La autocrítica presidencial | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-31 02:54:05

La autocrítica presidencial

Suele suceder que los conversos, o quienes abandonan una creencia, grupo, secta o cofradía, se convierten en los críticos más acérrimos de sus anteriores convicciones, así como en detractores de sus antiguos compañeros.
La autocrítica presidencial

Pasa tanto con izquierdistas juveniles que se convierten en embajadores de extrema derecha, como con católicos que se vuelven ateos militantes o con discípulos del Opus Dei que al retirarse de la secta publican novelas denunciando los excesos de sus maestros.

Algo similar le sucede al presidente Uribe con el Partido Liberal. Después de haber militado muchos años en este partido, después de haber sido uno de sus más destacados dirigentes, después de haber ocupado en su representación muchos cargos públicos tanto de elección popular como de nombramiento directo, el Presidente ahora no ahorra críticas y ataques contra el liberalismo al que identifica como su principal adversario político.

El más reciente episodio se dio en los debates por la vinculación del hermano del Ministro del Interior con organizaciones de narcotraficantes y las visitas de asesinos paramilitares y sus abogados a la “casa de Nari” para confabular contra la Corte Suprema. Después de que los medios de comunicación revelaran estos vergonzosos hechos, varios dirigentes liberales los cuestionaron, exigieron explicaciones o sanciones políticas a los funcionarios implicados y reiteraron su respaldo a la Corte.

La respuesta del Presidente fue arremeter contra el “liberalismo oficialista”, pero no con argumentos frente a los hechos sino que, para desviar la atención de la opinión pública y crear cortinas de humo que ocultaran los escándalos de su propio gobierno, revivió historias bochornosas de anteriores gobiernos liberales, como la fuga y persecución de Pablo Escobar o el fortalecimiento de los paras y la guerrilla. Pero con su ojeriza antiliberal, olvidó decir que cuando más creció la guerrilla fue en el último gobierno de su actual partido conservador, en el que fueron protagonistas centrales sus Ministros del Interior y de Defensa.

El problema de las críticas de los conversos a sus antiguos compadres es que muchas veces acaba siendo una autocrítica, porque el converso participó con entusiasmo y defendió con vehemencia lo que ahora rechaza. Por ejemplo, cuando sucedió el el caso de Pablo Escobar el partido Conservador hizo un fuerte debate en el Congreso contra el gobierno del presidente Gaviria, pidiendo la renuncia de su Ministro de Justicia. Uno de los principales críticos era el entonces senador Fabio Valencia, y el gran defensor del gobierno liberal era un joven senador llamado Alvaro Uribe Vélez, para quién “la política de sometimiento a la justicia era necesaria y sigue siéndolo”, según dicen los periódicos de esa época. También dicen esos periódicos que el senador Uribe en todo este proceso se ha caracterizado por defender la actuación del Gobierno junto al también liberal Luis Guillermo Giraldo.

Otro hecho relacionado con las autocríticas presidenciales es una cuestionada reunión que sostuvieron en esos meses políticos antioqueños con la esposa de Pablo Escobar para negociar la nueva entrega del capo a la justicia. De nuevo aparece en las noticias el senador Uribe Vélez, esta vez como el promotor de la reunión, justificando su mediación como un intento de disminuir la violencia terrorista que estaba golpeando al país. El senador rechazaba las amenazas terroristas del capo porque “el gobierno del presidente Gaviria ha dado pasos importantes que están vigentes, como la no extradición…”

Respecto de la responsabilidad de los gobiernos del “oficialismo liberal” en el crecimiento de los paramilitares, también hay que recordar que los cuestionamientos más fuertes se hicieron en el caso de Antioquia en el período del gobernador Alvaro Uribe, elegido por el partido Liberal, sin que nunca se probara nada contra este gobernador. ¿Será que el Presidente quiere reabrir este debate?

Es entendible que uno cambie de creencias u opiniones políticas y que critique las actuaciones de antiguos camaradas, pero hay que tener cuidado cuando las críticas a otros son más bien autocríticas

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