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¬ĎMona¬í irresistible | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-03 05:00:00

¬ĎMona¬í irresistible

Esta es la historia de la Mona Lisa, la mujer que acompa√Ī√≥ a Da Vinci hasta su muerte y enamor√≥ al mundo.
¬ĎMona¬í irresistible

Nadie puede hacerle una visita íntima, pues está a 15 metros de sus visitantes, escoltada por una guardia que envidiaría cualquier político, en una urna de vidrio climatizado y a prueba de balas, pero no blindada contra los disparos de cientos de cámaras, para las que esta mujer siempre sonríe.

La Mona Lisa, La Monna Lisa, Madonna Elisa, La Joconde, La Gioconda. Lisa Gherardini alguna vez tuvo cejas y pesta√Īas. Fue pelirroja. Llev√≥ el pelo ensortijado como los √°ngeles de Leonardo Da Vinci, o en remolinos, como los que √©l mismo ve√≠a formarse en el agua.

Su piel, que con los a√Īos ha adquirido una palidez amarilla y oscura, fue blanqu√≠sima, hecha de bermell√≥n merc√ļrico, mezclado con plomo amarillo y blanco.

Pero lo que m√°s atrae son su mirada y su sonrisa, por las que cayeron rendidos muchos hombres como Francesco de Giocondo, Leonardo Da Vinci, Salai ¬ĎEl Diablillo¬í, el monarca franc√©s Francisco I y hasta Napole√≥n Bonaparte.

Hoy en d√≠a no pertenece a un solo hombre, es de todos ellos, y a√ļn de todas ellas, sin distingo de razas, edades ni credos, que llegan diariamente a visitarla de todas las naciones, a su casa actual, el Museo de Louvre, en Par√≠s.

La suya no es una historia coherente. Ni siquiera se puede saber con certeza quién es. Así lo considera un estudioso de Da Vinci en Colombia, Leonardo Venegas.

Sin embargo, hay indicios que llevan a creer que se llamaba Lisa Gherardini, una joven de la regi√≥n de Florencia de 16 a√Īos, que iba a casarse con un mercader de textiles y seda modestamente exitoso, Francesco de Giocondo. Y que fue precisamente √©l -en 1503- quien encomend√≥ a Da Vinci pintar a su futura esposa.

As√≠ lo revela una carta escrita por Antonio de Beatis, un can√≥nigo italiano, quien adem√°s de exaltar las obras de Da Vinci asegura que quien aparece en el cuadro es ¬ďLisa Gherardini, una mujer que se hab√≠a casado en Florencia hac√≠a algunos a√Īos¬Ē.

La otra pista es que, tras la muerte de Da Vinci, al hacerse un inventario ante notario de sus obras, se descubri√≥ detr√°s del cuadro un letrero que dec√≠a ¬ďLisa Giocondo¬Ē y √©ste √ļltimo nombre estaba tachado, y antepuesto a Lisa figuraba ¬ďMona¬Ē.

Ese es otro de los grandes misterios, pues ¬ďMona¬Ē ap√≥cope de Madonna, que significa ¬ďnuestra se√Īora, nuestra virgen¬Ē, era un t√©rmino que s√≥lo pod√≠an usar quienes ten√≠an mucha confianza con la mujer soltera.

Hasta el velo de gasa se ha prestado para pol√©micas. Hay estudiosos del cuadro que piensan que era influencia de la alta costura espa√Īola, mientras otros aseguran que dicha prenda era habitual en las embarazadas. Esa √ļltima hip√≥tesis se cae por su propio peso, pues la costumbre era hacer retratos de quien estaba pr√≥xima a casarse y no de las casadas.

Los enamorados

Pero el misterio mayor, a juicio de Leonardo Venegas, ¬ďes por qu√© Da Vinci tuvo a la Mona Lisa consigo por tanto tiempo, unos 15 a√Īos, retoc√°ndola constantemente, hasta el √ļltimo d√≠a de su vida. Y por qu√© siendo un retrato secular -no religioso-, pedido por encargo, nunca lo entreg√≥¬Ē.

