En aquellos primeros semestres cursados en la querida Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, el único Corazón que nos desvelaba era el de los pobres batracios, sacrificados sin gota de piedad ni de anestesia, en el laboratorio de Fisiología del Doctor Darío Morón. Cuando llegamos a las áreas clínicas, conocí al doctor Adolfo Pareja Jiménez, eximio pianista con bata de cirujano, y , a mi juicio, quien mejor mezclaba el pragmatismo de la ciencia médica con la dulzura de la música, la poesía, la literatura, el teatro y los pinceles, dándole de beber a cada una de sus alumnos sorbos del más genuino humanismo. -Muchachos-decía desde el pulpito de las bancas de cemento del Hospital Santa Clara-Para ser Médicos de verdad, estas son las claves infalibles: prepárense para ser los mejores; vean en cada paciente el rostro de su madre y no olviden jamás que aquel que solo de Medicina sabe, ni de Medicina sabe.- Pero Fernando Meneses Romero, con la poesía tatuada a la totalidad de sus genes, no solo rendía cuentas a Hipócrates y a Galeno, sino también a los más grandes Juglares vallenatos de la época, quienes examinaban con ojo de recaudador de impuestos, la métrica, el tono y la magia de los cantos de amor germinados de su espíritu. Supe por primera vez de Fernando una mañana temprano, allá en la inolvidable Casa del Niño. Del transistor de la auxiliar de enfermería, fluyeron las notas del Momentos de Amor, paseo emblemático del Binomio de Oro:
Como nos duele cuando sabemos
Que el ser amado nos quiere
Pero hay razones que le impiden
Y no puede, demostrarnos
Que nuestros son sus quereres
Atraído como por un imán, el grupo de estudiantes guardó silencio reverencial hasta cuando la voz nostálgica y profunda de Rafael Orozco y el acordeón embrujado de Israel, dejaron escapar el ultimo acorde y la ultima queja de amor. -¡No joda! ¡Que berraquera! -gritó la auxiliar, victima del sortilegio provocado por la interpretación del Binomio. -Esa canción es de mi hermano Fernando- exclamó sacando pecho Alfonso Meneses Romero, que, como él, también estudiaba Medicina en la Universidad de Cartagena, dos semestres adelantados. De inmediato afloraron sonrisitas de notelocreo.- ¡Lo juro!-gritó Alfonso, con todos los decibeles permitidos por el doctor Napoleón Franco Pareja. ¿ Acaso no escucharon el saludo que nos mandó Rafa en esa canción?: