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Mayordomo Fiel | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-16 05:00:00

Mayordomo Fiel

Todos tenemos estereotipos en la vida y sin querer queriendo clasificamos ciertas profesiones y personas dentro de un perfil definido. En mi caso, tengo un estereotipo de lo que constituye un mayordomo. Siempre he tenido la imagen de un mayordomo como aquel personaje fiel a su patrono, que actúa como si fuera dueño de lo que le encomiendan y rinde cuentas pormenorizadas de sus tareas y obligaciones. No necesita timbrar tarjeta y por lo general hace sus labores sin la necesidad de la vigilancia diaria del jefe ya que éste pasa largas temporadas fuera. Conoce al milímetro lo que sucede y defiende el honor de sus empleadores como si fuera el propio.
Mayordomo Fiel

Pensándolo bien, todos somos de cierta forma mayordomos. En el sentido amplio lo que creemos poseer tarde que temprano dejará de estar en nuestras manos o fuera de nuestro control. Nuestros hijos crecerán y se irán de casa; las empresas donde laboramos evolucionarán o se reestructurarán y los productos que venden cambiarán. Los gobiernos transcurren y lo que era prioritario dejará de serlo. Una tragedia natural -como la que se está viviendo tristemente hoy en Haití- puede modificar en un instante lo que se tardó toda una vida en construir. Basta mirarse al espejo para comprobar que ni siquiera somos dueños de lo que éramos hace años, cuando creíamos que todo lo habíamos conquistado.

Todos rendimos o rendiremos cuentas como el mayordomo. Esto también en un proceso inexorable. Para el político los votantes les exigirán cuentas, el ciudadano rinde cuentas al pagar impuestos o debe comportarse según un ordenamiento legal. Los duros números se encargarán en la empresa de recordarnos nuestra gestión. Los afectos: de amistad, de amor, de solidaridad, de fidelidad y la fe, son quizás los más exigentes en esto de rendir cuentas, porque trascienden lo tangible y se mueven por el corazón.

En lo que más se nos va la paloma como mayordomos es en esto del honor. Vemos que imperativos morales como la verdad, el servicio, la sabiduría, la justicia, la libertad y la compasión propios de los que defienden el honor ajeno por encima del propio, están cada vez más ausentes de los debates políticos, la vida empresarial, publica y cotidiana. Ahora que nuevas cifras de corrupción se han revelado y que se inicia el debate electoral, no caería mal vestirnos de mayordomos. No sólo vestirnos, serlo.

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