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Vallejo entre la pederastia y la muerte | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-27 05:00:00

Vallejo entre la pederastia y la muerte

La √ļltima novela de Fernando Vallejo ¬ďEl don de la vida¬Ē, se desarrolla en torno a dos ejes principales: la apolog√≠a de la pederastia y la muerte.¬† Desde la primera hasta la ultima p√°gina la novela est√° llena de un culto a la ni√Īez, bajo el punto de vista sexual, acompa√Īado de una compasi√≥n y un cari√Īo por los animales, mientras denigra de la especie humana, empezando por los Papas, y siguiendo por toda clase de personajes, incluida la pobrer√≠a, a la cual se debe barrer del mundo. La mujer est√° ausente de esas querencias, empezando por su mam√°, la loca, que Dios guarde en su seno, all√° bien lejos, como dir√≠a √©l.
Vallejo entre la pederastia y la muerte

En principio uno mira este paisaje vallejiano como  un exhibicionismo, más con ánimo de escándalo que de cualquiera otra cosa. Pero luego encuentra la brillantez  con que mueve las palabras, el enfoque crítico que se desgrana en torno a un  país como Colombia, lleno de taras por todos los costados, en donde la muerte del prójimo vale medio y en donde se maltrata a los animales, como si fueran hombres.

Por las p√°ginas de la novela no pasa la¬† historia de los enamorados, sino todo lo contrario, es la historia del desamor. Porque para todos hay. Vallejo las emprende contra la iglesia, a la cual llama la *** de Babilonia, contra sus padres, contra C√©sar Gaviria, a quien no le perdona ser de su misma condici√≥n, contra √Ālvaro Uribe y cuanto pol√≠tico exista, contra Alejandro Ord√≥√Īez, su nuevo desamor, quien representa la l√≠nea opuesta de la anarqu√≠a que maneja Vallejo. Para todos hay. Y lo hace en un lenguaje procaz, tratando eso si de preservar la est√©tica de la palabra, que se escucha muy bien en el *** criollo y en el hideputa espa√Īol. Pero adem√°s se vale del discurso tradicional de los culebreros antioque√Īos, de los vendedores de espec√≠ficos que en las calles hacen las delicias de los transe√ļntes, vendiendo sus cacharrer√≠as y sus emplastos.

A esa carreta le pone m√ļsica y encuentra delicioso el lector ver como teje historias y ensarta¬† agravios en una forma tan deslumbrante, que puede darse el lujo de suplir la acci√≥n en la novela, las escenas que caracterizan la novela del siglo XX y hasta de eludir los di√°logos, porque solamente aparece su verbo demoledor, que est√° en todas partes castigando por aqu√≠ y all√°, veng√°ndose de la desgracia de haber nacido.

Es cuando empieza a meterse con la muerte, como la gran panacea para la tragedia del hombre, que no tiene m√°s salvaci√≥n que morir para liberarse de su propia carro√Īa y de la carro√Īa de los dem√°s. Si para Camus la¬† muerte es¬† un acicate para desarrollar toda una tarea vital y para Hidegger es un ser-para-la muerte, para Vallejo es una salvaci√≥n. Es la liberaci√≥n. Por eso es muy l√ļcido cuando dice: ¬ďla muerte es un sue√Īo sin sue√Īos¬Ē.

 

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