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Diario de una prepago adolescente | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-24 05:00:00

Diario de una prepago adolescente

Vanguardia Liberal publica uno de los cap√≠tulos, donde Ale. G., una joven cartagenera que se inici√≥ a los 17 a√Īos en la prostituci√≥n y en poco tiempo se convirti√≥ en una cotizada prepago en Bogot√°, viaja a la isla de Saint Marteen en el Caribe, por tres meses, donde fracasa por completo.
Diario de una prepago adolescente

¬ďYo no entend√≠a en lo que me estaba metiendo. De repente me entr√≥ una angustia a mi pecho y ten√≠a muchas ganas de llorar. Ahora estaba como despertando de la pesadilla que hab√≠a vivido con la muerte de mis familiares, para meterme en una peor. En Aruba estaba siempre borracha y el tiempo hab√≠a pasado rapid√≠simo, pero al parecer las cosas ac√° ser√≠an a otro precio.

¬ďEsa noche, cuando llegu√© a la habitaci√≥n, hab√≠a dos mujeres all√≠, una parec√≠a china y la otra coste√Īa, igual que yo. La china era hermosa, delgada, de cabello liso, largo y negro. Era filipina y hab√≠a aprendido un poco de espa√Īol pero en realidad hablaba ingl√©s; la otra era de facciones √°speras; parec√≠a una palenquera pero ten√≠a una piel muy sana y bonita. No usaba maquillaje y como ten√≠a pocos senos, usaba un vestido corto, sin nada por debajo, que le llegaba al finalizar el trasero. La filipina usaba un short y una blusita bien escotada.

¬ďMis compa√Īeras de cuarto me explicaron que el dinero lo deb√≠a encaletar muy bien, que las maletas deb√≠an estar siempre armadas y metidas en el closet con seguro y que las camas deb√≠an estar siempre bien tendidas. Ellas, que ya ten√≠an una semana de haber llegado, me aconsejaban guerrearla mucho para que me pudiera llevar un buen dinero, porque as√≠ como hab√≠a chicas que en Saint Marteen se llevaban 30.000 d√≥lares al mes, hab√≠a otras que no hac√≠an ni lo del diario.

¬ďMe arregl√©¬† y dorm√≠ un rato mientras eran las 7:00p.m. para salir a la famosa reja*, aunque no sab√≠a c√≥mo se trabajaba all√°. Supon√≠a que era algo similar a lo que hac√≠a en Aruba, pero deb√≠a esperar a ver c√≥mo era la cosa. Me puse un vestido cortito rojo, que mostraba generosamente mis senos. Me ve√≠a muy sexy y ten√≠a el cabello suelto, maquillaje y unos tacones altos para parecer de m√°s edad.

¬ďCuando salimos las tres de la habitaci√≥n, vi que ven√≠a por el corredor una fila como de 60 mujeres absolutamente hermosas que se dirig√≠an a trabajar en la reja. En ese instante, mi autoestima qued√≥ por el piso. La mayor√≠a de ellas parec√≠an modelos de televisi√≥n y yo apenas llegaba a ser una extra. No sab√≠a c√≥mo me iba a defender entre tanta mujer bonita. La mayor√≠a de ellas parec√≠an barbies y eran exactamente las que se ganaban los 30.000 d√≥lares al mes.

¬ďBajamos todas a la famosa reja, en donde los carros paran si uno los llama, mejor dicho, es como imaginarse el barrio Santa Fe en Bogot√°, donde est√°n todas esas viejas que cobran a $10.000 (US$5.00) la acostadita. Al igual que en Colombia, estas 60 mujeres vend√≠an su cuerpo de la manera m√°s vulgar posible, mientras que yo no era capaz de mover un solo dedo.

¬ďYo estaba anonadada. No sab√≠a que esto era as√≠, estaba metida en un mundo distinto, en el que casi me da un paro cardiaco. Observaba c√≥mo unas se drogaban para poder trabajar y otras fumaban sin parar; algunas tomaban energizantes; estaban las que se sacaban los senos y los mostraban al que pasara y las que exhib√≠an sus genitales sin verg√ľenza alguna. Una, incluso, se mont√≥ en un carro y se lo chup√≥ a un tipo frente a todo el mundo, mientras el muy miserable le tiraba 20 d√≥lares en la cara.

