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“Uno no mata por matar” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-29 00:53:59

“Uno no mata por matar”

“¿Cuál es el municipio que tiene límites en 6 departamentos?”, me preguntó el taxista en medio de una sosa conversación sobre el tráfico, que se desvió hacia una muy interesante y larga narración.
“Uno no mata por matar”

“Pues Puerto Boyacá”, espetó. En lugar de continuar con la adivinanza e indagar cuáles son los 6 departamentos, sólo atiné a decir: “mmm… pueblo ‘caliente’ ese ¿no?”; y allí puse la primera piedra para una apasionante historia.

En síntesis, mi taxista era un paramilitar en retiro, perteneciente al bloque de Autodefensas que en Puerto Boyacá creó Henry Pérez. La ayuda de Ramón Isaza, alias “el viejo”, para rescatar al padre de Henry, secuestrado por la guerrilla,  convirtió a éste en el jefe de las Autodefensas en la región, entrenadas en la misma sede del batallón Bárbula. “Éramos apoyados por los militares y nos sostenía la cuota que pagaban los hacendados”, agregó el taxista cuyo apellido omito por razones obvias.

Luego mencionó a los finqueros patrocinadores, entre los que no dudó en señalar a personalidades, hoy de primer orden, como “los Uribe” y otros.  “Al que robaba le dábamos un plazo para que devolviera y si volvía a robar lo ‘pelábamos’; pero uno no mata por matar, es porque se lo pedían ‘los duros’ para limpiar la zona”. Dijo que su primera desmovilización fue una “mentira”, que el “fierro” que entregó se lo cambiaron por un “Galil” y que ahí siguió hasta que se mamó.

Esto es historia; una sucesión de equivocaciones del Estado y de los ciudadanos, en la que, a pesar de lo que se dice, no está envuelto todo el mundo. Es también la génesis de lo que hoy tiene a un Ministro de Justicia llamando al Fiscal General para interceder por el hermano que se enredó con “Don Mario”; a un Presidente desquiciado e iracundo incendiando la institucionalidad por defender a su familia, a su bancada política y a sus proyectos electorales; a los magistrados de la más alta Corte atrincherados para tratar de cumplir su deber; a Medellín en medio de un reflorecimiento de la violencia criminal; a los altos funcionarios del Estado recurriendo a Don Berna para ensombrecer a la justicia; a los jueces internacionales espeluznados y, finalmente, a Colombia corroída por el mismo mal que mató a Luis Carlos Galán hace ya 19 años.  

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