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Pintura surrealista, poesía tropical | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-01-30 05:00:00

Pintura surrealista, poesía tropical

José Manuel Pacheco Blanco se acunó en el frío de las montañas circundantes a la Ciudad Estudiantil, y ese olor a fresco y musgo nutrió sus sentidos. Su niñez la pasó en juegos y malabares, saltando de piedra en piedra cuando el río Suratá bajaba su raudo cauce. Allí su mirada se alimentó del verde de la naturaleza tropical, que nunca abandonaría.
Pintura surrealista, poesía tropical

La educación formal y estricta recibida en las aulas del colegio de La Presentación y del San Pedro Claver forjarían su carácter y templanza, que hizo que en su futuro todas las metas fueran alcanzables. París le permitió madurar artísticamente al amparo de la estructurada formación clásica de la Escuela de San Fernando, para posteriormente nutrirse y dejarse seducir por las nuevas líneas del expresionismo, el cubismo y el surrealismo, que bajo la temperatura de su origen tropical le darían un nombre propio en el exigente mundo de la crítica europea.

Somos santandereanos y quizás esta sea la razón por que nos cuesta trabajo empeñar brega y palabra en exaltarnos a nosotros mismos y a nuestros pares de patria chica, pues, con toda seguridad, que si José Manuel Pacheco hubiera nacido –por decir algo– en Fredonia, Antioquia, hoy lo estaríamos ensalzando como uno de los más grandes artistas nacionales.

Son pocas las trayectorias artísticas que le soportan comparación en el ámbito nacional, pues el nombre del artista colombiano Pacheco de Suratá está inscrito en la historia del arte contemporáneo como uno de sus grandes exponentes.

Basta con una rápida mirada a algunos de los catálogos de sus exposiciones internacionales para soportar cualquier diatriba contraria. Exposiciones individuales en distintas ciudades de Europa y América. Premios de toda índole. Exaltaciones Honoris Causa de distintas escuelas de arte de Europa. Colectivas con artistas de la talla mundial de los españoles Picasso, Salvador Dalí, Aristides Maillol y Joan Miró; los franceses Renoir, André Masson, George Braque y Marc Chagall; el sueco Alberto Giacometti; el británico Henry Moore; los norteamericanos Alexander Calder y Man Ray; el cubano Wilfredo Lam; el chileno Roberto Matta; los mejicanos José Luis Cuevas, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo; así como con su amigo y compatriota Fernando Botero. Lo que constituye una clara marca del registro de su nombre en las grandes ligas de la pintura.


El amor enrutó su camino

Escudriñando la historia narrada por su esposa y amiga de toda la vida, Josette Tassout (Q.E.P.D.), se descubre que los intricados caminos del amor no tienen fronteras. Ella, una química francesa de paso por Colombia y en particular por Tunja; él, un joven estudiante de bellas artes formado en París, pero por cosas del destino residenciado temporalmente en la fría capital de Boyacá. Un encuentro alrededor del arte, pues para ella no era posible que un artista de la calidad de un europeo pudiera estar en una galería de un pequeño y gélido pueblo colombiano. Una conversación casual y, como ella lo expresaría en su lengua nativa, “Les atomes crochus” (no creo que requiera traducción, solo imaginación).

Luego de una breve estadía en Colombia, retornaron juntos a París, donde ella se desempeñaba en su profesión, mientras él dispuso de todo el tiempo libre para pintar, pintar y pintar. Recorrieron juntos museos, galerías, países y ciudades europeas, donde con solo mostrar el “dossier” que siempre lo acompañaba, muchas puertas se abrían y muchas exposiciones, salas y premios comienzaron a marcar su nombre.

Gracias al empeño del galerista Ramón Ramírez, la obra del artista perdurará para la historia con el libro de gran formato que sobre Pacheco de Suratá proyecta lanzar este año, haciendo posible el sueño del maestro cuando decía: “El arte es un deseo de perennidad; de ese deseo del hombre por dejar huella”.

Detengamos la lectura en algunos apartes y comentarios de distinto género que sobre la obra de este artista de la tierra se dieran en distintas geografías del mundo:

“El detalle de su obra se transmite al observarla. El éxito vendrá cuando el artista franquee las fronteras y con él, un perfume de orquídeas y un reflejo de esmeraldas”. Pierre Daninos, periodista de la televisión francesa.

“Pintura de pintor y, sin embargo, pintura de poeta. Mundo inquieto, exuberante, donde flota la angustia existencial y del más allá”. Miguel Ángel Asturias.

“Pacheco es el lirismo desencadenado; un lirismo donde tierra y sangre se exfolian en vegetales y aves… toda la naturaleza unida al hombre; el hombre entero réplica de la naturaleza”. Jean Luis Vallas, crítico parisino.

“En su obra se percibe el febril poema del suelo americano”. Juan Carlos Foix, periodista y crítico de arte italiano.

 

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