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Piratería a la vista | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-06 05:00:00

Piratería a la vista

En nuestro país, con excepción de algunos productos “folk” con acogida mundial, las casas disqueras abandonaron las producciones colombianas auténticas y se dedicaron a la música comercial intrascendente, y son los mismos artistas quienes se ven obligados a financiar con grandes esfuerzos sus producciones, que terminan injustamente ofrecidas de manera gratuita por estos medios, que dificultan aún más la sustentabilidad de los proyectos independientes, pues quienes los graban gratis solo dan como contraprestación el honor de ocupar un espacio en sus discos duros o en sus colecciones piratas de discos quemados. Y si alguien eventualmente pagó, ese dinero nunca llegará al artista, pues es una venta fraudulenta.
Piratería a la vista

El trabajo de los artistas colombianos no ha sido publicado por las disqueras, puesto que no es de interés para el mercado masivo; y cada disco que se copia gratis es uno menos que se vende en el mercado alternativo, torpedeado descaradamente por el “blog” que lo promociona. Pudiera adoptarse algún mecanismo justo, como, por ejemplo, permitir escuchar una selección de cada disco, sin la opción de bajar gratis la música, y ofrecer al interesado la posibilidad de contactar al artista para enviar sus discos por correo físico o electrónico, previa una consignación nacional. Para el caso del cliente extranjero, se podría utilizar alguno de los operadores reconocidos.

Muchos de los usuarios del blog están desinformados, desenfocados, o dan al artista un trato que no admitirían para ellos mismos. Algunos dicen no tener dinero para comprar la música, pero sí tienen para adquirir un computador y para pagar la cuenta de la energía y de Internet. ¿Por qué pretenden que el músico les regale su trabajo? ¿Acaso el equipo de sonido se lo regalaron? ¿El IPod? ¿El celular? ¿De qué va a vivir el artista? ¿Cómo va a financiar y comercializar sus producciones? ¿Acaso los usuarios de la música trabajan gratis en sus empresas o regalan sus productos? ¿A qué ética responde su afán de apoderarse gratuitamente del fruto del trabajo de otros?

El trabajo del autor de un “blog” puede ser arduo –afirma Gustavo Adolfo–, aunque inmensamente menor que componer, interpretar y producir canciones, y se justificaría pactar una participación de las ventas de los autores anunciados, porque su actuar irresponsable afecta la justa remuneración de los artistas a quienes dice defender, y cuya profesión es su vida entera. El autor del “blog” toma un producto que admira, pero que no le pertenece, para regalarlo a otros. Recibe agradecimientos, aunque no le den dinero, y queda convencido de ser un benefactor de la humanidad, pero no pasa de ser el agente de una defraudación a los artistas, repetida 360 veces diarias, o sea más de cien mil veces por año; y lo peor es que él lo sabe. ¿Cuántos conciertos creen estos amantes de la música colombiana que consiguieron sus admirados artistas y cuántos discos o “tracks” vendieron gracias a alguno de estos “blogs”? ¿Cuántos de quienes dicen amar nuestra música practican la costumbre de disfrutar sin pagar? ¿Cuántos de ustedes asisten a ellos sólo si son gratuitos? ¿Cuántos pagan sólo si se trata de artistas extranjeros?

“Tal vez –dice Luz Marina– hay quienes están convencidos de que las universidades en que nos formamos durante diez semestres para ser músicos profesionales nos reciben gratis, o que llegamos un día al almacén musical diciéndole al vendedor: ‘Hola, señor, anoche compuse una canción que sé que va a conmover el alma de quien la escuche, así que regáleme el juego de cuerdas que necesito para mi guitarra’; o que las empresas de servicios públicos sacaron un decreto que dice: ‘Desde hoy queda terminantemente prohibido dejar las facturas de cobro en todas aquellas casas cuyos habitantes suelen llevar una guitarra colgada en la espalda; o que en el bus le dice al chofer: ‘Hermano, no sabe la armonía tan sublime que le puse hace un rato a mi nueva canción… Y el chofer contesta: ¿En serio? ¡Uy, súbase, que se merece el viaje gratis!’; o que ese día, cuando uno amaneció con el dolor de muela que no deja pensar en nada más, se va a donde el odontólogo, se lleva la guitarra y le va echando unas canciones mientras lo revisa…”

“Es posible que la música colombiana no esté en venta en las tiendas del mundo, y que por este medio se tenga acceso a ellas; pero eso no justifica que esta forma de robo sea la única solución. Lo importante es que se acuerde un pago justo por el derecho del productor cuando el melómano recibe el producto: el productor compone y graba; el consumidor disfruta y paga. Así funciona, como cualquier otro producto. La mayoría de las producciones que son ofrecidas en los ‘blogs’ no son de disqueras, sino producciones independientes de artistas alejados de las disqueras por ‘incompatibilidad de caracteres”,  concluye Luz Marina Posada.

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