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Un oligopolio en su máxima expresión | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-03 05:00:00

Un oligopolio en su máxima expresión

Un oligopolio en su máxima expresión

Es más, ilustraría con precisión alemana algunas de las más cuestionables prácticas que suelen darse en situaciones de oligopolio, esas en las cuales una industria está dominada por muy pocos vendedores. Vendedores que lamentablemente suelen ponerse de acuerdo, bien sea para restringir producción o aumentar precios, contexto en el cual el consumidor final es el más perjudicado.

Para el caso nacional, las circunstancias, más que sospechosas, son evidentes. Durante los últimos años las fluctuaciones del precio del cemento han despertado más de una certeza que sin embargo, no han provocado la reacción de las autoridades correspondientes con la severidad necesaria para atender el caso.

Es que la disminución abruta de precios que se dio en los primeros años de este siglo, que terminó por sacar a los pequeños productores del mercado para luego, una vez consolidados sólo tres fabricantes, generar alzas que se sitúan muy por encima de la inflación, es el ejemplo clásico de una colusión.

Sí. En pocas palabras, en 2005 el bulto de cemento de 50 kilos alcanzó a costar 6 mil pesos luego de estar a 22 mil, situación que sacó a los pequeños productores de competencia, para luego saltar en menos de un mes a $12.500 el bulto y poco después a 22 mil. En el presente el bulto alcanza los 18 mil pesos.

A su vez, la Superintendencia de Industria y Comercio multó a los tres protagonistas, Cemex, Argos y Holcim con 2.700 millones de pesos, pero no es necesario ser experto en finanzas para calcular que esa suma es ridícula y fue cancelada fácilmente con las jugosas ganancias producidas por la estrategia.

Estrategia que vale la pena anotar, afecta primordialmente a los sectores más pobres del país, ya que al tener en cuenta que el precio del cemento equivale a un 25% de los costos de una obra, son entre otras las construcciones de vivienda de interés social las que se encarecen artificialmente, poniéndolas fuera del alcance de las clases más desfavorecidas.

En síntesis, la Superintendencia debería mantener un ojo permanente sobre las cementeras. Pero sobre todo, está en la obligación de ser mucho más estricta para impedir que se continúe cometiendo un atropello que no solo va en contra del desarrollo del país al levantar obstáculos para un sector de tanta importancia como el de la construcción, sino de los intereses de los más necesitados.

 

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