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El hambre no es criterio | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-25 05:00:00

El hambre no es criterio

Dijo un médico, de esos que todo lo saben, que a un niño hay que darle lo que pida para comer, así sea sancocho de tienda, para que no se quede sin comer. Los médicos saben muchas cosas, pero no todo es ve en esa carrera; y para un caso como este, que tiene que ver con la nutrición de los niños, mejor preguntarle a una nutricionista, que, aunque se haga llamar “doctora”, sabe más del tema que cualquier médico. Ella recomienda dejar al chino sin comer hasta que el hambre lo haga recibir de lo que sea, hasta “poteca” de ahuyama, tan buena para la salud y las piernas, pero tan abominable para los niños “globalizados”, que no comen sino hamburguesas callejeras y porquerías de esas.
El hambre no es criterio

Hablando de criterios, ahora que se vienen las elecciones nuevamente, ¿cuáles son los criterios de los colombianos para asistir a las urnas? Parece que son muy pocos electores los que conocen el programa de gobierno que plantean los candidatos, porque nunca los leen o porque nunca los leerán; o, lo que es peor, porque no saben leer. El criterio que prima en los electores colombianos es el hambre, situación que fácilmente resuelven los candidatos el día de las elecciones con un plato de comida o una pequeña canasta de mercado, o con veinte o cuarenta mil pesos, y el votante queda feliz porque tuvo algo para vender ese día y resolvió su almuerzo.

Cómo puede haber criterio popular distinto del hambre para elegir a un candidato que se gasta en su campaña más de lo que percibirá si es elegido. Cuál puede ser el criterio de un personero que, para ser nombrado, paga a los concejales el equivalente a un año y medio de su sueldo. ¿Qué harán los candidatos una vez elegidos sino robar? Ese principio de los políticos se conoce entre los electores, el robo descarado, pero ante eso lo único que espera el elector es una camiseta y calmar el hambre del día, a sabiendas de que el político se sube a robar; y pueda ser que si el candidato gana reparta algo de su botín, como limosna y como compra para votos posteriores.

Cuando los gobernadores y los alcaldes eran nombrados por designación, no había voto popular, pero había algo más de criterios, algunas veces acertados, algunas veces no tanto. Hoy los cargos están ocupados por elegidos de un pueblo que escasamente lee las vallas donde aparecen los candidatos muertos de risa, mientras esconden los delitos que nunca pagarán.

 

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