Un tema de nunca acabar | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-12 05:00:00

Un tema de nunca acabar

Un tema de nunca acabar

La  prueba ácida será el domingo entrante y los hechos señalarán si el censo electoral se hizo con seriedad o no, si atinadamente o no se escogió a los nuevos contratistas y si éstos pudieron o no entregar oportunamente los resultados a la opinión pública y a los medios de comunicación.

Cosas hay para analizar al respecto, pero es prudente confrontar la información que se cuela por las rendijas con los hechos del próximo domingo.

Preocupan los nubarrones que hay sobre la Registraduría. Ojalá la próxima semana no haya lluvia de excusas y justificaciones que traten de remendar lo que ha podido no ocurrir.

Por otra parte, Colombia vive por estos días el mismo cúmulo de comentarios y cábalas que cada cuatro años ronda el ambiente; padece el mismo torrente de promesas electorales irrealizables hechas por  candidatos que o bien ignoran cuáles son las funciones de los congresistas, o creen que el electorado tiene una patología semejante a la de Simón el Bobito. Y al igual que cada cuatro años, en la lista de candidatos hay ciudadanos bien intencionados que luchan a brazo partido para que la gente vote a conciencia y el país pueda tener un Congreso digno.

Desafortunadamente, la semana entrante, como sucede cada cuatro años, se comentará con amargura que el ciclo se volvió a repetir, que las maquinarias y los vicios electorales volvieron a hacer su agosto, que al Congreso llegaron muchos que dejan qué desear y que un buen número de esfuerzos individuales, encomiables, se ahogaron ante el peso de las clientelas y las maquinarias. Y la prensa hará, otra vez,  crónicas de unas elecciones desastrosas pero anunciadas.

La composición que tendrá el nuevo Congreso desde ya se vislumbra sin necesidad de ser una pitonisa. Pese a todas las recomendaciones, se votará por los mismos, el hacer política “en cuerpo ajeno” dará resultado, será evidente que el elector padece letales enfermedades y los vicios de los congresistas serán otra vez fuente de escándalos. Nuevamente la Justicia deberá, a medias si es que lo hace, corregir lo que los colombianos no fueron capaces de evitar en las urnas.

Las leyes, en tanto, se seguirán aprobando a pupitrazos, las mayorías parlamentarias serán manejadas por el Presidente de turno (como ha ocurrido en los últimos 25 años), el ausentismo campeará y los parlamentarios continuarán  deambulando por los ministerios y despachos públicos en busca de puestos y contratos.

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