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El choque de dos generaciones | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 02:48:50

El choque de dos generaciones

Eugenia termina su jornada laboral a las 8:00 de la noche, toma un bus que la lleva de regreso a casa, donde espera encontrar tranquilidad para el descanso y aislarse de los problemas que tiene a diario en la empresa donde trabaja.
El choque de dos generaciones

Desafortunadamente las cosas no son como ella espera. Apenas pone un pie en su casa, se encuentra con otra jornada en la que debe enfrentar los conflictos que viven a diario sus padres con sus hijos.Su papá y su mamá ya pasaron los 70 años, mientras su hijo tiene 8 años y su hija 6.

Debido a las dificultades económicas, esta madre de familia aceptó la mano de sus progenitores, quienes le abrieron la posibilidad de vivir junto a ellos después del día que se separó de su pareja.

“Mis padres criaron a sus hijos y a casi a todos sus nietos, pero por su avanzada edad ya no tienen la paciencia ni la energía para atender a mis niños, que aún están muy pequeños. A mi papá y a mi mamá les gusta el silencio, solucionar crucigramas, ver noticieros e irse a dormir temprano. Esto ha chocado con mis hijos, quienes gritan y quieren jugar todo el tiempo”, dice Eugenia.

“No sé qué hacer”, dice constantemente esta mujer. A pesar de que sus padres nunca le han dicho que se vaya a vivir a otro lugar, ella sí considera que es lo mejor.

Frente a este pensamiento, la psicóloga Ana Juliana Becerra explica que ‘salir corriendo’ para evitar el problema no es la solución. Si bien la persona puede sentir que se ha quitado un peso de encima al irse de su casa, con el tiempo pueden generarse más conflictos porque se dejó un conflicto sin resolver.

“Lo mejor es que cada núcleo familiar conforme su propio techo, pero cuando por circunstancias particulares deben darse modelos de familias mixtas, todos deben verlo como una oportunidad que trae beneficios. Por ejemplo, en este caso los niños podrán aprender de los valores y de la experiencia de sus abuelos”, explica Ana Juliana.

La psicóloga agrega que los menores que tienen la oportunidad de vivir con sus abuelos comprenderán de cerca el significado de la muerte, pues los adultos mayores hablan constantemente de su día final y del de sus amigos. Esto le permitirá asimilar el ciclo vital del ser humano y enfrentar con menos traumas el día que uno de su familia muera.

Una prueba para todos

Son diferentes las circunstancias por las que puede darse la convivencia entre abuelos y nietos. A veces se da porque los padres abandonan a sus hijos, otras porque papá y mamá no tienen la solvencia económica para vivir independientes o, incluso, porque son los mismos abuelos los que no los dejan ser independientes.

Sin embargo, cualquiera que sea la razón, deben establecerse normas claras para que convivir sea una experiencia satisfactoria para todos.

Así lo reconoce María Adelaida García Barco, psicóloga especialista en violencia intrafamiliar, niñez y adolescencia.
Esta profesional asegura que la autoridad debe ser ejercida por los padres de los menores, pero si los adultos no pueden hacer presencia directa, los abuelos asumen la responsabilidad.

Eugenia ha dialogado muchas veces con sus padres, argumentándoles que a pesar de que son abuelos querendones, no deben prohibirles a sus nietos que griten, rían o jueguen, pues estos comportamientos son propios de su edad. Y aunque estos espacios de diálogo se propician con el fin de mejorar las cosas, el resultado es que los padres de Eugenia se sienten viejos e inservibles, al no contar con la tolerancia propia que requiere convivir con niños.

La psicóloga Ana Juliana señala que las relaciones de abuelos y nietos siempre han tenido dos extremos que no son adecuados. Los abuelos consentidores, permisivos y que desautorizan a los padres, y los que por enfermedad o falta de habituación a los comportamientos de un niño, no son tolerantes.

“Lo ideal es que convivan en un ambiente de tranquilidad, de apoyo y no de conflicto permanente. Si bien el choque generacional entre abuelos y nietos es inevitable por las edades de cada parte, todos deben funcionar como familia”, afirma Ana Juliana, para quien no es correcto excluir, ignorar o culpar al adulto mayor.

El primer paso, agrega esta profesional, es manejar las cosas entre adultos, con el fin de llegar a acuerdos de convivencia, pautas de crianza, horario de alimentación, permisos y normas generales. Después involucrar a los niños a esa decisión de los mayores. No es adecuado señalar a los pequeños como acusadores o acusados.

“Los abuelos y los niños necesitan de un espacio propio. También espacios comunes en los que estén juntos y aprendan a compartir sus gustos e intereses. Esto puede lograrse en un compartir en la mesa, en ver la televisión que a los dos les gusta, que el uno aprenda del otro”, replica la psicóloga Ana Juliana Becerra Santos.

¿Cuáles son las consecuencias de no saber manejar la presencia de abuelos y nietos en casa?
La psicóloga María Adelaida García Barco expresa que en los adultos mayores pueden presentarse problemas médicos, producidos por situaciones emocionales que no pueden controlar. Por su parte, en los menores pueden derivarse rebeldías y dificultades para cumplir y comprender normas.

De esta manera, dice María Adelaida, cuando llegan a la adolescencia a veces no logran definir las figuras de autoridad, lo cual se ve reflejado en su forma de relacionarse con los demás, en las faltas de respeto, no aprender a tener límites y que se presente un ambiente familiar invadido de caos e inestabilidad emocional.
“Las enseñanzas de los adultos mayores a los niños son invaluables”, concluye María Adelaida García Barco.

LA VOZ DEL EXPERTO
Efectos que llegan con los años
CARLOS GUILLERMO MAHECHA
Psicólogo y consultor en desarrollo humano

“La principal consecuencia que puede presentarse por los problemas de convivencia entre abuelos y nietos, es la ruptura de la relación de pareja, pues mientras uno de ellos defiende a sus padres el otro defiende a los niños. Así, entran los dos en posiciones diferentes que, si no se resuelven, crearán un ambiente de insatisfacción.

También es fundamental tener en cuenta que el mundo afectivo de los niños está relacionado con su autoestima y autovaloración. Por esto, los menores desarrollan estos sentimientos propios en la medida de que perciban de sus padres y demás figuras de autoridad un sentimiento de aprobación y valoración.

¿Qué pasa cuando los menores no tienen una buena convivencia con sus abuelos? Los niños siempre buscan sentirse queridos y valorados por los padres de sus padres, en quienes ven también una figura de autoridad. Pero cuando los adultos mayores no tienen disposición de lidiar con ellos, los niños pueden sentirse rechazados. Así, además de sentir lesionada su autoestima y mundo afectivo, con el paso de los años y en la vida adulta pueden ser personas con bajo amor propio, carencias afectivas y tendencias a ser dependientes de su pareja o de algún juego.

La primera sugerencia es que cada núcleo conforme un hogar propio. Sin embargo, en caso de que sea necesaria la convivencia de todos, es mejor que sean los abuelos los que lleguen a vivir a casa de sus hijos y no al contrario, pues de esta manera no serán figuras de autoridad.

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