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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-02 05:00:00

Palabras Inútiles

La reforma dictatorial del sistema de salud, amparada en el  Estado de Excepción, empobrecerá aún más al pueblo colombiano que hace años se encuentra  en proceso de ahitización. La pobreza no retrocede y los índices de desempleo crecen cada día, a la par con los de la corrupción.
Palabras Inútiles

El caso de la pirámide  DMG palidece ante el genio y el éxito de los hermanitos Nule, que montaron una de contratos estatales. Entre un sentimiento de horror, oprobio y  estupefacción, se han movido la casi totalidad de columnas de opinión publicadas hasta ahora, tanto por parte de analistas políticos y económicos, pero sobre todo del propio gremio médico, que ve atropelladas la profesión, la ética y la gente.

Es la medicina uribista, la medicalización de la política y  la destrucción de la clase media, la masificación de la pobreza. Y es tal vez, un caso más de violación de la Constitución  –¿importa?-, pues no están dadas las condiciones exigibles para el Estado de Excepción, llamado ahora Emergencia Social. Si al gobierno y a los magnates de las EPS les parecen magníficos los atropellos de los hasta ahora 16 Decretos que reforman el sistema de salud, pues los 45 millones de colombianos restantes debemos tenernos de atrás. Sin duda la Ley 100 –que es un engendro neoliberal fracasado- merecía un replanteamiento total, pero desde una perspectiva de salud como derecho fundamental de todos, como corresponde a un Estado Social  de Derecho.

Deberían derivarse consecuencias políticas drásticas de semejante ataque contra la población colombiana. Con referendo y reelección o sin ellos, estamos ante un punto que puede ser de inflexión, dado que estamos frente a dos procesos electorales: la factura está servida. Los electores tenemos, pues, la palabra. Queda además claro,  que el descalabro no ha sido para las EPS sino para los millones de usuarios, en donde la ineficacia, la ineptitud y la mediocridad gubernamentales quedan silenciados, al igual que la corrupción. Y para rematar, la institucionalización de la sapería, al mejor estilo de la tenebrosa y criminal Santa Inquisición renacentista, nos lleva a un Estado policiaco. Si no denuncia a nadie, ya es usted sospechoso, no estamos en el mundo de los inocentes.

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