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¿Qué hacemos con... mi tierra y su historia? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-18 05:00:00

¿Qué hacemos con... mi tierra y su historia?

Los Jesuítas no han cumplido con la tierra que bien les recibió, mucho les amó y les dio el primer obispo desde Núñez y Mosquera, en ella se aposentó e hizo milagros su gran Santo Pedro Claver, apóstol de los negros. Hubo un momento en que eran diez los sacerdotes y seis los hermanos legos, tenían una magnífica biblioteca y una muy grande imprenta. Con un excelente colegio y una magnífica universidad dedicada al estudio del petróleo, la comunidad quedaría a paz y salvo con Barrancabermeja. Ojalá me lean y se pronuncien los “hijos “ de Iñigo Lope de Recalde.
¿Qué hacemos con... mi tierra y su historia?

“Táranos, Puertanos, Porteños, Petroleros, Troqueros, Peludos, Come-Mangos, Barranqueros, Barranqueños, Barramejos”. ¿Cuál es el mejor gentilicio para los nacidos o residentes en la Universidad del Petróleo? “Barramejos”, no hay lugar a dudas. Tiene su héroe propio: Pipatón, de elevada estatura, mirada penetrante, valiente, malicioso, astuto e inteligente, que enredó y dio mucha guerra a los españoles, murió en Santa Fe. De la historia del petróleo se ha dicho mucho pero con verdad poco. Del ferrocarril Barrancabermeja-Bogotá ordenado por la Ley 13 de 1914, digna de conocer, nadie dice nada. Poquísimos conocen la magnífica historia de la ciudad: La de Don Simón F. Galvis, conservador de tuerca y tornillo, que mandó allí por más de cuarenta años; la de Don Juan de Dios Arias, Ingeniero de Minas y Literato ilustre, hermosa para leer; la de Don Vicente Giordanelli Carrasquilla, muy cierta y muy particular, se pueden citar otras obras. De las enormes, espectaculares y muy pacíficas huelgas petroleras de los años 1924 y 1927, acaudilladas por Don Raúl Eduardo Mahecha, líder del proletariado, muerto en Bogotá en 1948, nadie comenta nada. De los Machuca que llegaron a Barrancabermeja en 1808 con el Virrey Amar y Borbón y que acompañaron al hombre que enterró su tesoro en la Ciénaga de San Silvestre, Don Juan Sámano, hasta Mompóx en 1819 y cuyos descendientes permanecen en la ciudad, nadie dice nada. “Barranca, Barranca, te quiero por negra, te quiero por blanca”.

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