Una justificada preocupación | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-12 05:00:00

Una justificada preocupación

En un Estado de Derecho no tiene sentido la justicia por mano propia. Para administrarla, están contempladas las autoridades, que tienen a su cargo el trámite de los procesos en sus distintas etapas y la adopción de las decisiones correspondientes en materia de acusación y juzgamiento.
Una justificada preocupación

Lo que se espera cuando tiene lugar la perpetración de una conducta punible es que los jueces, de conformidad con las reglas procesales respectivas y los requisitos constitucionales, impartan la orden de medida de aseguramiento consistente en privación de la libertad, si hay lugar a ello, y que, si se configura la flagrancia, las autoridades de policía o, en su defecto, cualquier persona aprehendan al delincuente y lo pongan de inmediato a disposición del juez (artículos 28 y 32 C. Pol.). Vendrá después el proceso, con todas las garantías constitucionales, y al final la sentencia, que por regla general es apelable.

En ese orden de ideas, los ciudadanos no pueden utilizar, como en casos recientes, una v√≠a de hecho -el denominado ¬ďlinchamiento¬Ē- para golpear, o inclusive matar al incriminado, como ya ha acontecido. Entre otras cosas, por cuanto en Colombia no existe la pena de muerte, y √©sta no se puede aplicar, por graves que sean los delitos de los que se trata.

Buscando las causas o razones de esas actuaciones populares, en que la masa se mueve y produce unos hechos, sin que sea f√°cil identificar individualmente a los autores o promotores de la correspondiente acci√≥n, nos encontramos con la respuesta de muchos: ¬ďHay que obrar porque la justicia no funciona. A los delincuentes -guerrilleros, raponeros, asaltantes, violadores, sicarios- los capturan, pero los jueces y fiscales los dejan en libertad¬Ē.

Definitivamente, esa no es un justificación, pero sí sirve para que el Estado -que es responsable de la protección de los ciudadanos, del mantenimiento de la seguridad dentro del territorio, y de velar por la pacífica convivencia, así como de operar los mecanismos institucionales ordenados a la pronta y eficaz administración de justicia- se pregunte qué está pasando en los estrados; si se ha generalizado la impunidad; si está fallando el sistema acusatorio; si las normas se están aplicando de manera errónea; y cuáles son los motivos de las frecuentes equivocaciones judiciales.

Han causado justificada preocupación los casos en que se han dejado vencer los términos; o se ha otorgado la libertad de modo irregular; o en que la flagrancia no ha sido considerada, y puesto en libertad el ejecutor de graves hechos punibles.

Pero, cualquiera sea la causa -varias, o todas- entre las aludidas hip√≥tesis, se necesita un examen urgente de lo que est√° ocurriendo. ¬ŅQu√© le pasa a la administraci√≥n de justicia? ¬ŅLe pasa algo?

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