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¬ďLo de nosotros fue un milagro¬Ē | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-17 05:00:00

¬ďLo de nosotros fue un milagro¬Ē

Jorge Arenas y su esposa Claudia P√©rez sienten que acaban de despertar de una verdadera pesadilla. ¬ďLo de nosotros fue un milagro, no hay m√°s explicaci√≥n para ello¬Ē, aseguran a√ļn con la voz y las manos temblorosas.
¬ďLo de nosotros fue un milagro¬Ē

Ellos y sus hijos Laura, de 6 a√Īos y Camilo, de 8, fueron cuatro de los 10 colombianos que lograron regresar a Colombia luego del terrible terremoto que dej√≥ devastada y con miles de v√≠ctima a Hait√≠ el pasado martes.

Desde Bogot√°, la pareja oriunda de Bucaramanga, radicada hace m√°s de cuatro a√Īos en la isla caribe√Īa, s√≥lo da gracias a Dios, y no deja de pensar en sus amigos que dejaron en Hait√≠ y la suerte de miles de conocidos.

Ese d√≠a, recuerda Jorge, quien trabaja para la ONU, regresaba del trabajo a casa cuando la tierra comenz√≥ a temblar. ¬ďEra como si una turba tratara de levantar el carro, pero no hab√≠a nadie. En un instante la fuerza de la tierra fue tal que el auto se levant√≥ como si volara. All√≠ comenz√≥ a caer todo a mi alrededor; s√≥lo hab√≠a una nube de polvo recorriendo las calles y las casas y edificios derrumb√°ndose¬Ē.

A pocos kil√≥metros, Claudia no entend√≠a qu√© pasaba. ¬ďYo estaba visitando a una amiga a pocos metros de mi casa, mi hija me acompa√Īaba, pero ni ni√Īo estaba haciendo tareas. El sof√° donde est√°bamos s√≥lo se mov√≠a, con tal fuerza que no pod√≠amos pararnos.

Abrazaba con todas mis fuerzas a Laura. Sal√≠ corriendo a la casa a buscar a Camilo y el agua de la piscina se hab√≠a volcado en olas sobre las calles. Lo encontr√© saliendo de la casa de mano de la ni√Īera¬Ē. El peque√Īo, cuando comenz√≥ el terremoto, trat√≥ de refugiarse en su cama y poco despu√©s fue al encuentro del resto de la familia.

Ni√Īa, la mascota de los Arenas P√©rez, una perrita de cuatro a√Īos de edad, tambi√©n sal√≠a de la casa tratando de buscar a sus amos. Claudia recuerda que el animal, al que consideran parte de la familia, temblaba de miedo.

¬ďEst√°bamos en la mitad del parqueadero del conjunto, tratando de estar fuera del alcance de las casas, asustados, abrazados y el √ļnico lugar donde hab√≠a sol era all√≠, un peque√Īo c√≠rculo sobre nosotros. El resto era una enorme nube de polvo. No se ve√≠a nada alrededor¬Ē. All√≠ fue cuando se dio cuenta que parte de Puerto Pr√≠ncipe ya no exist√≠a.

Los ni√Īos comenzaron a preguntar por su padre. ¬ďYo estaba angustiada, pero s√≥lo pod√≠a, en ese momento tan dif√≠cil, aferrarme a Jorge; yo les dec√≠a que √©l estaba bien, que pronto vendr√≠a a reunirse con nosotros.

No pod√≠a pensar diferente¬Ē, asegura.

Hait√≠ siempre se prepara para los huracanes y las tormentas tropicales, pero jam√°s para un sismo. ¬ďMis hijos recib√≠an educaci√≥n sobre emergencias en caso de incendio, pero es que nadie se imagin√≥ jam√°s un terremoto en Hait√≠¬Ē, dice Claudia.

Sólo escombros

Los menos de 40 minutos que Jorge tarda en regresar a casa desde su trabajo se convirtieron ese d√≠a en m√°s de dos horas. ¬ďNo hab√≠a nada en pie, las calles estaban colapsadas por los escombros de las edificaciones.

Comenc√© a manejar tratando de llegar a casa; s√≥lo pensaba en mi familia; no hab√≠a comunicaci√≥n por tel√©fono, no hab√≠a radio, no hab√≠a noticias. La incertidumbre era mucha. Los escombros en las calles no me permit√≠an pasar, pero llegu√© cerca de casa gracias a la doble tracci√≥n del carro. Poco antes del conjunto donde viv√≠amos ya no hab√≠a nada de camino y me baj√© y anduve el resto a pie¬Ē.

Recuerda que llegó a su casa y lo primero que vio fue que el cerramiento externo de la casa no existía y los árboles impedían ver qué había pasado con el resto del vecindario. Pero su angustia cesó cuando vio a su familia junta, abrazada al lado de vecinos y amigos.

