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Bienvenidos al Cabo de la vela | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-12 05:00:00

Bienvenidos al Cabo de la vela

La fogata estaba lista frente al mar. Los turistas se reunieron alrededor del fuego y Mile apareci√≥, una joven way√ļu del clan Puchaina, cuyo s√≠mbolo en su cultura es la avispa. En el idioma Way√ļunaiki cant√≥ el Himno Nacional de Colombia.
Bienvenidos al Cabo de la vela

Finalizado su canto se dirigi√≥ a los asistentes en espa√Īol y los introdujo en su cultura. Ante tantas preguntas formuladas llegaron las respuestas sobre sus atuendos, las mantas que usan a diario, sobre su lengua conocida como el way√ļunaiki, sobre las tradiciones, las costumbres, la forma de enamorar, las comidas t√≠picas y la vida diaria de una way√ļu. La charla terminar√≠a con el baile propio de los way√ļu y la oraci√≥n del Padre Nuestro en su lengua nativa para darle gracias a Maleiwa (Dios).

Estábamos en el Cabo de la Vela, en una noche de Ranchería.


Entre el desierto y el mar

Entre el contraste majestuoso del desierto y la playa, cantidad de c√°ctus, rancher√≠as, mujeres con rostros pintados de negro, una lengua que muy pocos entienden y un recorrido de hora y media desde Uribia pisamos tierras √°ridas frente a un mar virgen y cristalino. Las brisas propias de la Guajira recibieron a los turistas que llegaban en camionetas a prueba de terrenos √°ridos. El objetivo del viaje era claro para todos: ¬ďdesconectarse de la civilizaci√≥n¬Ē.

Por eso no esperaban encontrar un hotel cinco estrellas sino una rancher√≠a way√ļu para dormir en chinchorros o hamacas frente a la playa viendo c√≥mo la luna iluminaba el lugar¬† y los cangrejos jugaban en la arena. Para los menos aventureros, camas dobles en habitaciones hac√≠a parte de la oferta.

Llegar al Cabo de la vela fue como detenerse en el tiempo, pues m√°s de uno olvid√≥ la hora e incluso la fecha que marcaba el calendario. Sab√≠an que era amanecer porque los primeros rayos del sol rosaban sus mejillas y los pescaderos volv√≠an en sus canoas con sus redes cargadas de pescado. Sab√≠an que era hora de almorzar porque el ambiente se impregnaba de olor a pargo rojo, mojarra e incluso langosta preparada por las way√ļu al ajillo o en salsa. La elecci√≥n era del comensal.

En horas de la tarde se disfrutaba de la tranquilidad propia del Cabo de la vela, pues a diferencia de otras playas, en esta no se escuchaban ni los vendedores ni la m√ļsica a todo volumen. En realidad era un plan para el verdadero descanso.

Y no había palabras para describir la noche porque el cielo hablaba por sí solo ante la infinidad de estrellas que iluminaban este lugar en el que sólo la luz de una planta eléctrica permanecía encendida hasta las 10 de la noche. El escenario no podía ser más mágico, porque acostarse en la arena y elevar la mirada al firmamento dejaba a más de uno con la boca abierta.

Pero el Cabo no terminaba ah√≠. Cerca de las playas se pod√≠a recorrer varias rancher√≠as, pasar por el cementerio Way√ļu y terminar el camino en ¬ĎKamaithci¬í o El Pil√≥n de az√ļcar, un lugar majestuoso por su paisaje y de gran importancia para la cultura way√ļu pues es considerado el lugar de descanso de los muertos que buscan la eternidad.

¬ďCuando fallece un way√ļu, su esp√≠ritu recorre el desierto hasta llegar a ese lugar. All√≠ se lanzan al mar en busca de la eternidad¬Ē, comenta Nelly, una de las way√ļu Puchaina.

