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Ocultando el mal no lo remediamos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-04 05:00:00

Ocultando el mal no lo remediamos

Ocultando el mal no lo remediamos

Si no nos revisamos ni oímos la crítica podrá parecernos que todo va bien y el auto-engaño no nos permitirá conocer el mal y, al no conocerlo, será imposible remediarlo.

El diagnóstico realista y eficaz es ya una parte importante de la curación. No temamos el diagnóstico. Es siempre saludable cuando se lleva a cabo con seriedad y se expone con sinceridad.

Vale más vivir con la verdad que duele que con la mentira que consuela. Con la verdad por delante es posible alcanzar el remedio; con la mentira, no.

Estas son algunas verdades de lo que está pasando en nuestro mundo, azotado, en gran medida, por la pobreza, la desigualdad y la faltas de oportunidades fruto de la avaricia y la falta de solidaridad entre los hombres.

Más de mil millones de personas sobreviven en condiciones de pobreza absoluta. Entre trece y dieciocho millones mueren cada año por enfermedades derivadas de la pobreza extrema.

El abismo entre pobres y ricos se va acentuando con indicadores cada vez más agudos e inaceptables. Desde 1980, 60 países del mundo se han estado empobreciendo de manera continua. Se calcula que 1300 millones de personas viven en estos tiempos de euforia tecnológica y desenfrenado consumismo, con menos de 1 dólar por día. Alrededor de 700 millones solo disponen de 275 dólares al año para cubrir sus necesidades básicas. La esperanza de vida es de menos de 40 años para 507 millones de personas. 1431 millones de personas no saben leer ni escribir. En África solo el 46 % de la población tiene acceso al agua potable. Cada día mueren 40 mil niños menores de 5 años.

Éstas y otras muchas realidades del mundo actual constituyen un verdadero desafío para todo hombre de buena voluntad que crea en la dignidad de la persona y desee un mundo más justo, solidario y fraterno.

Un desafío no es una amenaza ni una derrota, puede conducirnos ciertamente a ella si nos encerramos en el desanimo estéril del “no hay nada qué hacer”, “todo está perdido, todo va mal”. Un desafío es un estímulo que nos mueve a trabajar por la construcción de un mundo más humano y fraterno para todos.

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