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Jaime Mart铆nez - Un mancebo galante | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-02-27 05:00:00

Jaime Mart铆nez - Un mancebo galante

Jaime Mart铆nez deja en este mundo muchas cosas: ense帽anzas (toda una escuela), el ejemplo de su afinaci贸n y de la m煤sica bien interpretada, y an茅cdotas musicales y personales; pero no deja nada pendiente, cuando menos en lo musical. Tal vez deje s铆 el deseo latente de todos nosotros por haberlo tenido un poco m谩s y haber podido disfrutar cuando menos otro poquito de su impecable ejecuci贸n; pero lo que hizo por la m煤sica colombiana se volvi贸 modelo de la interpretaci贸n sentida: una obra que aparec铆a simple en las voces o en las manos de otros artistas, con ellos alcanzaba br铆os impensados.
Jaime Mart铆nez - Un mancebo galante

Para Jaime, los hombres eran 聯mancebos galantes聰 y las mujeres, 聯doncellas聰, con una 聭ll聮 muy bien pronunciada que retrataba su crianza en Santander. Siempre hablaba con acento santandereano puro, y sus expresiones daban cuenta de su autenticidad, mantenida a lo largo de su permanencia durante muchos a帽os en Bogot谩. Una noche, cuando un amigo suyo le ped铆a insistentemente 聭Brisas del Fonce聮, un bambuco de esos que le espantan el sue帽o o la borrachera a quien sea, como si hubiese sido creado por 茅l para levantar trasnochados en alg煤n paseo al r铆o, le respondi贸: 聯Ole, yo hace mucho que no toco esa vaina; eso lo compuse hace mucho y es jodid铆simo聰.

Tal vez como una forma sarc谩stica contra quienes siguen convencidos de que los m煤sicos de todos los niveles tocan y cantan 煤nicamente para que los inviten a las reuniones solo a beber, Jaime llamaba 聯el producido聰 a su trago, que manten铆a cerca, y que siempre administr贸 de manera intachable. Cantaba y tocaba con generosidad, sin reparos por la hora o la situaci贸n, como una vez que, en casa de un excelente anfitri贸n, este ped铆a y ped铆a canciones desde que se levantaron de la cama, y se termin贸 el d铆a sin quitarse la piyama, porque desayunaron, almorzaron y cenaron entre bambucos, danzas y pasillos, y el d铆a fue corto y pleno con esa m煤sica que brotaba generosa de sus poros y de su coraz贸n. Y ese coraz贸n suyo, m煤sico tambi茅n, le ense帽贸 a tocar el viol铆n, y juntos se inventaron esa t茅cnica, chocante quiz谩s a la vista de los acad茅micos, pero impresionante y envidiable a la vez, porque todos admiraban en Jaime la dulzura del sonido que era capaz de robarle a las cuerdas. Era que su coraz贸n interpretaba con 茅l, y tal vez por eso fallaron los dos, extenuados ya por las miles de horas que tocaron y cantaron juntos; y ambos se cansaron, su coraz贸n y 茅l; pero ese cansancio estaba acompa帽ado de la satisfacci贸n de haber hecho las cosas bien, y estaban en paz con la vida, como B茅cquer. Se fueron los dos, Jaime y su coraz贸n, con la tranquilidad de haberle cumplido a su vocaci贸n y a la vida: la gozaron toda, la cantaron toda; hasta sus 煤ltimos d铆as.

Testimonio

Siempre so帽茅 con conocer a Los Hermanos Mart铆nez y poder estar cerca de ellos, aunque fuese en una sola oportunidad; y por mi trabajo en los medios de comunicaci贸n los abord茅 con diversos motivos, como hablar de Jos茅 A. Morales, o por su homenaje anual en el Festival de Duetos en Floridablanca; pero era Jaime quien hablaba siempre, porque Mario dice que le teme al micr贸fono para hablar聟 Y despu茅s, por ser yo el maestro de ceremonias del Festival de Duetos, y por la ma帽a que tenemos algunos m煤sicos de andar con el palo debajo del brazo, result茅 tocando con ellos alguna vez, y result茅 haciendo dueto con Mario otra vez, y haciendo turnos con la guitarra en las reuniones con ellos, y acompa帽ando a Jaime alguna otra vez, en tr铆o con Domingo L贸pez.

Y luego supimos que ellos estaban complacidos con el trabajo de Los Muchos, y eso nos incentiv贸 mucho m谩s, y nos dio mucha fuerza, y creci贸 nuestro empe帽o. Siempre los he admirado, a ambos; a Mario, por esa impresionante segunda y por su inigualable golpe en el tiple; y a Jaime, por sus introducciones impecables y por su voz, y por ese sonido de su viol铆n, cuyas obras no se limitaban solo a la m煤sica colombiana. Cuando nos cruz谩bamos en alg煤n lugar, siempre pod铆a saber si Jaime me hab铆a visto ya cuando gritaba desde donde estuviera: 聯隆Como Puno, s贸lo hay uno!聰; y sent铆a algo de bochorno, pero de ese que se siente cuando uno es elogiado en p煤blico; es decir, bochorno de esos que uno s铆 quiere sentir. Por muchos momentos en su compa帽铆a me sent铆 orgulloso de comprender que Jaime era mi amigo, un hecho que siempre estuvo por encima de mis sue帽os.

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