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Los muertos del Universal | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-07 05:00:00

Los muertos del Universal

La de Jesús Novoa Ruiz no fue una exhumación más. El jueves en la mañana, Sara, su hija menor,  una mujer que supera los 70 años, se mostró desconcertada ante la escena de un sepulturero rompiendo la bóveda donde fue enterrado su padre.
Los muertos del Universal

Nunca pensó que después de tantos años, 57 con exactitud, los restos de don Jesús, el “iniciador, fundador y administrador del Cementerio Universal”, según constaba en la lápida que alguien se robó, terminarían en una bolsa plástica y que para guardar sus cenizas tendría que buscar otro espacio donde, ahora sí, descansara en paz a estas alturas de la vida y de la muerte.

Junto a ella, que se protege la boca y la nariz con un pañuelo, están otras mujeres y dos hombres, todos familiares de don Jesús, que esperan en silencio a que el sepulturero termine su trabajo.

En el panteón de la familia hay enterradas cuatro personas más. Tres hermanos y la esposa de don Jesús.

Sara se aleja del sepulturero y se lamenta de lo que ve a su alrededor. Ruinas. Y resulta paradójico. En medio de tumbas ostentosas labradas en piedra y recubiertas de mármol, rejas forjadas y hasta bustos, la maleza hace rato se apoderó del legado ilustre de sus moradores. La culpa también la tienen los ladrones, que poco a poco se han ido llevando todo. Todo.

Don Jesús, un reconocido comerciante de madera de la ciudad a comienzos del siglo XX, fue quien compró el terreno e inauguró el Cementerio Universal hace exactamente 100 años. Lo hizo para que allí fueran enterrados todos aquellos que eran rechazados en el Cementerio Católico por profesar otros credos o tener ideales políticos diferentes al conservador. Don Jesús era católico, pero un católico liberal.

Alfonso Gómez Gómez, uno de los intelectuales más destacados de Santander y que hizo parte de la junta que entró a administrar el Cementerio luego de la muerte de don Jesús, explica que “lo patrocinaban personas libres y de buenas costumbres para albergar a los que el sectarismo religioso de la época no dejaba enterrar en el Cementerio Católico”.

Eran personas que no se sometieron a lo dispuesto por Pío Nono o Pío IX, que  lideró la iglesia Católica durante 31 años (1846-1878). “Fue muy sectario, estableció unos procedimientos atentatorios de todas las libertades que no favorecieron la unidad cristiana”, dice Gómez Gómez.

Ese sectarismo terminó durante el papado de Juan XXIII, sólo hasta la década de los 60, y “por eso el Cementerio Universal no le negó la entrada a nadie”, dice Sara Novoa.

Alfredo Cifuentes, quien actualmente es el encargado del Cementerio, labor que ha cumplido durante los últimos 36 años (mucho antes estuvo al frente su padre), dice que el sectarismo llegaba a tales extremos que en un acta de defunción que reposa en los archivos del cementerio, aparece la nota de un cura que le negó el entierro a un hombre que fue encontrado muerto “en la casa de su concubina”.

Pero además de los liberales de principios del siglo XX, masones, adventistas, presbiterianos y testigos de Jehová, el Universal también albergó a suicidas, prostitutas, soldados de la guerra de los Mil Días, artistas, gitanos, toreros, misioneros, y extranjeros.

El primer entierro se realizó en 1911 y el último en 2005, cuando Cifuentes decidió cerrar el cementerio ante el primer aviso de la construcción del Viaducto de La Novena.

militares y líderes

El general Pedro Rodríguez llegó al Universal seguido de una procesión que bajó por toda la calle 45 hasta las puertas del cementerio. El general había muerto en 1907 pero los restos los trasladaron al cementerio en 1926.

Rodríguez fue prefecto de la provincia de Soto, cuya capital era Bucaramanga, lo que vendría a ser como el comandante de las fuerzas militares de la época, justo cuando sucedieron los hechos violentos que protagonizaron durante tres días los artesanos, cuya sociedad era llamada despectivamente “Culebra Pico de Oro”, en 1878.

Eran los tiempos de la candidatura de José Hilario López a la presidencia de Colombia, cuando el liberalismo creó las llamadas Sociedades Democráticas, que agrupaban a artesanos y jóvenes inconformes que buscaban quitarle al clero y al partido conservador su poder absoluto. El general Rodríguez fue nombrado directamente por el general Solón Wilches, presidente del Estado Soberano de Santander. Fue su amigo y compañero de armas. Alfredo Cifuentes recuerda que siempre le traían a su tumba una corona de Siempre Vivas.