¬ďDespu√©s de ese momento s√≥lo quedaba esperar, analizar la situaci√≥n y tratar de cuidarnos los unos a los otros. La noche la pasamos all√≠, en medio de la calle; orando cada vez que hab√≠a una r√©plica ¬Ėhubo 15- comiendo lo que encontr√°bamos entre los restos y ayudando a quienes estaban con nosotros¬Ē.

A las 3:00 de la ma√Īana un convoy de la ONU comenz√≥ a limpiar las calles y ese fue el momento en que Jorge, Claudia y sus hijos decidieron salir.

¬ďTomamos lo que pudimos, subimos a los carros y comenzamos el camino para llegar a mi oficina, que por ser unos contenedores livianos, sab√≠amos que seguramente estaban en buen estado y quiz√°, desde all√≠ coordinar alg√ļn tipo de evacuaci√≥n¬Ē, recuerda Jorge.

El camino para Claudia fue eterno. ¬ďS√≥lo trataba de no mirar y dar fortaleza a mis hijos. Sab√≠a que alrededor todo era destrucci√≥n, pero mi estado era fundamental para los ni√Īos; fue un camino largo, tortuoso y con miles de preguntas en la cabeza¬Ē.

La llegada a la base estuvo llena de muchos momentos de angustia.

¬ďNosotros fuimos bendecidos y est√°bamos bien y juntos, pero muchos compa√Īeros no sab√≠an de sus familias, los lugares donde viv√≠an estaban derrumbados; hab√≠a heridos, angustia¬Ē, narra Jorge Arenas.

Jorge sal√≠a del lugar a ayudar a heridos, dar apoyo log√≠stico, coordinar labores y pudo ver la desolaci√≥n del pa√≠s del que se declara ¬ďenamorado¬Ē. Claudia se llenaba de fortaleza para ayudar a quienes llegaban y apoyar a sus peque√Īos hijos en los momentos m√°s dif√≠ciles de su vida.

¬ďFueron tres d√≠as de incertidumbre, pensando en qu√© hacer; sin comida, sin ba√Īos, sin comunicaci√≥n. En alg√ļn momentos pensamos en ir hacia la frontera con Rep√ļblica Dominicana, pero la ayuda y colaboraci√≥n de los Polic√≠as colombianos que est√°n en Hait√≠ fue la salvadora en momentos de desesperanza¬Ē, dice Claudia.

Su esposo sonr√≠e y asegura que ellos fueron, definitivamente, unos grandes h√©roes. ¬ďEstos oficiales y suboficiales nos cuidaron, dejaban de comer para que los colombianos que est√°bamos all√≠ lo hici√©ramos; curaron a los heridos y nos manten√≠an en contacto con la posibilidad de salir de Hait√≠ hac√≠a Colombia¬Ē.
Fueron ellos quienes les dieron la noticia de que tratar√≠an de sacarlos con destino hac√≠a Colombia. ¬ďSin radio, sin ninguna comunicaci√≥n con el resto del mundo, iban al aeropuerto y nos daban noticias de un posible vuelo colombiano¬Ē, dice Claudia.

La buena noticia lleg√≥ el viernes a las 3:00 de la ma√Īana. ¬ď¬ĎEl avi√≥n lleg√≥, ser√°n evacuados a Colombia¬í; esa noticia nos llen√≥ de enorme felicidad¬Ē, recuerda la pareja.

Fueron recibidos en el aeropuerto militar Catam sólo con lo que tenían puesto, pero en medio de alegría y esperanza.

¬ďEl trato fue el mejor que puede darnos un Gobierno. Nos acogieron con alegr√≠a, nos dieron sancocho y nos reunieron con nuestras familias. Un m√©dico nos examin√≥ y hasta un sic√≥logo nos brind√≥ asesor√≠a. Fue maravilloso llegar a nuestro pa√≠s¬Ē, asegura Jorge.

√Čl, aunque est√° en casa de su hermano, en Bogot√°, no ha dormido. Desde el computador est√° ¬Ďpegado¬í a¬† todo lo que sucede en Hait√≠. Claudia s√≠ ha tratado de descansar y comenzar a trabajar duro en la recuperaci√≥n emocional de la familia.

Ni√Īa, la mascota, tambi√©n vino con ellos y como si a√ļn estuviera asustada por todo lo que vivi√≥ all√°, no ha abandonado a la familia ni un instante y se refugia en los brazos de Claudia como quien busca calma y seguridad.

Los Arena Pérez  pronto regresarán a Bucaramanga, donde esperan abrazos y mucha calma. Pero Jorge, en dos o tres semanas deberá volver a Haití.

¬ďEn este momento mi presencia all√° s√≥lo estorbar√≠a. No soy m√©dico ni rescatista, soy abogado especialista en Medio Ambiente. Volver√© con ganas de trabajar en la recuperaci√≥n de la isla¬Ē, dice.

Claudia buscar√° refugio en Bucaramanga con sus hijos, y seguir√° dando gracias a Dios por estar al lado de quienes ama luego de que la naturaleza se ensa√Īara con la naci√≥n m√°s pobre de Am√©rica Latina.

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