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Los odios expresos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-22 05:00:00

Los odios expresos

Como quedó evidenciado hace 200 años, lo que pasa en Europa nos toca a las naciones del Nuevo Mundo de manera diversa, a veces por contraste. Nosotros vamos detrás, tarde y generalmente copiando mal.
Los odios expresos

Esta semana comienza el proceso judicial en Holanda contra el diputado en funciones Geert Wilders, líder populista de derecha, por sus manifestaciones públicas de prejuicio y odio en contra de los musulmanes.  Wilders incluso señaló que de llegar a ser primer ministro permitiría la inmigración a Holanda, sólo a quienes procedan de Europa Occidental. Él se ha defendido diciendo que sus ataques son contra Islam, no contra los islamistas. Varias cosas por ver: el populismo no es patrimonio exclusivo de la izquierda como aquí se cree; el ejercicio de funciones públicas, incluso las de representación popular, no exime de responsabilidades –por el contrario, impone mayor juicio al expresarse-; y en aras de la igualdad en el derecho a expresarse no puede incitarse a la desigualdad o a la discriminación por razones de raza o creencias o ideología. Es decir, ¿dónde están los límites para el derecho a la expresión?

Es muy conocida esta frase de Voltaire, que acuña ideales humanistas que inspiraron las revoluciones americana y francesa en el siglo XVIII: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por tu derecho a expresarlo”.  De ahí partimos. Más adelante el legendario juez Wendell Holmes Jr. sostuvo que la mayor prueba de la veracidad de una idea es que sea aceptada en la competencia libre, como en las leyes de mercado. No tanto; la ignorancia y el poder, muchas veces abortan el nacimiento de la verdad dentro de la libre expresión.

Pero una opinión no puede convertirse en agravios ni expresiones de odio. “Opinar” no tiene nada qué ver con “sentir” y aunque toda opinión está salpicada por el humano subjetivismo, hay que pulir las emociones primarias para hacer de ella una idea respetable y libre. Si algún tribunal supranacional tuviera jurisdicción sobre las constantes declaraciones públicas del presidente Chávez, encontraría en ellas incitaciones constantes al prejuicio nacionalista –rayanas en la xenofobia-, animadversión primitiva y emocional hacia Uribe, sectarismo nacional convertido en “política de Estado” y hasta prejuicios de clase que lo llevan a achacarle todos los males a lo que él llama la “burguesía colombiana”. Todo, cada vez más infundado.

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