Publicidad
Vie Jun 23 2017
21ºC
Actualizado 07:15 pm

Paisaje de Mit√ļ en ojos acuosos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-13 02:41:39

Paisaje de Mit√ļ en ojos acuosos

No sabr√° m√°s de las calles polvorientas y rojizas. De las casas de madera s√≥lidas de tanto guardar secretos. Del esplendor de los atardeceres y las puestas de sol y los p√°jaros de voces multicolores sobre el silencio de la selva. De la voraz y abierta miseria, mercanc√≠a para politiqueros venidos de pueblos andinos y misioneros gringos empecinados en salvar las almas de los indios, aunque las de ellos tambi√©n est√©n extraviadas. No sabr√° m√°s de los soldados y polic√≠as como √ļnica presencia del Gobierno.
Paisaje de Mit√ļ en ojos acuosos

Cuando ya Mit√ļ es s√≥lo viento bailando entre las hojas y el barro, Yajaira recuerda a tantas adolescentes adhiri√©ndose como enredaderas a cualquier clase de uniforme verde oliva. Bajando braguetas, abriendo sus vulvas, trep√°ndose ansiosas a esas carnes de guerra en el pujo por quedar pre√Īadas y as√≠ limpiarse esa suerte de sarna que ¬Ėellas creen¬Ė es su condici√≥n de ind√≠genas. Antes de que su hermana tambi√©n pudiera hacer lo mismo, su padre la vendi√≥ a un ganadero gordo, rubicundo y apestoso a ¬ďBuchannan`s¬Ē. Ten√≠a catorce a√Īos, dos m√°s que ella, y estaba desnutrida, amarilla y resignada.

 

Su madre peg√≥ sus ojos de pepas de guama al piso, mientras su hijo de cinco a√Īos restregaba en su vientre su cara sucia de mango deshilachado. Su padre, perpetuo perdedor de las grescas dominicales, recibi√≥ a cambio de su hija un fajo de billetes que no cont√≥, m√°s un sombrero de fieltro y dos ponchos de algod√≥n que rezaban: ¬°Qu√© bonito es mi llano!

El gordo haló del brazo a la joven; le palmeó las nalgas escuálidas y la metió en su camioneta cuatro por cuatro. Sin abrazos, besos o sollozos de despedida, la familia regresó a su casa a pie, y algo comentó el padre acerca de que en poco tiempo a Yajaira también le esperaba el mismo destino de marrana.

Esa misma tarde, su padre se ¬ďjart√≥¬Ē el fajo de billetes, y con lo que sobr√≥ le compr√≥ al negro Tob√≠as algunos ayacos y una libra de ma√Īoco para su mujer y sus hijos. El negro hab√≠a llegado a Mit√ļ un a√Īos atr√°s proveniente de Pavarand√≥ (Choc√≥). Mont√≥ una venta callejera de viandas y desde el primer d√≠a se dio √≠nfulas de realeza. Dec√≠a que su raza era superior a la ind√≠gena, que deb√≠an rendirle pleites√≠a, y por ello prohibi√≥ el paso por el frente de su casa, a menos que pagaran peaje.

Tantos siglos de vejaciones y derrotas hicieron que cuibas, varasanos, curripacos y dem√°s etnias acataran la norma, pero ese lunes en la madrugada el padre de Yajaira segu√≠a lo suficientemente alicorado y envalentonado como para asomarse a la casa de Tob√≠as, dejar su vaho en la ventana y alejarse zigzagueante. Cuando este √ļltimo lo alcanz√≥, lo tir√≥ al suelo y le meti√≥ la escopeta en la boca en un santiam√©n. Como pudo, el ind√≠gena se√Īal√≥ a su hija. Eso bast√≥. Tob√≠as la repar√≥ minuciosamente y con la misma escopeta le se√Īalo el t√≥rax. ¬ĖPero ni teticas tiene¬Ė, coment√≥; a lo que el padre ripost√≥ ¬ĖPero es muy buena para el trabajo. ¬Ė¬ĎTa bien, parientico; le perdono la vida a cambio de ella, pero si no me sale buena, se la entrego y le meto su pepazo¬Ė, concluy√≥ amenazante. En menos de veinticuatro horas, la madre de Yajaira hab√≠a perdido a sus dos hijas. Pero su mirada de guama tampoco se apart√≥ del suelo esta vez.

Tob√≠as la mand√≥ a dormir al chiquero por ser la primera noche. Entre chillidos y lavaza, Yajaira rumiaba su incertidumbre, hasta que la luna furiosa le peg√≥ en la frente como una revelaci√≥n. Entonces, no tuvo miedo y supo que pod√≠a ser algo m√°s que la enredadera de un uniforme militar, la cama de un blanco o la cocina de un negro. Con ma√Īa, agarr√≥ al chancho m√°s peque√Īo, lo sob√≥ para tranquilizarlo y huy√≥ con √©l hacia el puerto. Tob√≠as jam√°s sospechar√≠a de sus intentos de fuga; de ser as√≠, la hubiera amarrado, pero su engreimiento lo cegaba. ¬ĖMenos mal, me cree tan poca cosa¬Ė, se dijo la ni√Īa mientras corr√≠a.

Tumbado en el malec√≥n, el catire Gonz√°lez estaba como siempre con el rostro hundido en la noche, aguardando un posible transporte en su canoa. Al verla, s√≥lo le hizo dos preguntas: ¬Ė¬ŅEl animalito es robado? ¬ŅUsted sabe t¬íua la mierda que le espera? ¬Ė a lo cual Yajaira respondi√≥: ¬ĖEs mi pago a usted. Lo rob√© con ternura¬Ė. Ahora ella est√° en la canoa y el Mit√ļ que est√° en sus ojos gota a gota se vuelve a encontrar consigo mismo, y va dejando un camino sobre la superficie del agua. Cada l√°grima grita: ¬ďNo volver√°s¬Ö No volver√°s¬Ö No volver√°s¬Ē. Pero ella sabe que est√° reg√°ndose sobre el r√≠o; que su alma de ni√Īa ind√≠gena se queda all√≠, para siempre.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad