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Vivir entre una bodega | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-07 05:00:00

Vivir entre una bodega

Jorge Enrique Caballero es quiz√° el desplazado que m√°s tiempo lleva viviendo dentro de las bodegas del barrio Caf√© Madrid. En esas cajas oscuras donde se guardaba la mercanc√≠a que transportaba el antiguo ferrocarril, hoy se acomodan entre 15 y 20 familias por bodega. Jorge Enrique lleva 8 a√Īos esperando que lo reubiquen. As√≠ vive.
Vivir entre una bodega

Jorge Enrique vive en la bodega n√ļmero 1 del antiguo ferrocarril. Es barrendero y desde hace tres meses termina su jornada a las 3 y 30 de la tarde. A su bodega, donde se acomodan 17 familias, le siguen una hilera de bodegas que ocupan el espacio de una cuadra. Todas est√°n llenas de desplazados.

Por dentro, las bodegas son oscuras y altas. Muy oscuras. Cada una tiene una gran puerta de acceso, como las de los locales comerciales, que se abre temprano en la ma√Īana y se cierra a las 11 de la noche. As√≠ que literalmente, quienes han levantado all√≠ sus ¬Ďcambuches¬í viven dentro de cajas que se parecen a casas s√≥lo porque tienen 4 paredes.

Pero estas paredes se multiplican casi a diario con ¬ďlos otros¬Ē, que no terminan de llegar.

El ¬Ďcambuche¬í de Jorge Enrique lo levant√≥ su pap√° hace ocho a√Īos con tablas y latas. Lo adecu√≥ como pudo para los cinco integrantes de la familia que salieron huyendo de Tib√ļ en Norte de Santander, en una √©poca tan violenta que los campesinos, en medio de la fuga, eran agobiados con retenes de los grupos armados ilegales.

Hasta tuvo que pelear con la administraci√≥n de turno para que le adjudicaran un pedazo adicional donde ubicar una nevera peque√Īa y unos pocos trastes de cocina.

Pero hace ya 14 meses que el pap√° de los Caballero muri√≥ de una enfermedad que Jorge Enrique no sabe explicar. Por eso, este hombre de 38 a√Īos, soltero, el hijo mayor de la familia, ha intentado retomar todos los tr√°mites que alcanz√≥ a realizar su pap√° para obtener una vivienda por ser desplazado. Sin embargo, est√° a punto de darse por vencido. ¬ďCuando √©l muri√≥ toda nuestra lucha se estanc√≥, y yo no entiendo mucho de estos tr√°mites¬Ē, dice.

Un reguero de ropa

Cuando Jorge Enrique entra al ¬Ďcambuche¬í, cuidadosamente asegurado con un candado y una cadena ¬Ėtodos en el lugar lo hacen-, no hay mucho para ver. Pegada a la puerta est√° la √ļnica habitaci√≥n, donde duerme en el d√≠a una ni√Īa peque√Īa, hija de su hermana y en la noche, su mam√° y un hermano.

Luego se ve un corredor angosto que lleva a la nevera. En la habitación, en el corredor y en el sector de la nevera hay ropa colgada por todos lados, un bombillo que no sirve y un plato de raviolis.

Al espacio de Jorge Enrique se llega por una escalera pegada a la habitaci√≥n. Es el segundo piso del ¬Ďcambuche¬í. All√≠ est√° su cama, peque√Īa, y mucha m√°s ropa que se mezcla con cajas de ch√©cheres viejos. Muchos han optado por un segundo piso como un recurso ante tanta escasez.

Eso es todo.

Afuera, al lado de su ¬Ďcambuche¬í, tal vez por una cuesti√≥n de buena suerte, est√°n los dos √ļnicos ba√Īos que utilizan las 17 familias que all√≠ viven.

Entonces, ya saliendo, en medio de unos callejones oscuros y diminutos que dividen la bodega, Jorge Enrique empieza a caminar lento y se acuerda de la tierra que abandon√≥ en Tib√ļ hace ya 11 a√Īos y del miedo que a√ļn tiene de regresar. ¬ďNos vinimos porque no sab√≠amos lo que pod√≠a pasar. No nos hab√≠an amenazado directamente, pero el conflicto entre paramilitares y guerrilleros dejaba muertos todos los d√≠as. Y esa situaci√≥n la aguantamos s√≥lo por seis meses¬Ē.

Llegar a Bucaramanga no fue f√°cil. Lo hicieron en un doble troque, sin trasteo. Vivieron de arriendo, montaron una tienda en Morrorico hasta que lograron el espacio en la bodega, pero nada m√°s ha pasado.

