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De la Alemania nazi a Colombia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-14 05:00:00

De la Alemania nazi a Colombia

Hace 58 a√Īos que Inge Chaskel, una alemana jud√≠a que sobrevivi√≥ al Holocausto, lleg√≥ a Bogot√° con su esposo para dejar atr√°s la tragedia. Ten√≠a 16 a√Īos cuando empez√≥ la persecuci√≥n a los jud√≠os. Logr√≥ huir en plena guerra y antes de radicarse en Colombia pas√≥ por Cuba y Estados Unidos. Historia de una sobreviviente.
De la Alemania nazi a Colombia

- ¬ŅSabe usted lo que es un pogrom?

El acento de Inge Chaskel es inconfundiblemente alem√°n, as√≠ haya vivido los √ļltimos 58 a√Īos de su vida en Bogot√°.

- Es una persecución, explica.

Y la que ella vivi√≥ la noche del 9 de noviembre de 1938, cuando apenas ten√≠a 16 a√Īos, fue la marca definitiva de que nada volver√≠a a ser como antes.

Antes, dice, cuando ella era una ni√Īa normal, iba al colegio y jugaba con las mu√Īecas. Su pap√° hab√≠a muerto y viv√≠a en un apartamento en Stuttgart, al sur de Alemania, con su mam√° y su hermano dos a√Īos mayor. Toda su familia era alemana; ella era alemana y tambi√©n jud√≠a.

¬ďSab√≠amos que hab√≠a subido un gobierno nazi, antisemita. Lo o√≠amos en la radio, tambi√©n lo le√≠mos. Poco a poco empezamos a ver que romp√≠an los vidrios de los negocios que ten√≠an los jud√≠os y nuestros abogados y m√©dicos no pod√≠an trabajar. Luego empezaron a quemar los libros. Pero el grave error de nosotros fue no pensar en lo terrible que iba a ser la persecuci√≥n¬Ē, dice hoy, a sus 88 a√Īos, cuando se est√°n celebrando 65 de la liberaci√≥n del campo de exterminio de Auschwitz y ella est√° a m√°s de 9 mil kil√≥metros de Alemania.

Ese 9 de noviembre, que se conoce como ¬ĎLa noche de los cristales rotos¬í, y que muchos historiadores describen como el inicio del Holocausto, Inge fue sacada de su escuela con la ropa que ten√≠a puesta. Lo peor vendr√≠a despu√©s. ¬ďTiraban los muebles por las ventanas, dijeron que ya nadie pod√≠a vivir en su propia casa, quemaron las sinagogas y ese d√≠a entendimos que hab√≠a que buscar un sitio que no fuera Alemania¬Ē, dice.

Un pogrom es, en otras palabras, una pesadilla, un linchamiento multitudinario acompa√Īado de la destrucci√≥n de casas, almacenes y centros religiosos. Y esa noche de 1938, Inge fue v√≠ctima del primer pogrom que ocurri√≥ en Alemania y Austria contra ciudadanos jud√≠os en todo el pa√≠s.

El n√ļmero de jud√≠os alemanes asesinados es incierto. Se afirma que superaron los 100 esa noche. Lo que s√≠ se sabe es que fueron quemadas 1.574 sinagogas, que eran pr√°cticamente todas las que hab√≠a en Alemania; tambi√©n muchos cementerios jud√≠os y m√°s de 30.000 jud√≠os fueron llevados a campos de concentraci√≥n donde m√°s tarde la gran mayor√≠a de ellos ser√≠an asesinados.

Sacar a los ni√Īos

Inge nació en 1922 en una ciudad alemana que se volvió famosa porque allí se forjó la Mercedes-Benz, la fábrica de automóviles más antigua del mundo.