En este camposanto también reposan los restos de Ambrosio López, quizás unos de sus más ilustres moradores. Sastre de profesión, fue el abuelo de Alfonso López Pumarejo y bisabuelo de Alfonso López Michelsen, que en sus Memorias cuenta que fue un protegido del General Santander y precursor de las ideas sindicalistas y de los artesanos, tan famosas en el siglo XIX así como en la Constitución de 1886. Fue él quien donó los terrenos para construir el Parque de Los Niños.

Hoy, la lápida de su tumba, en tierra, se ve a medias por la maleza, donde se lee en letras mayúsculas labradas sobre piedra, solamente su nombre. La tumba está coronada por una particular piedra de gran tamaño, que según Cifuentes fue traída a lomo de mula desde Vetas.

Allí también yacen los restos de Rogelio Ayala Rojas, conocido en Santander como “El líder”, uno de los últimos políticos enterrados en el Universal. Fue liberal de izquierda y diplomático, que fundó junto a Horacio Serpa Uribe el Frente Izquierda Liberal Auténtico, Fila. Su tumba se encuentra intacta aunque las letras de su nombre ya no están. En el panteón de la familia, que es subterráneo, se ven sobre el piso unas enormes lozas de mármol gris bajo las cuales están sus restos. Ayala nació en Cepitá y murió en un accidente de tránsito en el barrio Lagos.


OTROS ILUSTRES y algo más

* Daniel Peralta. Fundador de la Clínica Bucaramanga, que fue inaugurada en 1949.

* Gertrude S. de Larsen. Nació en octubre de 1908 y murió en 1938, en el parto. Era esposa de un destacado misionero danés.

* Está uno de los hermanos Piza, gestores del acueducto de las Tres B (burro, barril y bobito), que funcionó en Bucaramanga cuando el agua se sacaba de la Chorreras de Don Juan. “Él le llevaba el agua a doña Ema Lulle de  Ardila, la mamá de Carlos Ardila Lulle”, recuerda Cifuentes.

* Santa Fe Novoa fue hijo del iniciador del Cementerio y fundador de Copetrán.

*Adán Fernández Giraldo trabajaba en la Texas cuando murió decapitado por las hélices de un helicóptero en 1967.

* Fermín Gil fue el hombre más rico de Girón en la década del 20. Compraba la mayor parte de las cosechas de café y cacao. Murió en 1928 y su tumba es una de las más pomposas.

* Lázaro Soto. Abuelo de Nini Johana Soto, Señorita Colombia (1980) y Virreina Universal (1981).

* Nubia Ofir Ríos. Prostituta pereirana a la que muchos le atribuyen milagros. Aparentemente se suicidó. Su tumba fue la más visitada del cementerio.

* Pedro Moncotini. Arquitecto y diseñador del Club del Comercio, que fue construido en 1821.

* Hay una tumba con las iniciales D.P. cuya fecha de entierro es 1918. Existe la creencia de que sus restos serían a David Puyana. Sin embargo, Alfonso Gómez Gómez, lo descartó. “No creo, él era católico”.


TORERO, ESPIRITISTA Y GITANO

El encargado del cementerio afirma que la tumba identificada con el nombre de Antonio de Pastrana, corresponde a un torero español que fue el primero de alternativa (una ceremonia especial que realizan los matadores), que vino a la ciudad, donde se quedó a vivir. Murió en 1933, a los 93 años. “Le conocí una nieta que lo visitó una única vez”, dice Cifuentes. Su tumba fue hecha en piedra y tiene forma de ataúd. Aún se conserva.

Cerca al torero está la tumba de Blas Hernández Ordóñez, quijote del espiritismo en Colombia y fundador del Centro Alba Luz.  Pero además de creer en la doctrina de los espíritus, fue también director de Vanguardia Liberal, de la Escuela de Artes y Oficios en Santander y Secretario de Gobierno en 1930. Dejó para la literatura local el libro Ciudad de Dios. Murió en 1932. Allí también está la gran tumba que le hicieron en 1961 a Jorge Mendoza, jefe de uno de los clanes de gitanos que acampaban no sólo en Girón sino en la Puerta del Sol y el barrio La Concordia. Cifuentes recuerda que el entierro fue muy pomposo y que por primera vez se realizó una ceremonia con tres curas, que sólo acompañaron la procesión hasta la puerta del cementerio. “Sospecho que es el único muerto que puede estar enterrado con trasteo”, dice Cifuentes. Era muy visitado; incluso los deudos se sentaban sobre la tumba, cubierta, y allí pasaban largas horas consumiendo alcohol.

 

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