La intolerancia

Una de sus vecinas,¬† Janet Fl√≥rez, aprovecha las horas de la tarde para lavar la ropa de sus hijas y evitar la congesti√≥n de la ma√Īana. Es una mujer callada.

Ella repite que no hay servicio fijo de luz dentro de la bodega. ¬ďNos toca pegarnos de un poste y el agua para uso personal la sacamos de los lavaderos¬Ē. Tampoco tienen cocinas dentro de los ¬Ďcambuches¬í. Son comunales, pero este es otro problema. Algunos se aprovechan de los que no tienen voz ni voto.

Jorge Enrique vuelve al tema de su pap√°. ¬ďYo lo acompa√Īaba siempre. En Morrorico duramos dos a√Īos pero √©l no estaba orientado sobre c√≥mo acceder a los beneficios por ser desplazados. Sin embargo lo logr√≥. Mientras yo atend√≠a el negocio, mi pap√° peleaba el lote. No sab√≠an a d√≥nde mandarnos hasta que llegamos a las bodegas, fuimos de los primeros¬Ē.

Janet lo escucha con atenci√≥n. Ella lleva dos a√Īos viviendo en las bodegas. Lleg√≥ desplazada desde Sabana de Torres. Su ¬Ďcambuche¬í est√° justo encima del de su hermana. Es mucho m√°s peque√Īo que el de Jorge Enrique y ah√≠ vive con su esposo y tres hijas, una de ellas adolescente.

Para entrar, también por el mismo sistema de la escalera, se sube por un espacio que no supera los 50 centímetros de ancho. Arriba, perfectamente organizado, hay un camarote, una nevera y un televisor.

En medio de la semioscuridad que reina parte del d√≠a y durante la noche, Janet acepta que la convivencia entre tantas familias es complicada. ¬ďLa √ļnica forma que tengo para cuidarme es mantenerme encerrada. Muy poco salgo. A las ni√Īas las tengo en el comedor escolar porque acceder a una de las cocinas puede convertirse en un problema¬Ē.

Para comprar un bombillo, por ejemplo, recolectan 100 pesos por familia, pero lograrlo no es f√°cil. ¬ďAhora estamos sin un l√≠der. Y cada cual act√ļa como quiere. A las 11 de la noche cierran el gran port√≥n, pero hay una puerta alterna para los que llegan tarde. Por eso yo echo candado en mi rancho, pongo una cadena y me encierro¬Ē.

Ahora es Jorge Enrique quien se queda callado. Sólo dice que hace lo propio con su carrito de basura para poder sostener a su mamá. De lo demás no opina. Sale de la bodega y se recuesta sobre una baranda que atraviesa a todas las bodegas. Tal vez un viejo vestigio del antiguo ferrocarril. Allí si hay luz. Otros de sus vecinos hacen lo mismo.

Janet se despide mientras sigue con su oficio en el lavadero. Entre susurros se le entiende que dice: ¬ďYo pido a Dios que me ayude para poder irme¬Ē.

M√ĀS Y M√ĀS DESPLAZADOS

Luis Alfonso Contreras, presidente de la Junta de Acci√≥n Comunal del barrio Caf√© Madrid, explica que el lote junto a las bodegas fue el primero a donde llegaron las familias desplazadas. ¬ďLa primera invasi√≥n fue durante la Alcald√≠a de Fernando Cote Pe√Īa (1998), pero en ese tiempo las bodegas no se tocaban. Incluso hasta hab√≠a Polic√≠a¬Ē.

Seg√ļn Contreras, cerraron el lote pero volvi√≥ a llenarse y esta vez s√≠ ocuparon las bodegas. ¬ďLuego, en 2004, se decidi√≥ construir la primera etapa del proyecto La Estaci√≥n en la cancha del barrio¬Ē.

Hubo grandes enfrentamientos, pero la comunidad acept√≥ con la condici√≥n de que los que estaban en las bodegas ser√≠an los primeros beneficiados. Y esto ocurri√≥, en parte. ¬ďQuer√≠amos que se derrumbaran las bodegas para hacer m√°s apartamentos. Pero hoy en d√≠a no se puede desarrollar la segunda fase del proyecto porque las bodegas est√°n habitadas nuevamente¬Ē.

Y el problema no es solo en las bodegas. Tambi√©n hay desplazados ubicados en el sector de La Playa, en El T√ļnel, en Los Corrales, en El Cable, en Uni√≥n, y hasta detr√°s del colegio del barrio.

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