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Extranjeros vuelan sobre Bucaramanga | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-21 05:00:00

Extranjeros vuelan sobre Bucaramanga

Alemanes, irlandeses, suizos, ingleses, estadounidenses, australianos y hasta ciudadanos de Somalia, Grecia y Montenegro, han llegado a la ciudad atraídos por un fuerte rumor que afirma que Bucaramanga es uno de los mejores sitios para volar parapente. ¿Por qué?
Extranjeros vuelan sobre Bucaramanga

“El riesgo aquí es que te quieras quedar”, dice Richi Mantilla, un instructor de parapente que desde tierra, parado en un potrero sobre la vía que de la Mesa de Ruitoque lleva a Bucaramanga, va guiando por radio a dos extranjeros que hace pocos minutos se tiraron de un punto, arriba en la montaña, a sólo 10 minutos de Floridablanca.  

Es miércoles y ya casi se esconde el sol. El día ha estado nublado pero el viento es ideal. Richi mira una veleta que está ubicada sobre un poste, que le indica la dirección del viento.

Desde el aire, Hamal, un inglés de descendencia hindú, grita por radio que está gozando el atardecer… “ver Bucaramanga desde el aire”.

En una semana es la décima vez que vuela en parapente. Y solo. Llegó a Colombia directo a Bucaramanga porque lo que le interesaba era aprender a volar en parapente. Dice que buscó en Internet, leyó los testimonios que aparecen en varias páginas de voladeros en el mundo, allí encontró a Richi y no lo pensó más.

Su vuelo dura un poco más que el de Jazmín, una australiana con descendencia vietnamita que se enteró de la existencia de Bucaramanga por boca de un inglés cuando visitaba el lago Titicaca entre Perú y Bolivia.

El inglés había tomado clases con Richi y echó a rodar la pelota. “Dijo que el parapente aquí era muy, muy bueno y que las condiciones también, lo mismo que los profesores”, explica Jazmín en un español enredado. Este era su segundo vuelo y cuando aterriza una sonrisa se le dibuja de oreja a oreja. Mientras recoge el parapente, con uno de sus dedos hace una señal de aprobación. Siguió al pie de la letra las instrucciones de Richi y también las de otro instructor que está justo en el sitio de despegue.

Esta joven mochilera no tenía planeado venir a Colombia, pero el inglés la convenció por cuenta del parapente. Estuvo en Cartagena y voló directo a Bucaramanga para hospedarse en el hostal que Richi montó justo al lado del voladero en la Mesa de Ruitoque. Así, los turistas, si quieren, pueden levantarse con la ciudad al fondo y acostarse también con ella.

Una idea redonda

Hace nueve años que Richi Mantilla montó su empresa de parapente en Estados Unidos. Hacía tours con pilotos experimentados y también daba clases en California, Oregon, Utah y Washington. En verano volaba sobre Alaska haciendo vuelos dobles para turistas. Pero hace cuatro años regresó a Bucaramanga. “Yo quería volver porque sabía cómo era volar en Bucaramanga”.

Con todas las licencias internacionales para ser instructor, antes de venir fue a los voladeros de parapente en Estados Unidos a decirles a los aficionados que viajaran a Bucaramanga. Y la idea cuajó. “Los pilotos empezaron a llegar de todas partes del mundo a volar aquí porque este es de los mejores voladeros. ¿Por qué? Si vienes 10 días puedes volar los 10 días. El viento es constante y eso no sucede en ningún otro lugar”, dice Richi.

Luego montó la escuela. Así que además de pilotos experimentados empezaron a llegar los que como Jazmín y Hamal, quieren aprender el arte de volar. “Empecé a darme cuenta de que en Bucaramanga ya existían los mochileros (personas que viajan solas con poco dinero) y recorrí Colombia promocionando el vuelo en parapente en Bucaramanga”.

Eso también funcionó. Y hasta montó un hostal en Bucaramanga con capacidad para 30 mochileros que duermen en camarotes y hamacas, preparan su comida y tienen una lavadora comunal.

“A esos mochileros les hago el vuelo doble pero llegan muchos a hacer el curso. La mejor publicidad son ellos mismos. La chica de Australia luego viajará por toda Suramérica y dirá que lo mejor que ha hecho está en Bucaramanga”, afirma Richi.

En movimiento

El boom del parapente en la ciudad comenzó hace casi dos años. Incluso, Richi tuvo que contratar instructores extranjeros y conseguirles el permiso de trabajo porque aquí muy pocos hablan inglés. “En Colombia hay muy buenos instructores, pero no hablan inglés”, dice.

Era necesario. Y resulta paradójico, pero en su propia tierra, Richi habla en inglés, trabaja en inglés.

El movimiento es permanente cualquier día de la semana. Richi sube al voladero y baja al lugar donde aterrizan los extranjeros en la Mesa de Ruitoque, pegado siempre a su radio, varias veces en el día. Esta semana, por ejemplo, en el hostal había seis extranjeros hospedados, más otros dos que se quedaban en hoteles de la ciudad. Y en el hostal en Bucaramanga permanecen entre 10 y 15 mochileros más.

“Tengo suizos, americanos, hay dos que han venido en cuatro ocasiones, van y vuelven. Uno de ellos se casó con una colombiana que le presenté y ya tiene hijos. Hay otro que compró apartamento aquí en Bucaramanga, y varios que han comprado lotes”, cuenta el instructor. Por eso repite que “el riesgo aquí es que te quieras quedar”.

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