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Oasis | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-24 05:00:00

Oasis

Padre de amor, Padre de la luz, padre de bondad, quiero confiar en ti y entregarte mis afanes.
Oasis

¿En quién sino en ti puedo confiar y creer que, pase lo que pase, seré capaz de salir airoso?

En los tiempos angustiosos mi fe decae, pero tú nunca me dejas y algún día la tempestad se calma.

Dame, Padre una fe indeclinable, un amor generoso, y una esperanza activa y recia.

Ayúdame a perdonar y perdonarme de modo que mis energías no se pierdan en el odio o la culpa.

Dame, Padre bendito, la absoluta certeza de que siempre puedo ir más allá de las dudas.

Miro el río que corre hacia la mar y siento que a tu lado puedo fluir con su misma libertad.

Miro el cielo en la noche oscura y cada estrella me dice que tu luz domina las tinieblas y me guía a un luminoso amanecer.

Mi hija Sofía, de 10 años, nació sin un músculo en un pie y usaba un aparato para caminar.

Un hermoso día de primavera llegó de la escuela y me dijo que había competido en varios eventos deportivos.

Al ver su pierna empecé rápidamente a pensar en algo motivante que le diera ímpetus y valor.

No quería verla mal, pero antes de que pudiera decir algo ella exclamó: “Papi, gané una carrera”. Yo no podía creerlo.

Después agregó: “Tuve ventaja”. Ah, ya, te dejaron correr antes que a los demás.

Pero ella me aseguró: “No, papá, no salí antes que los demás. Mi ventaja fue que me esforcé mucho más que los otros”.  

El anterior testimonio nos pone frente a frente con la sabiduría que suelen compartir lo pequeños.

Con razón decía Jesús de Nazareth: “Sean como los niños porque de ellos y de los que son como ellos es el Reino de los cielos”.

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