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HAGASE OIR | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-11 05:00:00

HAGASE OIR

HAGASE OIR

cambio en los diseños o caos vehicular, le sugiero el nombramiento como Gerente del proyecto al sr Félix Francisco Rueda, a quien la ciudadanía de Bucaramanga recordará con gran cariño y agradecimiento por su gran tarea en Metrolínea. Es fundamental un funcionario de su talante al frente de ésta colosal obra, y que asume su responsabilidad sin culpar por los retrasos a los contratistas, al Banco Mundial, al sol, a la luna al frio o al calor.  así sr. alcalde, tendremos el placer de ver la inauguración del viaducto de la novena oportunamente, como se hizo con Metrolínea.

Dídimo Rivera Salgar

El ruido

En los últimos tiempos el ruido se ha vuelto insoportable. Las calles se han tornado imposibles. Una de las delicias que gozaba el hombre años atrás era el silencio, el derecho a cierta tranquilidad. Hoy esto se ha roto. El que quiera meditar, escribir, recogerse en sí mismo tiene que emigrar. ¿Hacia dónde? No lo sé porque hasta el campo, la selva, el desierto también están poblados de ruidos.

Bucaramanga es una ciudad que en los últimos tiempos se llenó de automóviles, de motos, de gentes de las más diversas condiciones. También, de edificios, restaurantes, negocios, cafés, etc. Este estirón urbanístico, demográfico, económico se robó la soledad que tanto necesitan los seres humanos para encontrarse a sí mismos, para poder meditar, contemplar sus paisajes interiores.

¿Cómo escribir una novela, un libro de versos, una obra de teatro con esta algarabía infernal? Con razón que en el año que acaba de expirar solamente se publicaron en Bucaramanga cinco libros. ¿Cómo reflexionar si no hay un momento de sosiego? Todo el mundo está detrás del otro hablando, gritando, silbando, cantando, y muchas veces estornudando y diciendo groserías.

¡Carajo! No más ruido, por favor. Todo el mundo a cerrar la boca, por lo menos una hora al día.

Guillermo Reyes Jurado.

Brillante idea

El señor Gerente de Metrolínea y sus asesores en un momento de iluminación, han propuesto que se establezca el pico y placa en las horas del medio día para que pueda funcionar sin trancones el nuevo sistema de transporte.

Pero se quedaron cortos con esta idea, pues si es mucho el afán de improvisar, han debido proponer que se suspenda todo el tráfico por la Diagonal Quince entre la Puerta del Sol y la Avenida Quebrada Seca para que pueda circular libremente el sistema Metrolínea sin trancones ni peligro para los usuarios, porque no han explicado cómo van a llegar los pasajeros a las estaciones a tomar los buses, cuando en ese trayecto solamente la estación la Rosita cuenta con el puente de acceso. Las restantes como La Isla, Chorreras (nombre feo), San Mateo y Quebrada Seca, son estaciones que solamente cuentan con la caseta en la mitad de la vía sin los correspondientes puentes para la seguridad de los pasajeros.

No se ha podido aprender a hacer las cosas bien, con responsabilidad y sin improvisaciones. Si ya nos aguantamos cuatro años de promesas incumplidas, qué importa esperar otros meses para terminar todo correctamente e iniciar el nuevo servicio permanente, sin traumatismos ni molestias para todos los ciudadanos, como se ha hecho en otras ciudades.

Aristóbulo Hernández.

Cayetana Amaya

Conocí a Cayetana en mi niñez, haciendo el bien en mi querido Guapote; con enterizo vestido, su gorra vieja de pelo, descalza y fumando o mascando tabaco se desplazaba rauda a donde era llamada a cumplir sus teguas funciones funerarias y de obstetricia. Efectivamente Cayetana atendía los partos de las mujeres pobres y arreglaba los muertos, de igual condición, para su entierro. Cuando murió Enrique, hombre de condición paupérrima quien vivía con su familia cerca al poblado, siendo yo niño, ahí me encontraba esa noche acompañándolos.

Llamada Cayetana llegó, baño el cadáver, le puso el vestido que según decían era con que el que se había casado, encendió la velas fúnebres y cuando se retiraba, después de un lacónico “hasta mañana”, le pregunté si no le daba miedo, a esas horas, desplazarse sola hasta su rancho, me respondió, “téngale miedo a los vivos” mientras su silueta se perdía entre los cafetos adyacentes y la oscuridad de la noche.

Vivía Cayetana en Chozas pajizas que ella construía, en sectores aledaños al poblado y sus principales ingresos provenían del lavado de ropas ajenas, labor que cumplía en la quebrada conocida como “El Vargas”, con lo que sostenía a sus hijos Bernarda y Aquilino, ya que era madre soltera.

Jamás recibió Cayetana, siendo tan pobre, subsidio o pensión alguna del Estado por su benéfica labor social, pero Dios la premió con su hijo Aquilino quien logró alguna solvencia económica y la llevó a vivir a una buena casa, en el poblado, y la atendió en sus necesidades básicas hasta su muerte, en avanzada edad, ocurrida hace unos quince años. Aquilino vive en Bogotá y Bernarda, anciana y enferma, espera la muerte en el ancianato de Guapotá.

Luis Martín Parra Carreño

 

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