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Bajo un techo estrellado | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-02 05:00:00

Bajo un techo estrellado

Durante las cinco noches, terminada la función, Dionisio engullía aplausos y el teatro hacía parte de una gran constelación. En otros espacios del mundo, todos los días, actores, directores, técnicos y público le rinden tributo a Dionisio, y un foco de luz en lo alto se ilumina. En esta ocasión, correspondió al Teatro UIS y a su público llevar a cabo el ritual, y las luces se iluminaron de nuevo bajo el techo estrellado a las siete de la noche entre el 14 y el 18 de diciembre.
Bajo un techo estrellado

Un equipo aproximado de treinta personas representaron un poco de sí mismos, de ustedes, de mí. Para divertirse, razón primera de la actuación. Técnicos de iluminación prepararon las extensiones, participaron en el diseño del escenario, desempolvaron las luces porque estas son una parte del carácter de una obra; a veces, incluso, son un personaje. Técnicos audiovisuales ensayaron las pistas, participaron en ensayos generales, prepararon a sus pupilos para evitar percances de último momento. Técnicos de escenografía realizaron el diseño del escenario donde se basaron los técnicos de iluminación para su trabajo, buscaron la telonería suficiente, arreglaron algún desperfecto del inmobiliario y pensaron dulcemente en el mañana, porque el mañana es para ellos su grupo, sus obras, el profesionalismo del espectáculo. Asimismo, utileros y vestuaristas dieron toques a los implementos y trajes destinados para las obras, para conseguir en ustedes una proximidad con la realidad más allá de la ficción. Por último, las mentes sensatas del equipo ejecutivo y administrativo buscaron todos los medios posibles para hacer del ritual una realidad: cinco funciones consecutivas en cinco días, una vez más en Bucaramanga. Y al lado nuestro, como un amigo y jefe también, Omar Álvarez. Toda la lucha para conjurar a Dionisio, para convocar al teatro en nosotros y en ustedes. Las cinco historias estuvieron en un tiempo pasado o presente, un posible futuro; cada obra y cada personaje tuvieron un poco de cada ser humano. Así se logra la magia de la actuación.

Bajo el techo de luces, el 14 de diciembre, Bucaramanga volvió al 7 y al 8 de septiembre de 1879, al tiempo de ‘La Culebra Pico de Oro’, de Clara Maritza Guerrero, el retrato de Bucaramanga en todas las caras donde puede verse una sociedad: en la economía, en la política, en la Iglesia, en la familia; en el cambio de relación de trabajo con la llegada de los extranjeros, cuando comerciantes, hacendados y terratenientes fortalecieron su poderío, los artesanos y campesinos pierden su independencia y se conviertieron en empleados del más fuerte. El segundo día, el 15 de diciembre, se presentó ‘Algo se pudre en la despensa’, una noche desafortunada para cuatro ladrones que buscan un botín distinto, pero están atrapados por el azar en la despensa de un famoso político corrupto, atrapado también, absurda coincidencia en esta comedia adaptada por Elvert Sotomonte. El 16 de diciembre, Dionisio recibió el ritual invocado desde el prólogo por once actores, para contar al público tres ‘Historias para ser contadas’, escritas por Osvaldo Dragún; tres absurdos tan comunes en el trabajador colombiano visto como mercancía y objeto. El 17 de diciembre, la iluminación del escenario, las tres bancas solitarias, la valla en el foro y un mendigo en la esquina fueron los indicios de una queja empapada de lágrimas. En Viejos hospitales, de Alejandro Finzi, tres mujeres representaron una estadística en la realidad colombiana: el presente y el pasado de un sistema en que la prioridad no es el bienestar sino el cumplimiento de un formato burocrático. Por último, una luz gorda y fofa subió hasta uno de los focos del cielo para dejar saciado a Dionisio. Los prototipos de vida, estética, sexualidad y género cambiaron, y ‘Gorditas’, de Gustavo Ott, es el espejo fiel de la crisis de la mujer contemporánea.

Cinco veces más Dionisio desde arriba nos ve en un teatro redondo llamado por algunos ‘La Gallera’, bautizado en honor de José Antonio Galán, otro lugar del mundo donde los aplausos suceden. Bebamos el teatro en nombre de Dionisio, dulce jugo esparcido sobre las tablas, una gran constelación de focos acompañando el espectáculo.

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