Una campeona entre ‘blancas’ y ‘negras’ | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-31 01:43:41

Una campeona entre ‘blancas’ y ‘negras’

La belleza y las maneras de la joven ajedrecista Natalia Andrea Santos Morales, parecen aprendidas en otra época. Ella es como una princesa que vino cabalgando desde los tiempos de reyes, torres, peones y alfiles. Es alegre y tranquila; seria y disciplinada, cualidades armonizadas que se dejan ver con mayor claridad cuando está al frente del tablero del deporte que la ha hecho campeona.
Una campeona entre ‘blancas’ y ‘negras’

El año pasado, Natalia fue distinguida por el Instituto Departamental de Recreación y Deportes –Indersantander-, y por el Instituto de la Juventud, el Deporte y la Recreación de Bucaramanga –Inderbu-, como una de las mejores deportistas de los juegos intercolegiados.

También recibió el premio Acord 2007 como Deportista del año, otorgado por el Instituto Colombiano del Deporte y la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos.   

En julio de este año se apuntó el subcampeonato en los torneos nacionales “Activo” y “Blitz”, torneos oficiales de la Federación Colombiana de Ajedrez. Ese mismo mes, en la cuarta partida del XIX Torneo Panamericano de Ajedrez que se disputó en Córdoba, Argentina, estuvo a punto de vencer a la campeona peruana Deysi Estela Cori.

“En la mitad de la partida tenía una leve ventaja que me daba tranquilidad, pero en una desconcentración perdí. Sin embargo, puedo decir que iba dispuesta a ganar”.
Esta determinación por el triunfo no abarca toda la vida de Natalia, ni la totalidad de sus intereses. Incluso, cuando se la ve por primera vez en su casa, recién llegada del colegio, no resulta tan fácil enmarcar estas palabras en su rostro angelical adornado con un halo de cabello negro que parece querer escaparse de la liga que lo sujeta.  

“Algunas veces los deportistas que entrenan desde muy temprana edad se presionan a sí mismos en una obsesión por vencer y ser los mejores, que no les permite disfrutar de otros aspectos de su vida. Es evidente que estos deportistas tienen una inteligencia kinésica superior, pero en algunos momentos de sus vidas pueden llegar a perder el control”, explica el doctor Santiago Salmudena, psicólogo PhD. en habilidades especiales y profesor de la Universidad de La Sabana en Bogotá.

En su vida cotidiana, en la cual se mantiene siempre ocupada, Natalia parece hacer las cosas con mucha facilidad, sin el esfuerzo que se pensaría en una deportista de su nivel competitivo.

Puede pasar de una actividad a otra sin que eso implique un sacudón fuerte en su atención o en su concentración y la sonrisa le sale fácil y sincera con las personas que la rodean.

La casa donde vive con sus padres es pequeña, pero se acomoda a sus necesidades. Es hija única y por tanto, dispone de un espacio donde se levantan imponentes las fichas del ajedrez y donde practica el violín.

Ah, sí. Natalia es una verdadera cajita de sorpresas y cuando se descubre que además de ser una ajedrecista de alto nivel, toca el violín, el piano, escribe cuentos, dibuja y practica –con medallería incluida-, la natación, es muy difícil que se dude de su talento genial.
Ella lo sabe, sus padres lo saben y el entrenador de ajedrez de la Liga, Wilson Castro Méndez, así como su profesora de piano María Luisa Peña, también lo notan. Y se lo repiten constantemente. Pero ella no se deja tentar por el poder de las palabras.

Disfruta, simplemente, y cuando se le pregunta por su desempeño sus respuestas son sencillas, nada presuntuosas.
Aunque claro, cuando se le interroga por alguna particularidad del ajedrez, del piano, del violín o del dibujo, responde con toda propiedad, como si fuera una adulta y dejando entrever su larga experiencia.

Natalia es una dualidad. Así como las teclas del piano y el tablero de ajedrez están divididas entre ‘blancas’ y ‘negras’, así la personalidad de Natalia se apropia del ambiente en el que esté y pasa fácil y sin traumas de ser una determinada deportista a una inspirada intérprete o a una tranquila estudiante de décimo grado.

Una vida sencilla

Natalia se sienta en la sala de su casa. Apenas cuenta con unos minutos para charlar gracias a que las circunstancias le robaron sus clases a la profesora de piano, -quien se siente indispuesta- y a su profesor de violín, quien está fuera del país.

“Empecé desde los seis años a jugar ajedrez y con la música alternativamente. He llevado un proceso paralelo”, explica Natalia.
“Ella es muy centrada y muy disciplinada en lo que hace. Gran parte de esa disciplina se la debe a su mamá”, explica la profesora María Luisa, quien lleva 20 años como profesora de piano. Desde los seis años le enseña a Natalia Andrea la forma de tocar las teclas blancas y negras, que combinan a la perfección con los colores del tablero de ajedrez.

Pero ella no recuerda exactamente la razón por la cual empezó a practicar estas actividades. “Mis papás fueron los que me iniciaron”, dice.
 A su lado, paseando de un lado a otro, pendiente de cada detalle, está Cecilia Morales.

