Era el comienzo de la década de los 70 y el peso descomunal de los dos tomos de Anatomía Humana de Testut y Latarjet impedía a los primíparos despegar las pupilas de las incontables y delicadas piezas del rompecabezas del cuerpo humano. El tiempo se usaba, exclusivamente, gravando los vericuetos del esfenoides, los laberintos del plexo solar y las vías piramidales exigidas, con exactitud de relojero suizo, por el Maestro José Insignares Canedo.
Publicado por: Henry Vergara Sagbini
Era el comienzo de la década de los 70 y el peso descomunal de los dos tomos de Anatomía Humana de Testut y Latarjet impedía a los primíparos despegar las pupilas de las incontables y delicadas piezas del rompecabezas del cuerpo humano. El tiempo se usaba, exclusivamente, gravando los vericuetos del esfenoides, los laberintos del plexo solar y las vías piramidales exigidas, con exactitud de relojero suizo, por el Maestro José Insignares Canedo.









