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HAGASE OIR | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-22 05:00:00

HAGASE OIR

HAGASE OIR

Evidentemente, el libro es el más portentoso invento del hombre, el que mejor denuncia su condición espiritual y su inteligencia. Merced al libro el hombre vino a conocer multitud de hechos y multitud de conocimientos que ignoraba. La aparición del libro fue entonces, por este motivo, un avance extraordinario en el proceso evolutivo del hombre. Para decirlo con mayor precisión el libro puede considerarse como el punto de arranque de la civilización del género humano.

Por muy poco que se recapacite, es indudable que fue el libro, así hubiera sido escrito en los ladrillos cocidos de los asirios, en signos grabado en piedra como el código de Hamurabi o en grandes murales policromos como las inscripciones egipcias, en las tablillas enceradas de los romanos, en pergaminos o en papel, prodigiosamente miniado por los frailes medioevales o toscamente impreso por la máquina primitiva de Gutemberg, la base fundamental, el cimiento sobre el cual se construyó la civilización.

El libro puso al hombre en la pista de la ciencia, de la tecnología, de las artes, de todas las manifestaciones de la cultura. Le abrió los ojos y le enseñó que el hombre es un ser con dignidad, con libertad, con inalienables derechos. Merced al libro el hombre vino a saber que el estado tenía que respetarlo, tenía que garantizarle su derecho a la vida, al trabajo, a la búsqueda de credos religiosos y credos políticos; que tenía que rodearlo de garantías en todo el discurrir de su existencia. El libro, en suma, ha servido para enriquecer el intelecto humano. En sus maravillosas paginas beben los ricos y los pobre, los potentados y los humildes, los blancos y los negros, todo el género humano.

A comprar y leer libros, señores bumangueses, señores santandereanos, señores colombianos. No malgasten el tiempo. Cojan oficio

Guillermo Reyes Jurado

Una demostración al mundo

En la Concentración Comuneros del Barrio Modelo los votantes no hicieron cola iban llegando, 3-4 personas y granadamente iban ingresando a sus respectivas mesas. Ya siendo las 10 a.m. en la misma cantidad sin colas iban ingresando en silencio y en cada mesa no se veía congestiones. A eso de la 1 pm. la situación fue igual me favoreció identificarme con el Capitán Rivera para que ordenara que me dejaran entrar para yo poder captar el movimiento de gentes votantes en este Centro Docente Comuneros donde los jurados de 35 mesas atendían a los votantes.

Estas ocho horas de sufragio fueron graneadas, los sufragantes iban sin afán y se veían algunas mesas vacías de votantes, lo único que sobresalió fue al final, que los pisos alrededor estaban baldosinados de propaganda ya despreciada y rota.

Al indagar a algunos jurados y yo con mi experiencia de años en mi barrio en mi Centro Comuneros podemos expresar que la ausencia de votantes fue en un 45% a un  50%. Ausencia de colas, ausencia de entusiasmo, pero ante esta anomalía, triunfó el respeto y el orden y pensamos que Colombia demostró ante el mundo que sí es un país civilizado y prospero (Que viva la democracia).

Carlos A. Muñoz V.

Muere un gran líder

El 15 de marzo a las ocho de la mañana, dejó de existir en Piedecuesta, a consecuencia de un síncope cardíaco, el distinguido líder cívico, cultural, político y social, Don Gonzalo Prada Mantilla.

Este dinámico dirigente conservador nació en Piedecuesta el 10 de julio de 1942, era hijo de Laureano Prada Rey y Edelmira Mantilla Domínguez. Desde muy joven se distinguió por sus dotes de orador, conferencista y organizador de eventos religiosos y patrióticos que se solían hacer en el parque de la Libertad y en los diferentes colegios de la población. Gonzalo Prada Mantilla, egresado de la antigua Normal Nacional de Piedecuesta, compuso el himno de la Institución, fue fundador y miembro del Club de Leones Monarca de su ciudad natal, desempeñó cargos como: Supervisor Escolar de Santander, Inspector Nacional de Educación en Bogotá, director de la Casa de Menores de Piedecuesta, personero municipal de la misma localidad, Gerente de las empresas Inversiones el Molino Ltda., Coodepetrol Ltda. y de Servicar, asistente del despacho de la Secretaría de Hacienda Departamental, Asistente del despacho de la Secretaría General de la Gobernación. Asesor Comunitario en la Administración del abogado Raúl Alfonso Cardozo Ordóñez. En sus ratos libres escribía notas esporádicas para Vanguardia Liberal, El Frente y El Picapica. Actualmente dirigía La Casa Cívica Zoilo Santamaría Otero, centro de tertuliadero para poetas y amantes de la cultura, eventos sociales, cursos de manualidades, prestando de esa forma, sin ánimo de lucro, grandes servicios a la comunidad piedecuestana,... y fue allí que lo sorprendió la parca, aquella que llega cuando el Todopoderoso lo dispone. Paz a su tumba.

Germán Valenzuela Sánchez.

Ayuno y abstinencia

Desde tiempos muy antiguos esta tradición eclesial del ayuno y la abstinencia, van unidos a la oración y el compartir solidario con nuestros hermanos pobres. Por eso considero necesario volver a estas fuentes para valorar esta práctica ascética que guarda una tradición milenaria para el hombre católico especialmente en este tiempo de cuaresma.

El ayuno y la abstinencia se conciben como un medio por el cual se logra dominar el cuerpo y los sentidos en pro del crecimiento espiritual y comunitario; predispone al hombre a abrirse a la acción liberadora de Dios, lo une al sufrimiento de otras personas que pasan necesidades y es un arma de combate contra el demonio.

Hoy nos da pena decir que ayunamos. Sin embargo, el ayuno y la abstinencia nos fortalecen la voluntad y nos preservan del sexo desordenado, la avaricia incontrolable, la pereza miserable, la gula hedonista, la ira que genera muerte, el orgullo que infla el corazón y el consumo sin límites del placer.

Ayunar es por lo tanto, hacer morir el cuerpo a un placer en favor de un bien mayor, es discreción, dominio de los sentidos y acercamiento a Dios, a nuestro prójimo, ayudándole en sus necesidades más urgentes. Ayunar es evitar el pecado y ojalá abstenerse de toda falta.

Aristóbulo Hernández B.

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