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Un viaje a Mompós | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-05 05:00:00

Un viaje a Mompós

Mi viaje a Mompós fue una verdadera caja de sorpresas. En primer lugar, me sentí perplejo por los indicadores económicos que periódicamente el gobierno está publicando en todos los medios de comunicación. Según ellos, el progreso de nuestro país en los últimos ocho años es acelerado y constituye una simbiosis entre lo económico y lo social. Pero en nuestro recorrido por la “vía al Mar” nos encontramos con una Colombia atrasada, pobre y totalmente estancada. En los veinte años que dejé de recorrerla, las comunidades por donde pasamos no han progresado absolutamente en nada.
Un viaje a Mompós

Los pueblos como Pelaya, San Martín o Guamal son unos caseríos sin pavimento con las basuras por las calles, los niños descalzos jugando con los cerdos y una sensación de desidia y desaseo. No entendemos cómo mientras en Medellín hay metro desde hace varios años, teleférico, túneles y viviendas de interés social, en los pueblos de nuestra amada costa parece como si no hubiéramos llegado al siglo XX. Ojalá que la providencia de la Corte Constitucional sea el comienzo de una nueva era de verdadero progreso económico y justicia social.

Mompós es una ciudad linda, habitada por gente de maneras aristocráticas y un gran sentido de la historia. Existen casonas de vieja tradición castellana y monumentos que agradan a la vista y hacen volar la imaginación. Bellos templos y el recuerdo de sus héroes como el poeta Candelario Obeso y el prócer Hermógenes Masa. Todavía se encuentran talleres de filigrana, arte en el cual son expertos los momposinos. Asistimos a sesión conjunta de la Academia de Historia de Santander y la de Mompos. Los historiadores momposinos, de maneras cortesanas, dentro de sus posibilidades, derrocharon en atenciones.

El académico Armando Martínez hizo una interesante exposición sobre la declaración de independencia de Mompós y expresó sus dudas sobre esta efemérides y mostró documentos pertinentes sobre la discusión. Seguidamente un ilustre momposino enseñó una documentación que según él, prueba que en agosto de 1810 Mompós se independizó de España. La sesión fue muy estimulante en medio del calor tropical y la sensación de estar en un mundo de esparcimiento y belleza caribeña. Pero la sensación de olvido es permanente. Pregunté por un “baño” y un ilustre académico de la región me manifestó que en ese momento en la Casa de la Cultura no había un lugar equivalente. Con gran gentileza me indicó que siguiera por un largo pasillo y al fondo había un pequeño solar y un maravilloso árbol. Hasta allá debía ir. Indudablemente, el realismo mágico de García Márquez sigue siendo la impronta de nuestro país.

 

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