Fernando Meneses y los eslabones perdidos de la nostalgia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

Miércoles 22 de Mayo de 2013
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Columnistas
2010-03-02 05:00:00

Fernando Meneses y los eslabones perdidos de la nostalgia

Fernando Meneses y los eslabones perdidos de la nostalgia
Era el comienzo de la década de los 70 y el peso descomunal de los dos tomos de Anatomía Humana de Testut y Latarjet impedía a los primíparos despegar las pupilas de las incontables y delicadas piezas del rompecabezas del cuerpo humano. El tiempo se usaba, exclusivamente, gravando los vericuetos del esfenoides, los laberintos del plexo solar y las vías piramidales exigidas, con  exactitud  de relojero suizo, por el Maestro José Insignares Canedo.

En aquellos primeros semestres cursados en la querida Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, el único “Corazón” que nos desvelaba era el de los pobres batracios, sacrificados sin gota de piedad ni de anestesia, en el laboratorio de Fisiología del Doctor Darío Morón.  Cuando llegamos a las áreas clínicas, conocí al doctor Adolfo Pareja Jiménez,   eximio pianista con bata de cirujano, y , a mi juicio,  quien  mejor mezclaba el pragmatismo de la ciencia médica con la dulzura de la música, la poesía, la literatura, el teatro y los pinceles, dándole de beber a cada una de sus alumnos sorbos del más genuino humanismo. -Muchachos-decía desde el pulpito de las bancas de cemento del Hospital Santa Clara-Para ser Médicos de verdad, estas son las claves infalibles: prepárense para ser los mejores;  vean en  cada paciente  el rostro de  su madre y  no olviden jamás que aquel que solo de Medicina sabe, ni de Medicina sabe.- Pero Fernando Meneses Romero, con la poesía tatuada a la totalidad de sus genes, no solo rendía cuentas a Hipócrates y a Galeno, sino también a los más grandes Juglares vallenatos de la época, quienes examinaban con ojo de recaudador de impuestos, la métrica, el tono y la magia de los cantos de amor germinados de su espíritu. Supe por primera vez de Fernando una mañana temprano, allá en la inolvidable Casa del Niño. Del  transistor de  la auxiliar de enfermería, fluyeron las notas del  “Momentos de Amor”, paseo  emblemático  del Binomio de Oro:

“Como nos duele cuando sabemos

Que el ser amado nos quiere

Pero hay razones que le impiden

Y no puede, demostrarnos

Que nuestros son sus quereres…

Atraído como por un imán, el grupo de estudiantes guardó silencio reverencial hasta cuando la voz nostálgica y profunda de Rafael Orozco y el acordeón embrujado de  Israel, dejaron escapar el ultimo acorde y la ultima queja de amor. -¡No joda! ¡Que berraquera! -gritó la auxiliar, victima del sortilegio provocado por la interpretación del Binomio. -Esa canción es de  mi hermano Fernando- exclamó sacando pecho Alfonso Meneses Romero, que, como él, también estudiaba Medicina en la Universidad de Cartagena, dos semestres adelantados. De inmediato afloraron sonrisitas de “notelocreo.”- ¡Lo juro!-gritó Alfonso, con todos los decibeles permitidos por el doctor Napoleón Franco Pareja. ¿ Acaso no escucharon  el saludo que nos mandó Rafa en esa canción?:

 

Publicada por
Henry Vergara Sagbini
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