A raíz de este hecho, muchas lenguas viperinas le han atribuido a Da Vinci un romance con Lisa. Algo que para Venegas no es más que un chisme, puesto que Leonardo revelaba en sus escritos una rara vocación: la vida ascética, cuyo principio es tener en paz las pasiones para favorecer la creatividad; sumándole a eso que se trataba de una mujer comprometida.

Pero a pesar de este veto, despertaba un inter√©s inusi-tado hasta en la monarqu√≠a. Ese fue el caso del rey Francisco I, quien deslumbrado por la genialidad de Leonardo Da Vinci lo invit√≥ -en 1516- a vivir en su castillo de Cloux, donde el monarca termin√≥ prendado precisamente de su amada Mona Lisa. Y le ofreci√≥ compr√°rselo, siempre obteniendo un ¬ďno lo he terminado¬Ē por respuesta.

Previendo las intenciones del monarca de adquirir su cuadro, tras su muerte, Da Vinci dej√≥ claro en su testamento que este preciado objeto ser√≠a para el mendigo que cri√≥ durante m√°s de 30 a√Īos y a quien apod√≥ Salai, ¬ĎEl Diablillo¬í.

Pero al morir Da Vinci, en 1519, el joven vendió la obra de su mentor al monarca por 4.000 ecus -moneda francesa-, lo que explica por qué está en manos francesas y no italianas.

Hasta entonces, s√≥lo los reyes ten√≠an el privilegio de verla. Durante 150 a√Īos, cuatro generaciones de la monarqu√≠a la tuvieron s√≥lo para ellas hasta que lleg√≥ la Revoluci√≥n Francesa y con la expropiaci√≥n de los bienes de los reyes La Gioconda pas√≥ a manos del pueblo, siendo exhibida en el que se convertir√≠a en el Museo de Louvre.

Luego fue el propio Napole√≥n Bonaparte quien la hizo suya a la fuerza, pero el pueblo volvi√≥ a recuperarla y ya en casa, afil√≥ su poder seductor atrapando al movimiento de simbolistas que la nombraron ¬ĎS√≠mbolo del misterio femenino¬í.

Este t√≠tulo la hizo famosa 300 a√Īos despu√©s de morir Leonardo, el mismo que una vez dijo, como refiri√©ndose a Lisa: ¬ďLa belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte¬Ē.

Se√Īales particulares

Muchas vicisitudes tuvo que pasar la Mona Lisa antes de ser la famosa dama que espera visita en el Museo de Louvre.

Su nombre no aparece en el Top diez de las obras m√°s caras de la historia, porque, al igual que otras obras de Da Vinci, actualmente es guardada con celo.

Antes fue libre, incluso para meterse en el cuarto de ba√Īo de Napole√≥n, a quien sol√≠a ver desnudo en la tina, desde la que le salpicaban gruesas gotas de agua. De esos tiempos le quedaron dos cicatrices, una cerca al ojo izquierdo y otra en el ment√≥n. A√ļn as√≠, la humedad afect√≥ poco el pigmento.

Y a pesar de que el secuestro no era propio de su √©poca, tambi√©n fue raptada. El 21 de agosto de 1911 desapareci√≥ del Louvre. La Polic√≠a la busc√≥ por todas partes y se sospech√≥ de todos, incluso se interrog√≥ a Picasso y al poeta Apollinaire. A los dos a√Īos la encontraron y se supo que un tal Vincenzo Peruggia, ex carpintero del Louvre, la hab√≠a sacado en su delantal de trabajo para hacerle un mandado a Eduardo de Valfierno, un argentino que contrat√≥ a un falsificador para que le hiciera seis copias de la obra, por las que obtuvieron una suma que hoy equivaldr√≠a a US$67 millones.

La original permaneci√≥ escondida en el falso fondo de un ba√ļl, sonriendo, hasta que en 1913, Peruggia trat√≥ de venderla a Alfredo Geri y las autoridades lo atraparon con las manos en la ¬ĎMona¬í.

