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Ahora, a vestirse despacio | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-03 05:00:00

Ahora, a vestirse despacio

Ahora, a vestirse despacio

Es que Uribe es ahora una marca registrada. ¿Quién será el dueño legítimo de la franquicia? ¿Será capaz la franquicia de impulsar a un mortal hasta la Casa de Nariño? ¿No se irá el electorado detrás de una nueva ilusión, de un nuevo héroe? Todo eso está por verse.

Vienen las elecciones al Congreso. Más allá de los insulsos y frecuentemente ridículos “mensajes” electorales propios de idiotas, en dos semanas sabremos si la institución legislativa continuará hundiéndose en un pantano de indignidad e incompetencia ética, o si hay algunos signos de rescate. Son pocas las esperanzas, realmente. Sabremos si las mayorías del próximo Congreso serán relativamente durables, si alcanzarán a quedar en una foto formal, o si serán, como ahora, una marea cuyos movimientos y volantines tienen precio.

En todo caso, el 15 de marzo arrancará de veras la campaña presidencial.  Todos los alfiles estarán dispuestos. Los elegidos se pondrán juiciosos a trabajar por su franquicia o por el nuevo mesías.

Y en junio vendrá el día del juicio. Será cuando la persona elegida se baje de los mensajes de inspiración y vehemencia y aterrice en las urgencias administrativas del Estado. Pero habrá algo por encima de todas ellas: Desde la Casa de Nariño debe irradiarse una nueva luz que deje ver una imagen más apacible, más ritual, más augusta del Estado y sus instituciones; el Estado de Derecho es una invención humana cuya creación y perfeccionamiento han costado muchas guerras, muchos dolores en todas partes del mundo.  La preeminencia del Estado de Derecho con todos sus abalorios no se logra mediante decretos u órdenes administrativas, sino que es el resultado de una cultura. De un modo de ser. De un talante que procede de las cúpulas del Estado. El tal Estado de Opinión no es más que una montonera que es proclive a la violencia, al atajo doloso, al abuso de poder. Lástima que haya sido Napoleón Bonaparte el autor de un chascarrillo sabio: “Vístame despacio, que estoy de prisa”.  Por no hacerle caso a esta sentencia, Bonaparte pudo ser un genial caudillo militar, pero fue uno de los tiranos más nocivos de la historia.

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