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Empezaron a empapelar | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-29 05:00:00

Empezaron a empapelar

Un buen ciudadano es aquel que cumple con las normas establecidas por la sociedad, acatando no solo las leyes sino también aquellos reglamentos que de una u otra manera buscan determinar las conductas de quienes conviven en un mismo territorio.
Empezaron a empapelar

Además, si ese ciudadano resuelve intentar que mediante el voto popular lo elijan en un Corporación Pública, lo menos que debe demostrar es que tiene la capacidad de comportarse socialmente respetando el derecho que tienen los demás personas de no ser atropellados por las conductas antisociales.

Decimos lo anterior porque ya se empezó a ver cómo los aspirantes al Senado y Cámara, han comenzado a hacer sus respectivas campañas políticas empapelando toda la ciudad de manera no solo visualmente desagradable, sino además violando las prohibiciones que al respecto ha definido cada municipio.

Lo ideal sería que las autoridades competentes se apersonaran del problema y procedieran como está establecido; pero como el común denominador es que éstas se hagan las de la vista gorda, especialmente cuando de campañas políticas se trata, debemos ser nosotros quienes sancionemos estas conductas, simplemente absteniéndonos de votar por aquellos que  atropellan a los ciudadanos de esta manera anticívica.

La pregunta que nos hacemos es: ¿será que quienes demuestran tan poco sentido cívico, tienen la capacidad de respetar las leyes como debe ser, o será que así como incumplen elementales reglamentos tienen su espíritu dispuesto a violarlas especialmente cuando ello les reporte una ventaja personal?

Siempre hemos creído que quien no respeta las normas sencillas de convivencia tiene la capacidad suficiente para irrespetar la ley y ello significa que si premiamos a estos vándalos eligiéndolos, estamos contribuyendo a la corrupción política de la que tanto nos hemos quejado durante toda la vida.

Miremos bien quiénes son los que para hacerse elegir son capaces de venderle el alma al diablo, pues ellos sólo buscan llegar al Congreso para disfrutar de un poder que los enriquece, cosa que vemos a diario en este país que se merece su suerte por la apatía generalizada que nos agobia y que nos impide renovarlo como es la aspiración de los decentes.

 

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