Cierre los ciclos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-25 05:00:00

Cierre los ciclos

Hay gente que se tarda un segundo diciendo “hola”; pero de una manera absurda decide pasarse todo el resto de su vida diciendo “adiós”. Y lo peor es que nunca se va.
Cierre los ciclos

Veamos un ejemplo: cada vez que alguien deja un entrañable puesto de trabajo por uno nuevo, se queda añorando las viejas épocas. Pese a que cuenta con una mejor remuneración salarial, suspira y hasta llora recordando a su antiguo escritorio, ese en donde pasó gratos momentos.

¿Es usted así?

¿Es de los que no cierra el libro que lee, sólo para recordar al otro día que debe repetir determinado capítulo?

¡Mucho cuidado con esa actitud!

Usted no puede insistir en alargar algo más de lo necesario porque, de manera literal, queda atrapado en un insulso ‘mar de emociones’.

¡Debemos darles sentidos a las otras etapas que la vida nos regala!

En el caso de esta página hemos decidido decir: “cierre los ciclos”. Sin embargo, llámelo como quiera: “cierre las puertas”, “termine los capítulos” o “¡supérelo!”, tal como lo expresan algunos jóvenes.

- “Viejo, ya crecí… ya no soy un niño”, dice el hijo.

- “Mi’jo, así tengas 70 años, tú siempre serás mi niño”, replica la mamá.

Tal vez ‘mamᒠtenga razón; no obstante, a todos los hijos les corresponde vivir sus propios espacios, momentos o situaciones.

¡No! no es que cambiemos para ‘bien’ o para ‘mal’; es sólo que la vida nos ubica en determinados escenarios y, cada quien, debe asumir su papel.

No se quede preguntando, ¿por qué a mí? No pierda tiempo llorando sobre lo que pasó o lo que pudo haber sido y no fue. ¡Es un desgaste!

Si algún ser querido se nos adelantó en el camino, hagámosle el debido duelo, ¡pero no más!

Esa ‘llevadera’ de flores al cementerio; esa ‘rezadera’ cada vez que alguien  cumple uno, dos, tres y hasta 30 años de muerto, sólo nos pone a recordar una partida que, a esas alturas de la vida, es historia. No nos enterremos con nuestros muertos. ¡Dejémoslos descansar en paz!

No se quede hoy atrapado en el ayer, porque viviendo así jamás disfrutará el presente. Adiós a los “si” condicionales: “si hubiera hecho tal cosa”, “si no me hubiera casado”, “si hubiera escuchado”.

¡No más recriminaciones!

¡Las cosas pasan y punto! Además, todo ocurre por algo. Volver atrás no sólo es inoficioso, sino que le deja a usted en una extraña atmósfera que lo hace ver deprimido, aburrido y bastante pesimista.

Hace poco conocimos el caso de un pensionado, quien a pesar de haber  dejado su puesto hace 10 años, todos los días toma el trayecto que lo conduce a su antigua empresa, sólo para recordar los viejos tiempos.

Discursos, promesas, palabras bonitas y grandes evocaciones no hacen que alguien vuelva o que algo suceda de nuevo. Tampoco millones de lágrimas  conseguirán revivir algo que se fue.

Lo pasado no volverá jamás; y si regresara, no sería como antes.

Tal vez en alguna época no podíamos vivir sin “aquello” o sin “tal persona”; pero la verdad de la vida es que nadie es imprescindible... ¡todos somos sustituibles!

Debemos pasar a la página siguiente y continuar leyendo el libro de la vida.

Mejor dicho: hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. ¡Debemos cerrar los ciclos!

ESAs ‘VUELTICAs’ AL PASADO

Acompañado de una religiosa, Don Pedro todas las mañanas sale a lo que él llama: “una vueltica al pueblo”. Aunque está enfermo, a sus 86 años se levanta temprano, alista su bastón y se para en la puerta del cuarto, a la espera de la partida.

- Hermana, ¡vea cómo ha cambiado Mogotes!

- ¡Sí! Don Pedro, el pueblo cada vez está más grande.

El corto diálogo se repite una y otra vez. Tanto que el encorvado hombre y la religiosa ya perdieron la cuenta de los paseos matutinos: “creo que llevamos como 3 años recorriendo el adorado pueblo de Don Pedro”, dice Sor Francisca.

¡Bueno! esos paseos no tendrían nada de particular, si no fuera porque la ‘vueltica’ que realmente ellos dan no la hacen en el municipio de Mogotes, sino en el gigantesco patio que existe en el asilo San Rafael de Bucaramanga.

Lo que pasa es que Don Pedro hace su propia remembranza del pueblo que lo vio nacer y del que, según dice, ‘nunca debió salir’.

“Él es un hombre muy cuerdo, pese a su avanzada edad. Lo que sucede es que añora su casa y, desde que llegó a este asilo, no deja de soñar con el día en que regrese a Mogotes”, explica la religiosa.

Don Pedro no sólo está enfermo de su cuerpo, también de su alma. Su espíritu languidece con el paso inexorable de los años y con el terrible olvido de sus familiares.

“Nadie pregunta por mí. Nadie me viene a visitar. Yo estoy aquí tirado y no es que me traten mal, pero quiero estar con mi familia. A veces me dan ganas de volarme”, confiesa.

Don Pedro tampoco está preso. Lo que pasa es que él no le queda otra alternativa distinta a la de  quedarse en dicho centro geriátrico. En él, la tristeza cumple una acelerada función aniquiladora: está deprimido, es un ser al que se le acabaron las ganas de vivir y, por eso, prefiere refugiarse en el ayer.

Hay gente, incluso muy joven, que actúa como Don Pedro: ¡se queda atrapada en la historia!

Hay quienes pelearon con sus novios (as) hace años y se la pasan recordando los romances vividos. Son noviazgos que sólo viven en las mentes de esas personas que no quieren cerrar ciclos.  Así ocurre con otras cosas: con los trabajos del ayer, con los familiares que murieron, en fin…

Mire para el frente, no más vuelticas al pasado; es mejor encarar nuestro presente.

 

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