.

 

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