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Las favelas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-21 05:00:00

Las favelas

Durante la primera semana de enero, el diario El Espectador ofreció una descarnada crónica sobre las favelas en Río de Janeiro. El periodista americano que adelantó la investigación fue Jon Lee Anderson, del periódico “The New Yorker”.  La importancia de lo indagado fue enterarnos que ciudades cosmopolitas como ésta, cuna del turismo en Brasil, sede del famoso carnaval y de múltiples actividades lúdicas que se confunden en un mar de estrellas y lentejuelas para millonarios, arrastra un drama de inmensas proporciones que amenaza con asfixiar cada vez más la tranquilidad y el folclor de esa metrópolis.
Las favelas

El nombre de favela proviene de una maleza de rápido crecimiento. Así han surgido estos grupos cuyos antecedentes de miseria se remontan al año 1888, cuando se abolió la esclavitud en ese país.  La base social de este fenómeno son los cinturones de pobreza que proliferan en esa ciudad, ante la indiferencia de un Estado que no ha sido capaz de enfrentarlos. Quienes las habitan han delegado la solución de sus problemas en bandas de forajidos que controlan todos los vicios: alcohol, drogas, prostitución, tráfico de armas, etc. Los más peligrosos delincuentes lideran los grupos que controlan las favelas y a bala y sin contemplación, arreglan las controversias; quienes los vigilan terminan por lo general corrompidos por aquellos. Imaginémonos como lo insinúa el periodista, si de una población de 14 millones, donde tres millones están en las favelas, ¿qué ocurriría si se agruparan con alguna ideología para hacerle contrapeso a las instituciones? La conclusión sería muy sencilla: pueden estrangular al Estado.

Pues bien, nuestras capitales no están muy lejos de estas realidades; basta con recorrer sus suburbios externos para conocer de primera mano lo que para miles y miles de personas es el pan de cada día: el hambre y la desolación. Por ello resulta de interés que las autoridades a todos los niveles atiendan oportunamente a los grupos de desadaptados y desplazados que circundan las ciudades o deambulan por ellas, teniendo presente los criterios y directrices de antaño trazadas por distintas sentencias de la H. Corte Constitucional que se ha ocupado sobre este asunto con especial dedicación.  Cómo podemos exigirle a un individuo ser un hombre de bien, cuando durante gran parte de su vida ha estado en la pobreza. Como decía Cervantes: “...la pobreza atropella a la honra, y a unos lleva a la horca y a otros al hospital”.

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