Por otro lado estaban las más lindas, que no hacían mayor esfuerzo porque los hombres al verlas inmediatamente se las llevaban a la habitación.

¬ďYo, por mi lado, estaba muy t√≠mida y al ver que no era capaz de hacer lo que hac√≠an aquellas mujeres, sal√≠ corriendo a llorar a mi habitaci√≥n. No sab√≠a qu√© hacer. Inicialmente me sent√≠a muy mal porque la competencia era mucha y adem√°s este no era mi estilo de trabajo, o por lo menos estando en mis cabales, no lo era. Tendr√≠a que drogarme para poder hacer el trabajo, pero tampoco ten√≠a droga.

¬ďMe sacaron de la habitaci√≥n porque una de mis compa√Īeras ten√≠a un servicio. Me fui para el ba√Īo p√ļblico y comenc√© a llorar como una ni√Īa de cinco a√Īos. Estaba asustada y lo √ļnico que pasaba por mi cabeza eran mis malos recuerdos. En ese momento entr√≥ una chica que me pareci√≥ muy valiente, porque con esa gordura que llevaba encima, no pod√≠a entender c√≥mo consegu√≠a hombres frente a tanta mujer esbelta.

¬ďElla me pregunt√≥ qu√© me pasaba y yo le cont√© lo que sent√≠a. Al terminar mi relato, por un momento call√≥, pens√≥ y me dijo que la luchara, que por lo menos probara, que las cosas no eran f√°ciles, pero que hab√≠a que dar la batalla. A ella le faltaban dos semanas para irse y me dijo que si yo quer√≠a me ayudaba a conseguir clientes, que ella en dos meses y medio llevaba 8.000 d√≥lares, que para ella eso era muy bueno, pero que para hac√©rselos hab√≠a tenido que hacer cosas extras para que le dieran propinas.

Siempre aparecen √°ngeles que dan una mano

¬ďAh√≠ mismo comenz√≥ a entrenarme y me explic√≥ c√≥mo deb√≠a comportarme en la reja. Yo estaba muy tensa como para decir todas las porquer√≠as que ellas dec√≠an, adem√°s no me sal√≠an. Eso era lo que m√°s me limitaba. En toda esa noche me hice un solo cliente, mientras que las otras reci√©n llegadas se hac√≠an de seis para arriba.

¬ďMi historia en la reja no fue productiva. Siempre me iba demasiado mal. No sab√≠a c√≥mo ten√≠a que comportarme y de tres hombres no pasaba. Me estaba desesperando y si no fuera por esa gordita que conoc√≠, me hubiera regresado el mismo d√≠a.

¬ďLa coste√Īa que estaba conmigo en la habitaci√≥n, lloraba todas las noches igual que yo. No le sal√≠an clientes y las compa√Īeras, a las que les iba bien, le colaboraban para que pagara la pieza. El ambiente era muy pesado tanto en la reja como en el bar. Todo era oscuro, lleno de sexo. Esa fue de mis peores experiencias en este negocio.

¬ďAhora entiendo por qu√© Catalina siempre enfatizaba en que hacer domicilios era lo mejor, pues tanto lo de los ¬ďsube y baja¬Ē*, como las rejas, eran trabajos demasiado desgastantes, en los que definitivamente la mujer se denigra a un punto m√°ximo.

¬ďCuando tocaba el turno del bar era distinto. All√° la cuesti√≥n no era de fletear* as√≠ de fuerte como en la reja. Hab√≠a m√ļsica, hombres tomando en las mesas y uno se pod√≠a acercar. Cuando nos tocaba hacer el show, nosotros nos luc√≠amos con tal de que los hombres nos eligieran. Debo confesar que mi primer show fue fatal, me ca√≠, qued√© en rid√≠culo, me dej√© intimidar por las personas que estaban observ√°ndome y mi cara no pod√≠a ocultar mi tristeza.
En el bar, el volumen de mis clientes era mínimo, pues a lo mucho me acostaba con dos por noche.

