
El verse rodeado por tantos amigos, muchos de ellos con los que consiguió la gesta del título de la Copa Libertadores de 2004 con Once Caldas, sirvió para que el popular Fercho ratificara una vez más que le sobran ganas de vivir. Sin dejarse intimidar por tantas miradas apuntándole desde todas las direcciones y librando un duelo personal con esas cosquillas internas que dijo sentir al tener en pleno a la dirigencia del balompié colombiano en su residencia campestre de Caldas, Luis Fernando expresó un sincero Dios les pague a todos los amigos por hacerme sentir vivo de nuevo. Lúcido como siempre y animado por tantos mensajes de ánimo, Montoya aprovechó el trofeo de Mejor Técnico de América de 2004, entregado de manera personal por los emisarios del periódico El País de Uruguay (Jorge Savia y Ademar Vallés), para contagiar de valor a todos los visitantes. Este es el partido más difícil de mi vida, pero actos como este me llenan de confianza para decir que lo voy a ganar, fueron algunas de las pocas pero seguras palabras de Luis Fernando Montoya.