El prestigio de la transparencia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

Sábado 1 de Noviembre de 2014
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Espiritualidad
2010-03-18 05:00:00

El prestigio de la transparencia

El prestigio de la transparencia
Si algunas personas hablan mal de algo que le haya ocurrido, de su fracaso, de su tristeza, de su debilidad o de su angustia… ¡no se preocupe! usted es un astro, mientras que los demás sólo son nubes que pasan.

¿A qué viene esta reflexión?

A que usted le presta demasiada importancia a toda esa gente que anda por ahí dedicada a vivir la vida ajena, a fustigar con el veneno de su lengua y, sobre todo, a nublar su entorno con comentarios grises.

La persona envidiosa siempre se empeña en manchar su buen nombre con el chisme o con comentarios superficiales.

Sin embargo, usted debe mantenerse diáfano. Lo que más embellece al desierto es que en ninguna parte esconde un pozo de agua. ¡Él es así y por eso brilla!

Es decir, mientras la gente sea transparente y lo que haga no le produzca ni el más mínimo sonrojo, nadie tiene por qué dejarse amargar; ni por su condición, ni por las frases insulsas.

El cuento de los rumores se escucha en todos lados: en los pasillos de las oficinas, en los vecindarios, en los rincones de los salones de las universidades y hasta en algunos hogares en donde no se ha dado el ejemplo del respeto.

Es cierto que cualquier desviación inicial respecto a la verdad de su vida, por ínfima que sea, puede llegar a multiplicarse posteriormente por mil. Pero más allá de ese producto, al final queda su esencia.

La verdad es como la luz del sol: lo hace ver todo y, aunque no lo crea,  no se deja mirar toda entera.

... Muchos viven del qué dirán, pero ese estilo de vida no deja de ser una mentira organizada.

... Otros viven de las relaciones públicas y de los padrinazgos, pero esa forma de actuar jamás pasará de ser un simple pacto de conveniencia.

... Algunos más viven escondidos para que nadie los mire, pero en últimas eso sólo los arroja a la más oscura soledad.

No viva del rumor, ni mucho menos haga parte de ellos. Quienes se dedican a esta fea costumbre, lo único que hacen es reconstruir con calumnias y libretos rebuscados los dibujos tergiversados de la realidad de las personas.

Y lo peor de los chismosos es que toman esta habilidad como un atrevido juego, sin saber que las mordeduras más peligrosas son las de los calumniadores.

¡Cuántas personas inmaduras hay por ahí que se quiebran ante el peso de la información que reciben! Son individuos que no son capaces de ser dueños de sí mismos y no saben callar a tiempo.

Son personas que desconocen el significado de la palabra “respeto” y, en consecuencia, se dejan dominar por sus impulsos o se la pasan juzgando cuanto oyen y ven.

No dar a conocer los secretos que nos han confiado y los defectos que conocemos de los demás, es señal de madurez. Es más, ser honestos siempre nos dará prestigio.

Ser reservado es una prueba fehaciente de que somos  lo suficientemente prudentes como para ser confiables en nuestro medio.

Por fortuna, el ser humano jamás ha tenido que parecerse a los retratos que les hacen los demás. Es más, las fotografías son las únicas que tienen derecho a ser ‘feas’. Tanto que cuando ella nos quedan mal o nos hacen ver poco fotogénicos, sencillamente las rompemos o las borramos de los archivos digitales.

También debemos decir que hay algo que los chismes jamás destruirán. Tiene que ver con el buen nombre de una persona, el mismo que se gana con acciones, no con ‘transacciones’ ni comentarios malintencionados.

Un buen nombre, de esos que dignifican un apellido, un trabajo, una profesión y la vida misma, siempre valdrá más que las habladurías, las riquezas o los ‘negocios’ que deja la fama.

¿Sabe una cosa?

Si hay algo que tiene una habladuría es que más allá de todas las sandeces que se dicen de las personas, con un simple movimiento, se desbaratan. Porque lo único que realmente importa de usted, es su esencia; lo demás es puro chisme.

interesante historia

Cuando alguien empezaba a hablar mal de los otros, el sabio Santo Tomás Moro cambiaba de inmediato el tema.

Y si la persona insistía con su murmuración, le cuestionaba de una manera suave sobre lo siguiente:

- “¿Y usted qué gana con decirme eso?”.

Con semejante inquietud, se acababa la criticadera y venía el diálogo productivo.

¿Llegó a su oído una noticia contra alguien que conoce?

¿Siente ganas de contar un chisme?

¡Pues, aguánteselo y no lo cuente!

El cofre del silencio es el mejor tesoro que podemos poseer; sobre todo, cuando ‘no tenemos velas en ese entierro’.

Un consejo importante: siempre aparte de su presencia al chismoso; no porque sea peligroso, sino porque su juicio erróneo acerca de usted lo hace indigno de su amistad.

LISTA

Los chismosos que más pena dan

1 Los que tienen una personalidad fácilmente influenciable y una baja autoestima.

2 Los que se ‘regodean’ con el morbo que le ponen a una situación de otra persona, sea o no cierta.

3 Los que buscan comprometer a quienes los escuchan, haciéndoles emitir una opinión.

4 Los que hablan como ‘loras borrachas’ y fastidian por el veneno que destilan.

5 Los que con su chisme quieren demostrar que están a favor de la persona involucrada en el chisme; pero que lo único que quieren es multiplicar el rumor.

 

Publicada por
Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com
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