¬ďAhora entend√≠a el t√©rmino de Catalina cuando dec√≠a que en unos sitios uno ¬Ďpegaba¬í y en otros no. Resulta que yo ac√° no estaba pegando, pero s√≠ ten√≠a que pagar la pieza y el almuerzo para tener algo en el est√≥mago. Definitivamente, estaba sintiendo que uno de mis grandes errores hab√≠a sido meterme en este viaje.
¬ďUn d√≠a estuve toda la tarde en el bar, bail√© y me dieron 20 d√≥lares de propina nada m√°s. Nadie se quiso acostar conmigo, pues yo ten√≠a una mala energ√≠a. Esos 20 d√≥lares los quer√≠a sumar al dinero que pensaba mandar a Colombia y esta vez lo que hice fue mandar todo el dinero a mi nombre para luego reclamarlo; el resto me lo llevar√≠a en el bolsillo.
¬ďLe ped√≠ al due√Īo que me dejara ir a la agencia a hacer el giro antes de que cerraran y mand√© los 2.000 d√≥lares que hab√≠a hecho en esas dos semanas.

¬ďEso era triste. Hab√≠a ni√Īas que en dos d√≠as casi hac√≠an los mil d√≥lares. Yo a√ļn segu√≠a sin pegar entre los clientes. La Gorda, como le dec√≠amos, siempre me daba √°nimo para seguir adelante y me aconsejaba que dejara la mala cara, cosa que nunca hice.

¬ďEsa noche yo confiaba que me iba a hacer por lo menos uno en la reja y nunca lo hice. Estuve all√≠ hasta las 4:00a.m. No alcanc√© a dormir nada y no ten√≠a c√≥mo pagar la pieza. Al d√≠a siguiente, a las 7:00 a.m. cuando pasaron lista para pagar, le ped√≠ al due√Īo que me diera tregua de pagarle despu√©s y acept√≥.

¬ďMe quer√≠a morir. No sab√≠a qu√© hacer. La idea no era utilizar el dinero que ya ten√≠a ni quedar debiendo. Adem√°s yo s√≥lo hab√≠a comprado el viaje de venida, porque el de regreso lo iba a pagar con lo que me ganara en la supuesta buena plaza que era Saint Marteen.

¬ďEra otro d√≠a m√°s de baile, otro d√≠a m√°s de fleteo y me toc√≥ acostarme con un tipo por 30 d√≥lares. La competencia estaba b√°rbara y no pod√≠a seguir luchando contra la corriente. Ese d√≠a no hice nada m√°s, ni en la reja ni en ning√ļn lado.

¬ďNo hab√≠a vuelto a ver a la coste√Īa. La filipina me explic√≥ en la reja, que ella simplemente habl√≥ con el due√Īo y se fue de regreso a Colombia; la filipina le regal√≥ para el pasaje, porque ning√ļn cliente se quiso acostar con ella. No hice ning√ļn comentario, pues yo me sent√≠a igual.

¬ďYa era el tercer d√≠a de mala racha y le estaba aplazando el pago al due√Īo del bar. Mi est√≥mago ped√≠a comida a gritos. Tampoco estaba comiendo porque no me alcanzaba el dinero y adem√°s no ten√≠a √°nimos de nada. Fue ah√≠ cuando me dije a m√≠ misma, ¬ďre√ļno lo del pasaje de regreso, me toque hacer lo que me toque hacer, pero me largo de ac√° como sea¬Ē.

¬ďEsa noche, en la reja me descar√© e hice lo que no me cre√≠a capaz. Con el dolor de mi alma me puse a venderme como una sucia vagabunda. Hac√≠a lo mismo que hac√≠an las dem√°s. Estaba afanada por conseguir al menos algo y fue as√≠ como me hice 5 clientes, pero a 30 d√≥lares el polvo. Eso era lo m√°s barato que pod√≠amos cobrar en nuestra reja.

¬ď¬ÖFinalmente¬† reun√≠ la plata del viaje m√°s mil quinientos d√≥lares. Para conseguirlos tuve que salir desnuda y decir las peores vulgaridades, el lenguaje que esos hombres que se la pasan en el mar, en los barcos de carga, y pasajeros, entienden. (¬Ö) En pocas palabras, me volv√≠ una porquer√≠a porque necesitaba salir del infierno f√≠sico e interior que estaba viviendo. Pero fue as√≠ como al fin pude regresar a Colombia¬Ē.

Glosario

¬ēSube y baja: El t√©rmino se usa en las discotecas en las que hay cuartos donde las prostitutas ofrecen sus servicios, por lo que toda la noche bajan con un hombre y despu√©s suben con otro.

¬ēLa reja: Lugar fuera del bar, en plena calle, donde las prostitutas se ofrecen a los clientes.

¬ēFletear: Conseguir clientes.

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