Las historias no s√≥lo resultan fascinantes sino la maravillosa vista que le regala a los visitantes. Incluso existe la opci√≥n de llegar a El Pil√≥n de Az√ļcar por lancha, en un trayecto cercano a los 20 minutos. De hacerlo por agua se encontrar√° con el faro del Cabo de la vela, ¬ĎLos tres cerros¬í, ¬ĎEl ojo del agua¬í que es considerada playa nudista, antes de llegar a El Pil√≥n.


Desde El Pilón

El agua totalmente cristalina en contraste con la arena naranja de la playa fue el primer impacto visual que recibieron los turistas. El siguiente paso era escalar la cima de la Virgen y observar a una altura considerable el mar, el desierto, algunas salinas y el Parque Eólico (sistema que mediante astas genera una energía sana para el medio ambiente). Los que contaron con más suerte  y tuvieron  buenos pulmones para silbar pudieron ver uno que otro delfín en mar abierto y dejarse intimidar ante uno que otro tiburón.

Anayawatsa>ja’a

En espa√Īol significa ¬ďGracias¬Ē. Y usted no parar√° de decir esta palabra ante la atenci√≥n de las mujeres way√ļ que se han especializado en hospitalidad y turismo. Este ha sido uno de los proyectos que vienen impulsando desde la Presidencia de la Rep√ļblica.

Mile es una de las mujeres que recibió capacitación y decidió incluir su ranchería dentro de las Posadas de Colombia. Por eso no sale de una temporada para entrar a otra mediante la hospitalidad que brinda a la cantidad de turistas del país y de fuera de él en su ranchería.

Usted se sentir√° como en casa, pues lo despertar√°n con un delicioso caf√© en la ma√Īana. Tambi√©n podr√° encontrar desayunos tradicionales y encargar el pescado que quiera para el almuerzo y la comida.

En el Cabo de la vela no necesitará nada más. Mientras recorre la playa encontrará tiendas, almacenes con productos autóctonos e incluso comidas rápidas.

El hospedaje y la alimentaci√≥n son realmente econ√≥micos y estos √ļltimos con el mejor saz√≥n de las mujeres Way√ļ.


Cómo llegar

Usted puede viajar al Cabo de la vela desde Valledupar. Desde la capital del Cesar podr√° tomar un transporte que lo lleve durante tres horas hasta Uribia, atravesando el conocido sector ¬ĎCuatro v√≠as¬í. En Uribia podr√° tomar un transporte al Cabo de la Vela.

Puede solicitar un tour desde una agencia de viajes en Santa Marta o m√°s cerca, si lo prefiere, desde Riohacha, capital de la Guajira.

Podr√° encontrar pargo rojo o mojarra desde $7.000 y langosta desde $25.000

Dormir en hamaca o chinchorro le representar√° por noche entre $8.000 y $15.000. Si prefiere cama doble el precio es de $30.000

Si viaja en carro contar√° con la suerte de comprar gasolina a $3.000 la pimpina.

Sobre la cultura

Sobre el dote: Es posible que usted se pregunte si a√ļn se debe pagar un ¬Ďdote¬í por la mujer cuando un hombre la pretende, si es necesario llegar con unos cuantos chivitos o gallinas. Mile, la mujer way√ļ explic√≥ que ahora no es una obligaci√≥n sino un presente que hace el prometido a la familia de la novia.

Sobre el encierro en la adolescencia: Es cierto que la mujer way√ļ cuando se desarrolla debe vivir un encierro en el que aprende manualidades. La principal es tejer. Anteriormente las mujeres tej√≠an una hamaca durante largos meses y era entregado al hombre que decid√≠a sacarlas del encierro para casarse con ellas. Las cosas han cambiando yo y ahora ellas pueden elegir la pareja con la que quieren permanecer el resto de sus vidas.

Sobre la infidelidad: Una mujer que llega a serle infiel a su pareja debe irse del Cabo de la vela. A cambio su familia debe devolver el n√ļmero de chivos y gallinas que entreg√≥ el prometido antes de casarse.

Los way√ļ celebran el 31 de diciembre con un gran banquete y a la media noche corren hacia la playa para sumergirse en el ¬Ďpar√°a¬í o mar y dejar que el agua se lleve la sal del a√Īo que finaliza.

 

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