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El laberinto | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-13 00:19:31

El laberinto

La vida nos enfrenta a decisiones difíciles. Con relativa frecuencia no sabemos qué hacer, y lo peor es que frente a nosotros se nos dibuja un complicado laberinto.
El laberinto

Nos sucede en el amor, cuando nos corresponde elegir a nuestras parejas; en el trabajo, cuando aparecen ofertas para cambiar de puesto; en la academia, cuando llega la hora de seleccionar la carrera a estudiar, en fin...

No siempre son indecisiones frente a ‘x’ o ‘y’ propuesta. Muchas veces el laberinto es más interno.

Le apostamos a ser perfectos y, con tal decisión, cargamos con el peso de querer ser los mejores y no tolerar nuestros propios errores.

Luego nos proponemos agradar siempre a los demás y nos olvidamos de nosotros mismos. Vivimos en función de otros y con la neurosis de complacer a todos.

En ocasiones nos enfrentamos a la idea de ser fuertes sin prever que, al obrar así, escondemos nuestras emociones y nos ponemos una coraza para que no descubran nuestras debilidades.

También pensamos que todo es para ya. Es entonces cuando optamos por vivir acelerados, al punto que convertimos nuestro mundo en una carrera desaforada, sin calma ni descanso.

La eficiencia es otro de las elecciones diarias. No es que esté mal esa opción; es sólo que cuando actuamos así, valoramos más el esfuerzo que la acción; y, en consecuencia, todo nos da miedo y vemos la vida como una insufrible y eterna lucha.

¿Qué hacer?

La respuesta sólo está en nosotros y en nadie más.

Podemos decir que en el mundo existen personas que resuelven las incertidumbres de distintas formas: unos seres se aferran a sus intuiciones; otros se las ingenian para salir adelante; y no faltan los que se quedan atornillados.

¡Claro! no es lo mismo avanzar bajo la lluvia. Sin embargo, no son las circunstancias del tiempo, sino la forma como se afrontan las opciones que tenemos, las que garantizan nuestro bienestar.

La lluvia cae como algo que se deshoja. Pero también se debe precisar que, así llueva toda la noche, el agua refresca la tierra que pisamos.

Es preciso reiterar que cada quien tiene su propio estilo para solventar las situaciones difíciles que llegan a su mundo: hay quienes se deprimen y huyen; otros encaran el problema y afrontan los riesgos; y, por supuesto, no falta el que deja que las cosas pasen... ¡y listo!

La lluvia puede ser sinónimo de tragedia, pero un aguacero también nos regala un rocío agradable.

Sepa aprovechar los caminos que le marca su destino, más allá de que ellos se tornen enredados.

Hay que considerar las indecisiones como una parte inevitable de la vida. No obstante, es preciso dar el paso y actuar.

Vale recordar una sencilla frase que alivia cualquier carga y que reza así: “Vamos pa’delante, que esto pasará y ya vendrán tiempos mejores”.

Las personas que se abren camino en el mundo son las que buscan las circunstancias que necesitan. Y si no las encuentran, las crean.

Debemos dejarnos llevar por los sentimientos, pero no volvernos esclavos de ellos.

La vida nos enfrenta a laberintos en los cuales encontramos caminos buenos y caminos malos; vías claras y vías atascadas.

Algunas veces no vamos por donde hubiésemos querido ir. Sin embargo,  lo primordial no es quedarse esperando por dónde caminar, sino arriesgarse a dar el primer paso.

Es cierto: no sabemos nunca cuál en realidad es el camino correcto que debemos seguir; lo único que entendemos es que debemos mirar hacia el frente, más allá de que estemos inseguros de lo que nos sucederá.

En tal búsqueda, Dios nos da señales para caminar. Esas pistas celestiales no sólo nos dan la claridad; sino que además nos ayudan a crecer.

mire para el frente

A lo mejor le ha ocurrido que no sabe qué hacer con su vida. Seguro ha pensado en tentar su suerte; de pronto ha decidido dar marcha atrás y pisar descalzo esas espinas que con esfuerzo y dolor ha superado.

¿Quién le da la respuesta que tanto busca? ¿Quién le da ese sorbo de agua que alivia su sed, y apaga ese fuego que lo está consumiendo por dentro?

Confíe en Dios y avance, no importa cuántas veces tropiece. Más allá de las caídas, siempre sabrá que tuvo la iniciativa de emprender nuevos retos. No hacerlo, es ser cobarde.

 

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