A su regreso al Louvre fue tratada con honores de jefe de Estado. Su rostro había ocupado ya las primeras planas de todos los periódicos del planeta y por eso, quizás, cuando salió de gira a Estados Unidos y a Japón, multitudes hicieron fila para verla.

Lo que hasta hace poco se vino a saber fue que el ladrón italiano dejó en ella una diminuta mancha de pintura naranja.

El 30 de diciembre de 1956 sufri√≥ un nuevo atentado. Ugo Ungaza Villegas, un joven boliviano, le mand√≥ una pedrada, averiando una parte del codo izquierdo que tuvo que ser reparado. Desde entonces, la se√Īora no se expone al ojo p√ļblico sin llevar encima un vidrio antibalas.

Ese mismo a√Īo, un hombre ¬Ėal parecer aquejado¬† por un s√≠ndrome causado por una dosis excesiva de arte hermoso- intent√≥ verter, sin tino, √°cido sulf√ļrico sobre el lienzo, da√Īando ligeramente el borde inferior.

Dicen que ni de los nazis se salv√≥. Seg√ļn un informe del Departamento Brit√°nico de Acciones Especiales, tuvo que ser rescatada de las manos de Hitler. El Louvre no ha negado ni ha admitido esta versi√≥n.

LAS OTRAS ¬ĎMONAS¬í

Sin importar el n√ļmero de enigmas que se tejen alrededor de su rostro, la Mona Lisa ha interesado a todo tipo de p√ļblico, incluso a pintores de todos los tiempos. Salvador Dal√≠ le puso bigotes. El colombiano Fernando Botero la pint√≥ gorda. Andy Warhol hizo en los a√Īos 60 su versi√≥n pop, reproduci√©ndola a su estilo en una serie de 16 fotograf√≠as.

Marcel Duchamp dise√Ī√≥ una parodia de la Mona Lisa que inclu√≠a bigote, perilla y una inscripci√≥n morbosa.

Jim Henson montó sobre el rostro de Lisa la cara de Piggy, la cerdita de Plaza Sésamo, y la revista The New Yorker hizo su propia versión con Mónica Lewinsky.

Dicen que hasta el propio Da Vinci hizo una reproducci√≥n llamada ¬ĎIsleworth Mona Lisa¬í, propiedad de Hugh Blake, quien la exhibe privadamente en Londres, aunque su autenticidad es cuestionada.

También hay una reproducción libre de Rafael en el Louvre. Una copia anónima de La Gioconda se conserva en el Parlamento Italiano y otra en la colección Luchner, en Innsbruck, de la que se supone, podría ser la obra de Salai, el muchacho que crió Da Vinci.

LISTA

El ícono

* Pesaba 63 kilos y medía 1,68 metros. Eso sólo se supo hasta el 26 de septiembre de 2006, cuando, en medio de un Consejo de Investigaciones de Canadá, se revelaron los resultados de un estudio realizado a La Gioconda, luego de someterla a un escáner de infrarrojos en tres dimensiones.

* 500 a√Īos despu√©s se sabe, adem√°s, que Lisa Gherardine padec√≠a bruxismo, alopecia y principios de la enfermedad de Parkinson. Y no s√≥lo eso. Se conoce adem√°s c√≥mo suena la voz de La Gioconda. Un hallazgo del doctor Matsumi Suzuki, investigador japon√©s, que en su af√°n por reconstruir el cr√°neo de la musa de Da Vinci, gener√≥, mediante el c√°lculo, un registro, seg√ļn √©l, 90% fidedigno de su voz.

* Su enigm√°tica sonrisa tambi√©n fue objeto de estudios. Margaret Livingstone, experta en percepci√≥n visual, revel√≥ que la sonrisa es ¬ďuna ilusi√≥n que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las im√°genes¬Ē. A trav√©s de un software especializado en la ¬ďmedici√≥n de emociones¬Ē, que trabaja sobre la base de rasgos como la curvatura de los labios y las arrugas producidas alrededor de los ojos, se descubri√≥ que la Mona Lisa no es como la pintan: est√° 83% feliz, 9% disgustada, 6% temerosa y 2% enfadada.

 

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