Publicidad
Publicidad
Sáb Dic 3 2016
20ºC
Actualizado 08:58 am

Los viejos somos más | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-08 05:00:00

Los viejos somos más

Todo comenzó cuando José Brissa decidió venderlo todo y emprender un viaje por Sur América en su vieja camioneta Renault. Iría solo, soñaba encontrar por el camino una mujer diferente a las colombianas. Si la encontraba viajaría con ella hasta la Patagonia, tendría el pelo rubio, sacaría la cabeza al viento desmelenada reiría y las carcajadas se perderían a lo lejos, quedarían tan atrás como sus recuerdos.
Los viejos somos más

En Quito, una noche, después de varias agotadoras jornadas desde Bucaramanga, salió en busca de la anhelada mujer. Recorrió bares, heladerías, comió varias pizzas a espera de la mujer solitaria que de manera insinuante cruzara las piernas frente a él. Fue inútil la espera, la mujer soñada no apareció, todas regordetas y de rasgos vulgares. Tal vez en Lima tendría mejor suerte. En el viaje por los helados y solitarios páramos andinos se le acrecentaron sus deseos de compañía femenina y estuvo tentado a recoger una chola de sombrero y poncho que le pidió la remolcara. Pisó el pedal del freno y cuando la mujer iba a tomar la manecilla aceleró. En Lima hizo varios recitales de poesía que era su pasión. Una noche al salir de casería en busca de la mujer soñada sintió a sus espaldas el aguijón de un puñal.

Con la velocidad de un jaguar José Brissa desarmó al delincuente. Brissa corrió por el callejón y en una puerta que se abrió una mujer le hizo señas para que se protegiese allí. Era la mujer soñada, rubia, alta, de cara bella, labios carnosos y agraciadas formas, además tenía nombre de diva, Alfonsina. Danzar en discotecas amarse en los más extravagantes lugares, deambular por bulevares y playas, fue cosa de muchos días en los que el viaje se interrumpió. Tengo que seguir le dijo José Brissa un día, vente conmigo. Alfonsina no lo dudó un instante. La recogería en su casa.

Que no se quedara el gigantesco oso de peluche que le compró como muestra de su amor. !Cállate!, le dijo alguien desde una ventana. Jose Brissa hacía sonar el pito de la camioneta o aporreaba la puerta pero Alfonsina no salió. Desesperándose fue. Veloz parecía competir en el Dakart por el desierto de Acatama. En Chile resolvió llamarla. !Aló! ¿Alfonsina? Si, respondió al otro lado de la línea. ¿Porqué no me cumpliste, qué pasó?. La verdad José yo creí que tú eras un narcotraficante, y el gigantesco oso estaba repleto de cocaína, me dio mucho temor, pero te amo. José Brissa cortó la llamada.

A José Brissa lo encontré muchos años después en Bucaramanga. Además de su pasión por la literatura está empeñado en batir varios récord Guinnes, patinar en reversa 50 kilómetros, y 100 horas de mambo sin tomar agua. Dice que la vejez es una actitud mental. José Brissa nos prepara una encantadora y fascinante ilusión. Desde hoy seré su alumno. Los invito a ser sus discípulos. Lo encontraremos en la calle como al mesías, pero hay que buscarlo.

 

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad