No hay seguridad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-05 05:00:00

No hay seguridad

Una estrecha relación entre seguridad y bienestar suele establecerse en la percepción de la gente. Y claro, cualquiera que sea la concepción ideológica del Estado, todos coincidimos en que la organización institucional se justifica para mantener un entorno protector de la integridad física, libertades y bienes de la gente. A ello contribuye un aparato policivo y, desde luego, una estructura judicial eficiente.
No hay seguridad

En la medida en que las sociedades capitalistas se conforman de personas con diferentes grados de acceso a la satisfacción de necesidades esenciales, van apareciendo otras preocupaciones tan elementales para la supervivencia como la seguridad misma. Ya el manoseo diario al vocablo nos hace olvidar que un ciudadano no está seguro sólo porque en sus caminatas nocturnas encuentre un policía en cada esquina o porque al tomar una carretera se le anime a viajar tranquilo “porque su ejército lo cuida”; es más, en ciertas condiciones –y dudo que las actuales disten mucho de eso- un ciudadano desposeído o anónimo debe tener más miedo cuando se tropieza con un agente de seguridad del Estado.

El solo fortalecimiento de la fuerza pública brinda represión ante la ola criminal, pero a la postre, cuando ocurran los desmanes (y siempre se dan si no hay justicia), habrá más inseguridad. La tal “seguridad democrática” es simplemente actitud política firme de fortalecimiento de la fuerza pública, incluso con ayuda internacional; no es ningún invento extraordinario. Un ciudadano sin acceso completo a salud y protección social, enfrentado a un sistema judicial lento e ineficaz y sin oportunidades de educación, no está seguro de nada. La minoría que puede pagar por salud y educación, también es la que obtiene justicia por sus propios medios e, incluso, seguridad “policiva” pagada. ¿Ven? Es un círculo vicioso. La mayoría, la clase media, los profesionales y trabajadores, se enfrentan a una realidad francamente aterradora. La “seguridad social” –de la que todo el mundo se olvidó por creer en esa rimbombante y vacía etiqueta de la “seguridad democrática”- está muerta. Si los decretos de emergencia social profundizan la crisis de la salud, parece que la revocatoria o caída de los mismos acarrearía el derrumbamiento del sistema. Por eso es tan triste que en la campaña electoral campee la ausencia de imaginación en la presentación de soluciones a los gravísimos problemas de seguridad que hoy enfrenta la gente.

 

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