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Volver a la realidad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-20 05:00:00

Volver a la realidad

Lo que pudo haber tenido de expectativa e ilusi√≥n en la campa√Īa electoral para elegir a nuestros ¬ďqueridos¬Ē parlamentarios, despu√©s de las ca√≥ticas elecciones del pasado domingo ya se las llev√≥ el viento. Las informaciones recibidas por todos los medios de comunicaci√≥n casi hasta el cansancio sobre los pormenores del proceso electoral, pasaron a engrosar el archivo curioso de nuestro acontecer pol√≠tico, y las mismas noticias de televisi√≥n y radio volvieron como las oscuras golondrinas a sus nidos, como en las bellas rimas de B√©cquer.
Volver a la realidad

Para tristeza y sorpresa nuestra, no porque hubieran desaparecido de las primeras p√°ginas de los peri√≥dicos, hab√≠an desaparecido los incendios forestales. Como ha venido ocurriendo en lo que va corrido del a√Īo, los incendios¬† contin√ļan azotando de manera inclemente a nuestra madre naturaleza.

Para quienes hemos estado atentos a estos fenómenos no muy naturales, parece que son muy escasas las regiones de Colombia que no han tenido un incendio en sus bosques y laderas.

Los alrededores de Bogotá por ejemplo, supuestamente a salvo por razones de clima, en esta ocasión han sido los más golpeados en detrimento de unas especies de bosque nativo propias de la vegetación de páramo que es precisamente donde nacen los ríos.

El comentario final de los expertos despu√©s de ver las llamas consumiendo vorazmente todo lo que encuentran a su paso, es que la recuperaci√≥n de estas especies tardar√° m√°s de 50 a√Īos. Eso nos deja casi siempre sin respiro.

Como la dinamita, que en cuesti√≥n de segundos derrumba las viejas edificaciones construidas por muchos hombres y por mucho tiempo, as√≠ el fuego acaba lo que la naturaleza ha construido y conservado por muchos a√Īos.

Al contrario de la naturaleza, a las edificaciones que caen como naipes generalmente las sucede una más moderna y ostentosa, y así quisiéramos que ocurriera con nuestros recursos naturales, pero infortunadamente esto no es posible.

Nos toca resignarnos a pensar con el deseo para que las nuevas generaciones contin√ļen valorando y rindi√©ndole culto a la naturaleza, para que la vida no solo vuelva a tener sentido sino que sea posible vivir con m√°s dignidad que los noventa millones de seres que sobreviven en el mundo sin agua potable.

Este que era un propósito del milenio, disminuir siquiera a la mitad esta escandalosa cifra, como suelo ocurrir con otros propósitos similares, también se lo llevó la rueda del tiempo sin dejar huella.

Valdría la pena averiguar qué tanto nos proponemos y qué tanto logramos, no para hacer juicios de responsabilidad, sino más bien para pensar qué tan frágiles somos con nuestros propósitos.

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