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Reminiscencia de San Mateo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-15 05:00:00

Reminiscencia de San Mateo

Nuestros viejos recuerdan que en aquellos tiempos sí se podía ‘regatear’. Era la época en la que cada bumangués escogía con sutil tacto la mejor clase de legumbre y, sin mayores aspavientos, podía pedir rebaja. Incluso sopesaba con sus manos lo que compraba.
Reminiscencia de San Mateo

No es que hoy día nadie haga algo similar. Es que en la década de los años 20 esa era una costumbre simpática en la capital santandereana. Tanto, que mercar se convertía en el ‘programa del domingo’.

Esos tiempos se fueron. Se fueron con los carros, con el agite diario y, por qué no decirlo, con los supermercados, los cuales cambiaron el canasto de mimbre por una canastilla móvil.

En 1924, los pobladores de la entonces ‘Villa Búcara’, escogían personalmente los aguacates, los chorizos, el queso y la libra de papa: En aquellos días no era aburridor salir a la plaza. Es más, era tan divertido que los niños se peleaban la oportunidad de llevar el canasto en sus manos.

Obviamente donde se mercaba no era como los centros de acopio de los tiempos modernos. Se trataba de una plaza distinta, con toldos de lona, organizados por campesinos que llegaban de Rionegro, Lebrija, Piedecuesta, Girón o San Vicente de Chucurí.

El mercado de antaño tuvo su gran sede en la  Plaza Mayor, una que todos llamaron San Mateo. Se trataba de una imponente edificación que se tomó más de dos manzanas, entre las carreras 15 y 16 con calles 34 y 33, de la capital santandereana.

En ese entonces, los mercados no llegaban en carros, sino en mulas cargadas y maniobradas por peones contratados por los labriegos de los municipios vecinos.

De esa época de mercar, se extraña la familiaridad, la sencillez y sobre todo el gusto por ir un domingo a la ‘capital’. Un gusto que muy pocos se dan en nuestros tiempos.

El presente

Hoy, la más antigua de todas las plazas de Bucaramanga, la que se levantó a finales del siglo pasado, la misma que fue declarada como patrimonio arquitectónico del país; mejor dicho, la ‘vieja’ del Centro está en ruinas.

Se ‘oxidaron’ los puestos de venta del ayer, lo propio pasó con el Pabellón de Carnes que la engalanó durante 103 años. Su otrora puente pasadizo ya sucumbió.

Por fortuna, la fachada que bordea a toda la manzana de la calle 34, entre carreras 16 y 17, se resiste a caer.

Sin embargo, ella es ahora el contorno de una gran montaña de basura. Al menos mil 500 gatos, un incalculable número de ratas, zancudos y moscas, y toneladas de mugre hacen parte de la herencia’ dejada por los antiguos inquilinos de San Mateo.

Después de 14 años y 46 días de estar fuera de servicio; la putrefacción, producto del abandono y de los desechos orgánicos que han sido arrojados al interior de la plaza, la convirtieron en el punto de contaminación ambiental más grande del centro.

La Plaza San Mateo pasó de ser un orgullo local a una vergüenza nacional. De manera desafortunada, esa es la penosa cara que muestra este patrimonio del Municipio.

No obstante, los imponentes paredones siguen ahí, en la antigua zona de San Mateo, en lo que fueran los terrenos de los Hermanos González.

Porque esta fachada, más allá de los aguaceros, de los vendavales, de la contaminación o de la misma falta de voluntad política, sigue ahí: ¡de pie! Está a la espera de un ambicioso proyecto de restauración, el cual podría convertirla en el Primer Centro Integrado de Servicios de Colombia. ¡Amanecerá y veremos!

 

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