La mamá de Natalia es su principal sostén e impulso.
Natalia camina hasta su estudio, seguida de su mamá. Cecilia está orgullosa de su hija, es su admiración y su todo.

El cuarto que ejerce las funciones de estudio es pequeño. Allí caben el ajedrez, algunos libros bastante gruesos de ciencia ficción –“cuando ella se pone a leer se le olvida todo, hasta comer”, explica Cecilia- y un violín que le trajo su profesor desde Polonia. Una obra de arte.
Ahora mismo, Natalia está embebida en la lectura de La Daga, de Philip Pullman.

-¿Cómo supo que Natalia tenía tantas habilidades y tan diversas?
-Yo pienso que es una bendición de Dios. Son talentos que Dios le dio a mi niña. Desde pequeña me llamó la atención la música y quise que ella aprendiera también. Ella desde un principio mostró dedicación, atendía sus clases. La iniciamos con la flauta y luego con el violín. Los maestros me decían que ella tenía un gran oído musical”.
Los dos instrumentos marcarían su interés musical con tan buenos resultados, que Natalia Andrea se animó a participar  este año en el Festival Infantil de Piano.
-¿Usted sabe que ella tiene unas capacidades especiales, que es diferente a otras jóvenes de su edad?
-Sí, claro y más con relación a sus compañeras de edad. Son niñas que andan con novios… su ambiente es diferente. Mi hija es diferente, no  habla de chicos… es muy niña. Es muy seria, se da a respetar. Ella es muy tranquila, sus tiempos libres los dedica a pintar, a escribir.
Diagonal a ese cuarto-estudio, tiene otro en el que practica sus otras habilidades: la escritura y la pintura.
Su mamá quiere mostrar todas sus obras, pero Natalia selecciona en medio de risas, como cualquier adolescente, las que prefiere mostrar.
“La luz de la gran estrella ya se colaba por mis ojos entreabiertos, me sentía cansado, la banca de cemento que esa noche había servido de cama, no era precisamente muy cómoda. Definitivamente, el colchón verde natural era mi preferido.
“Todavía dudaba en levantarme,  con un chapuzón de agua fría lavé mi rostro somnoliento. Cosa de rutina, el dormir en el parque conllevaba que el celador fuera el primero que me diera los buenos días y me echara de allí”.
Las palabras anteriores pertenecen a uno de los textos de Natalia. Y una cara afilada, con ojos grandes y con las extremidades cortas, corresponde a uno de los dibujos de anime que le fascina hacer.
“Empecé a ver videos de anime y desde allí me gustó pintar. Me gusta Sakura Carts Captors” y tengo varias películas de anime japonés.
El día de su fiesta de 15 años fue con sus padres a ver una película y a comer helado. Sus compañeros le preguntan por sus escasas salidas, pero como ya saben que ella es diferente, no la molestan y la comprenden.
 
En el ‘cole’

Natalia Andrea estudia en el colegio Nacional de Comercio de Bucaramanga. Un plantel que en la década del sesenta y setenta fue muy importante en la capital santandereana.
Una de sus amigas más cercanas es Cindy. Son totalmente diferentes pero a fuerza de compartir el mismo pupitre en el salón, han llegado a trabar una amistad muy estrecha.

“Coincidimos en muchos gustos y por eso nos llevamos bien. A mí me gusta escuchar el piano y a ella le gusta tocarlo. Hablamos de instrumentos y de artistas como Alicé, una cantante francesa”, comenta Cindy.

El futuro

Después de dar un tour por su casa y por las diferentes actividades a las cuales dedica su tiempo, Natalia finaliza su recorrido en su cuarto, adornado con ositos y donde se prepara para su siguiente actividad del día: la natación.
“Los profesores le dijeron en el colegio que además del ajedrez, ella debía practicar un deporte físico. Entonces escogió la natación, pero le fue tan bien que incluso ganó una medalla, entonces ya no permiten que ella compita porque no puede hacerlo en dos deportes a la vez”, cuenta Ligia.

Cuando las cosas no van del todo bien en casa o cuando simplemente tiene ganas de conversar sobre el futuro, Natalia acude a su tía Chela Morales, quien vive en Bogotá.
“Ella es muy responsable, muy esforzada y valiente. Como la mayoría de las personas a las cuales les gusta el ajedrez, tiene un temperamento solitario. A pesar de ser hija única y consentida, Natalia es generosa y en algunas ocasiones actúa como una persona mayor”, señala su tía.

Chela reconoce la compenetración de Natalia Andrea con sus padres. “Pienso que ella viene de una buena cosecha y que ha recibido una buena educación por parte de mi hermana y de su esposo –el padre de Natalia, Luis Santos”.
Son las seis. Su mamá señala discretamente el reloj porque es hora de que Natalia reciba su clase de natación.
-¿Qué quiere hacer cuando termine la secundaria?
-Quiero seguir con la música. O tal vez estudiaría otra carrera, pero aún no lo sé.

“Me gusta el ajedrez porque es un deporte en el cual hay que tomar decisiones. Uno tiene varias opciones y uno tiene que escoger la que crea que es mejor. La música para mí es como relajarme… quisiera seguir con la música más adelante”.
Natalia aborda el taxi que conduce su papá y en compañía de su mamá toma su próximo destino.

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