Hernando Puyana Ferreira | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-30 05:00:00

Hernando Puyana Ferreira

Lo conoc√≠ a mediados de los a√Īos 50 de la pasada centuria, cuando los que formamos parte de la generaci√≥n que naci√≥ poco despu√©s de terminada la Segunda Guerra Mundial √©ramos ni√Īos en ciernes de entrar en fila a una capilla, luciendo un gran lazo blanco en el brazo y un cirio en la mano, cantando ¬ď¬Öya lleg√≥ la fecha dulce y bendecida¬Ö¬Ē, camino de hacer la primera comuni√≥n, poco despu√©s de haber sido capaces de confesar ante un cura de negra sotana y tonsura nuestra ¬ďterrible¬Ē lista de pecados.
Hernando Puyana Ferreira

Hernando en la pubertad se convirtió en un muchacho largo, flaco y algo encorvado, tímido, de hablar nervioso y temperamento suave, ajeno a todo alarde de prepotencia y petulancia. Nunca pertenecí a su grupo de más allegados, pero siempre a lo largo de nuestras vidas tuvimos una cálida amistad a la que el paso del tiempo atornilló a nuestras almas por su temperamento, por ser contemporáneos y el saber que esta ladera de los Andes era nuestro lugar de origen.

Fue un hombre bueno como el pan. Reposado, ajeno a las dobleces, abierto a sus amigos, alguien que a lo largo de su existencia no puso una zancadilla a nadie para lograr nada.

Era el segundo de los hijos de Jos√© Puyana y su hermano mayor, Jaime -desafortunadamente muerto hace algunos a√Īos-, fue una inteligencia superior, alguien que dej√≥ huella imperecedera en la Facultad de Econom√≠a de la Universidad de los Andes ya que su promedio de notas durante la carrera fue de 5,0. Ya graduado, fue profesor de su universidad, de la Universidad Nacional y luego fue nombrado profesor e investigador de la Universidad Nacional Aut√≥noma de M√©xico, donde se radic√≥ y vivi√≥ hasta su muerte.

El pasado 11 de marzo, al leer la primera página de la edición de ese día de Vanguardia Liberal, de sus letras de molde salió una cachetada que me golpeó en pleno rostro cuando me enteré que había fallecido Hernando.

Con tristeza lo acompa√Ī√© a su √ļltima morada; es otro de los amigos que hice siendo ni√Īo, aquellos que con su bonhom√≠a y fraternidad han logrado que yo sepa lo que es tener camaradas de vida pues con afecto y desprendimiento me han acompa√Īado en los altibajos que toda existencia tiene. Hernando se fue sin ruido, como vivi√≥, pero en quienes lo apreciamos nos dej√≥ clavada su ausencia en el fondo del esp√≠ritu.

Es otro de los claverianos de mi √©poca que subi√≥ a la barca de Caronte para viajar a la regi√≥n del silencio, aquella de la que no se regresa. Eso arruga mis afectos pues con ellos he hecho el camino de la vida. ¬°Hasta luego, ¬ďmano¬Ē!

 

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