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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-30 05:00:00

Palabras Inútiles

Desde su invención, la Iglesia Católica ha hecho de la sexualidad humana un embrollo, que 18 siglos después sigue sin resolver. Los Padres de la Iglesia, de Pablo a Agustín,  plantearon el problema de la renuncia sexual permanente, recurriendo a brutales procedimientos e  intrincadas argumentaciones teológicas. La mujer llevó –y lleva- la peor parte. Los niños –y niñas, como dicen ciertos oportunistas- no se mencionan, fuera de la famosa frase atribuida a Jesús por algún evangelista de “Dejad que los niños vengan a mí”, que no puede entenderse  como la admisión de la pederastia y la pedofilia en la Iglesia.
Palabras Inútiles

En últimas, como bien muestra Fernando Vallejo en su devastadora y desmitificadora diatriba histórica La *** de Babilonia,  los evangelios canónicos, los apócrifos, los comentaristas e interpoladores de textos sagrados, los han acomodado y traducido, según las necesidades de la institución y sus inconmensurables poderes terrenales. No soy especialista en el tema, pero el ensayo contemporáneo más documentado  que conozco sobre el problema de la renuncia sexual permanente en la Iglesia Católica es la monumental investigación histórica de Peter Brown (nada que ver con Dan Brown y su truculento Código Da Vinci), de 1988 y publicado en castellano en 1993, por Muchnik Editores bajo el título  El cuerpo y la sociedad (672 páginas), con el sugestivo subtítulo de “Los hombres, las mujeres y la renuncia sexual en el cristianismo primitivo”.

Así que el origen de los escándalos actuales está en las propias raíces del cristianismo. Dice Peter Brown en el Prefacio: “Mi principal preocupación ha sido poner en claro las nociones de persona humana y de sociedad que están implícitas en estas renuncias, y la de seguir detalladamente la reflexión y la controversia que generaron esas nociones, entre los autores cristianos, sobre temas tales como la naturaleza de la sexualidad, las relaciones entre hombres y mujeres, y la estructura y el significado de la sociedad”. El problema no es que haya pederastia y pedofilia también en el seno de la Santa Iglesia Católica, sino que se tenga que llegar al escándalo, el delito y el crimen, arropados por el ocultamiento, la impunidad,  los privilegios canónicos y la hipocresía de siglos ¿Querrá el papa Ratzinger mantenerse en el siglo III?

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