Sin embargo, luego del pogrom, Stuttgart se convirti√≥ en una prisi√≥n. ¬ďNo f√≠sica, pero los amigos se fueron acabando poco a poco¬Ē. Adem√°s, sab√≠an que la guerra se acercaba (se inici√≥ 10 meses despu√©s) y que cerrar√≠an las fronteras. Inge afirma que Inglaterra fue el √ļnico pa√≠s que los pudo ayudar en esos meses. ¬ďEllos pensaron que lo mejor era salvar el mayor n√ļmero de ni√Īos jud√≠os y se idearon el Kindertransport o Transporte de Ni√Īos¬Ē.

Y aunque por su edad hubiera podido embarcarse en uno de los trenes que durante casi un a√Īo llevaron a m√°s de 10 mil ni√Īos jud√≠os de un pa√≠s a otro, no clasific√≥. ¬ďSi alguien quer√≠a mandar su ni√Īo a Inglaterra, trabaj√°bamos en eso con la secretaria de mi sinagoga. En toda Alemania y Austria se pod√≠an organizar los transportes para llevar ni√Īos jud√≠os lo m√°s humanamente posible. Yo ten√≠a 16 a√Īos y aunque los transportes llevaban hasta los 18 a√Īos, era muy raro que se eligiera un ni√Īo mayor de 16¬Ē.

Las entregas de los ni√Īos eran r√°pidas y sin tiempo para despedidas. ¬ďLos padres se desprend√≠an de sus hijos y con voz incierta les dec√≠an: ¬Ďnos veremos pronto¬í, casi seguros de que la mayor√≠a no volver√≠a a encontrarse. En efecto, el 80 por ciento de los ni√Īos que se trasportaron quedaron hu√©rfanos¬Ē, narr√≥ esta mujer ante un auditorio que la acompa√Ī√≥ el pasado 27 de enero en Bogot√°, en la conmemoraci√≥n anual en memoria de las v√≠ctimas del Holocausto.

Inge recuerda que el primer Kindertransport sali√≥ un mes despu√©s del pogrom de la estaci√≥n de trenes de Berl√≠n con 196 ni√Īos jud√≠os. Pas√≥ por los Pa√≠ses Bajos, B√©lgica y luego los ni√Īos abordaron un barco que llegar√≠a a su destino en Harwich, Inglaterra. El √ļltimo logr√≥ llegar a su destino cuando comenz√≥ oficialmente la Segunda Guerra Mundial.

Buscar la salida

El primero que logr√≥ salir de Alemania fue su hermano. ¬ďMi mam√° sab√≠a que √©l ten√≠a que salir y consigui√≥ que se fuera a la India¬Ē.

Con Inge las cosas sucedieron de otra manera. La esperanza s√≥lo apareci√≥ dos a√Īos despu√©s, cuando ya la destrucci√≥n de la guerra y la pesadilla de terminar en un campo de concentraci√≥n eran el calvario de todos los d√≠as.

¬ďVivimos en s√≥tanos. All√° los edificios ten√≠an s√≥tanos bastante profundos porque a cada apartamento le correspond√≠a una parte del s√≥tano, donde uno guardaba las frutas y las verduras durante todo el verano. Era un sistema para conservar la comida y tambi√©n se almacenaba el carb√≥n¬Ē.

As√≠ que cuando pasaban los aviones botando las bombas, Inge y su mam√° ten√≠an que correr a esconderse en los s√≥tanos junto a todos los inquilinos que viv√≠an en el edificio. ¬ďMuchas veces no nos dejaban sentar porque √©ramos jud√≠as. Llev√°bamos cajas para sentarnos y all√≠ permanec√≠amos hasta que dejaba de sonar la sirena¬Ē.

Inge afirma que la persecuci√≥n no se pod√≠a evadir y por eso su madre busc√≥ afanosamente c√≥mo salir de Alemania. ¬ďUn familiar nos ayud√≥ a conseguir una visa temporal y pedimos salir legalmente porque no exist√≠a eso de que uno sale ilegal, hasta que logramos viajar a un principado peque√Īo que hace parte de Suiza¬Ē.

