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Dios es vida | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-14 05:00:00

Dios es vida

Algunos se aferran a la ciencia y se enfrascan en tubos de ensayos, experimentos y demás pruebas de laboratorio.
Dios es vida

Otros creen en la ‘suerte’ y dejan la vida al azar, como si Dios jugara a los dados. Quienes piensan así, olvidan que en el único lugar en donde la palabra ‘fortuna’ llega antes que la palabra ‘trabajo’, es en el diccionario.

No falta el que se ‘casa’ con una fanática secta y se deja guiar por ‘x’ o ‘y’ pastor quien, al final, lo pone a pensar tanto en portarse bien en este mundo que nunca se resuelve a vivir su propia vida.

Sin embargo hay una creencia, tal vez la más difundida en todo el planeta y que, según cálculos de los propios científicos, está anidada en el 98% de los seres humanos.

Se trata de la creencia en Dios.

Y aunque no todos tienen realmente fe en Él, lo cierto del caso es que pensar en ese maravilloso Ser es sinónimo de vida.

¡No lo decimos sólo los seguidores de este tipo de páginas espirituales! También lo afirman los propios médicos, quienes después de revisar cientos de estudios descubrieron que el hecho de creer en Dios disminuye el número de muertes en el mundo.

Mejor dicho: pensar en Dios, aumenta la salud.

Y si usted es un escéptico del tema, a lo mejor el siguiente dato no le va a gustar, pese a que fue revelado por reconocidos científicos en una reciente convención.

En ella se dijo, por ejemplo, que el arte de orar al lado de la naturaleza hace que aumente la esperanza de sanación de un enfermo.

O sea que si el paciente le dedica unas palabras a Dios al lado de árboles colgantes, cerca de un río de aguas limpias o incluso al frente de un bello jardín, reduce los tumores de su enfermedad en un 25%; es decir, el equivalente a no fumar.

Ellos sí hicieron la siguiente advertencia:  orar no es ser fanático ni repetir frases ‘a la topa tolondra’. No es rezar por rezar, es entablar un diálogo directo con Dios.

Hacerlo resulta un buen ejercicio. De hecho, cuando sentimos el menor indicio de malestar, antes que pensar en ir al médico, rogamos al Señor para que no sea nada grave.

¡Dios mío, ayúdeme! decimos todos ante la inminencia de un peligro. Lo curioso es que, casi siempre, esa dolencia o ese  riesgo del que hablamos desaparece, casi de inmediato.

¡Dios es vida, Dios es fe!

Dicen los propios médicos que es tan poderosa la fe que, si fuera posible materializarla en una pócima, produciría verdaderos jarabes o antibióticos con poderes realmente extraordinarios.

Gracias a la fe en Dios hoy vemos grandes y pequeños milagros. Han ocurrido en todas las épocas; en cualquier parte del mundo;  a cualquier hora del día o de la noche; y en los distintos núcleos humanos, sin distinciones de raza, credo o estrato social.

El bienestar de un paciente en un centro asistencial es un componente fundamental de su salud; incluso se cree que un médico, antes que ser un profesional que receta medicamentos, debe ser alguien que asiste las necesidades espirituales del enfermo.

Hoy estamos enfermos, no tanto por los gérmenes y las bacterias que se han desarrollado en nuestros cuerpos, sino porque hemos olvidado las grandes bondades que nos traen la naturaleza y la fe.


LA NATURALEZA TIENE VIDA PROPIA

Decir que la naturaleza es vida justo cuando un terremoto acaba de devastar a una ciudad como la capital de Haití, podría sonar algo irónico.

Sin embargo, no podemos olvidar que la naturaleza tiene vida propia. Cuando el ser humano llegó a este planeta, los volcanes ya estaban aquí, el fuego de la tierra hacía miles de años que yacía en sus entrañas.

No somos dueños del mundo, ni de nada. Así que hay que aceptarlo: la naturaleza es reina y si ella lo decide, nos mostrará su poder cuando lo estime conveniente.

Podríamos reflexionar, eso sí, sobre cuánto daño le hemos hecho a ella. Tal vez la furia de la naturaleza sea un mensaje para que, de una vez por todas, aprendamos a respetarla y a cuidarla, porque al fin y al cabo es nuestro hogar y es a la vez nuestra madre.

Duele el drama humano de la muerte. Es más, debemos pedirle a Dios para que no nos toque tan de cerca.

Y si la tragedia nos golpea, no podremos olvidar jamás que el ser humano, a diferencia de muchas especies, tiene la capacidad de volverse a levantar, así la adversidad lo golpee 1 ó 1.000 mil veces.

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