Pero como la visa era temporal, decidieron que una opci√≥n cercana a Estados Unidos ¬Ėtodos quer√≠an ir a Estados Unidos cuando a√ļn no hab√≠a entrado a la guerra- era Cuba. ¬ďViajamos a Francia y fue muy peligroso. Ah√≠ duramos unos meses hasta que conseguimos una visa para Espa√Īa donde finalmente nos subieron a un barco que nos llev√≥ sin tiquetes a Cuba¬Ē.

Eso fue en 1941, cuando en Alemania empezaban a funcionar los campos de concentraci√≥n. ¬ďAntes exist√≠an, pero s√≥lo se llevaban a nuestros hombres¬Ē.

Atrás quedó la angustia frente a los consulados americanos en Alemania.

Inge explica que hace 70 a√Īos cada pa√≠s ten√≠a un n√ļmero de cupos anual para los ciudadanos que quer√≠an entrar a Estados Unidos. ¬ďFuncionaba por turnos. A nosotras nos dieron un n√ļmero pero s√≥lo lo pudimos hacer v√°lido cinco a√Īos despu√©s y eso porque muchos de los que nos anteced√≠an murieron en la guerra¬Ē. Esperar su turno dentro de Alemania hubiera sido un suicidio.

Un nuevo comienzo

En Cuba no ten√≠an a nadie pero lograron acomodarse durante 4 a√Īos. ¬ďEllos, en una √©poca, recibieron bastantes refugiados, pero cuando el gobierno cubano vio nuestra visa nos prohibi√≥ trabajar porque el pa√≠s ten√≠a mucho desempleo. Uno entend√≠a que no pod√≠an permitir que los refugiados cogieran los puestos de los cubanos¬Ē.

Su mam√°, que ya se acercaba a los 50 a√Īos, cos√≠a, mientras Inge cuidaba ni√Īos y ense√Īaba alem√°n. Tambi√©n aprendi√≥ espa√Īol y a manejar la m√°quina de escribir.

Aguantaron porque confiaban en que pronto acabar√≠a la guerra y porque, finalmente, su destino ideal segu√≠a siendo Estados Unidos. ¬ďCuando se acab√≥ la guerra fuimos al consulado americano en La Habana y s√≠, nuestro n√ļmero segu√≠a siendo v√°lido. Entonces conseguimos alguien que certificara que pod√≠amos trabajar en ese pa√≠s y que ten√≠amos buena salud¬Ē.

As√≠ comenz√≥ 1947 para Inge y su madre. Hab√≠an pasado 9 a√Īos de la noche del pogrom e igual tiempo de no ver a su hermano.

Desde el principio y después de varias negativas, Inge logró entrar a trabajar en una oficina y se dedicó a perfeccionar su inglés.

A los cinco a√Īos, justo cuando lleg√≥ a los 30 y luego de haberse casado con un comerciante alem√°n y de reencontrarse con su hermano, esta mujer pis√≥ por primera vez tierra colombiana para acompa√Īar a su esposo que quer√≠a radicarse en Bogot√° y empezar a importar.

Aquí pudo por fin terminar su bachillerato. Tuvo dos hijos. Estudió filosofía en la universidad Javeriana y se convirtió en profesora. Luego su esposo murió. También conoció a otros sobrevivientes, unos en Bogotá, otros en Barranquilla.

Solo ha vuelto una vez a Alemania, cuando en 1995 fue invitada por el alcalde de Stuttgart a la celebraci√≥n de los 50 a√Īos del cierre de Auschwitz. ¬ďNo la reconoc√≠a porque cuando la dej√© estaba destruida¬Ē, dice.

No son muchos los sobrevivientes que comparten los recuerdos de ese terrible pasado que fue el Holocausto. Inge se resiste. Dice que es importante no olvidar, pero tambi√©n seguir viviendo. Por eso, hoy, 72 a√Īos despu√©s de haber sufrido la persecuci√≥n, posa con calma ante los fot√≥grafos, acude a un auditorio, hace un minuto de silencio, prende una vela y contesta llamadas de desconocidos para volver a recordar.

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